24 de mayo de 2019
Agua de Manizales - Mayo 2019 - Mode Selection

De imbecilidades y de la mala memoria

25 de enero de 2019
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
25 de enero de 2019
A las cuatro de la mañana de este 25 de enero hora colombiana, Don Juan Alejandro Jiménez Londoño, como reza el cartón, una persona muy cercana a mis afectos, recibió el título universitario de Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, dentro del programa de Doctorado en Comunicación Audiovisual y materias afines, «Doctorado Internacional «cum laude». En el grupo familiar de Juan Alejandro, dentro de sus amigos, discípulos de la U. de Caldas, alumnos  y docentes de la Universidad Javeriana de Cali, de la que es profesor, hay regocijo por el éxito académico de Juan Alejandro, obtenido después de una entrega titánica para cumplir con los requisitos exigentes de la preclara universidad española.  Con mi esposa y nuestros hijos participamos orgullosos tal logro, que hemos festejado y festejaremos con vinos espirituosos, complacencia y alegría ilímites. Su tesis de Doctorado es un análisis de la producción del cine colombiano de los últimos años, que constituye un hito en esta categoría de investigaciones. Juan Alejandro es autor del libro «El cine digital como caballo de troya: conceptos fundamentales sobre cine digital y su aplicación a la producción cinematográfica colombiana».
Juan Alejandro Jiménez Londoño
En el mismo acto académico, fue investida la Excelentísima Sra D. Doris Salcedo como doctora honoris causa. La artista colombiana obtiene este nuevo reconocimiento, pocos días después de que se ha abierto en Bogotá su conmovedora obra Fragmentos, realizada con la fundición de las armas que depositaron los guerrilleros de las Farc,  a raíz de la firma de la terminación del conflicto armado con este grupo subversivo. Este monumento anti monumento, está ubicado en la Carrera 7 nro 6b 30, que deber ser visitado en peregrinaje por todos los colombianos, máxime en los días de ahora en que se exige una profunda reflexión sobre lo que es la guerra y sobre lo que es la paz.
Doris Salcedo. Captura de Pantalla Noticias Caracol TV

Actos de paz, enaltecedores,  cotidianos, anónimos, son los de los centenares de colombianos que en las artes, en la academia, en la ciencia, en el deporte, obtienen reconocimientos o simples satisfacciones personales  con la concreción de sus sueños y de sus ambiciones. Bálsamos efectivos para las almas adoloridas, que lloran golpeadas por la realidad infame que nos golpea inmisericorde con actos alienantes como el de la muerte de 21 jóvenes cadetes de la Policía Nacional, que nos impele al angustiado interrogante: ¿hasta cuando?… ¿hasta cuando?.

No queremos pensar que el terrorismo vaya a ser la constante en el futuro del país. Hay unanimidad en su rechazo. Pero del dicho al hecho hay una distancia abismal. No es sino ver las expresiones de odio, físicas y verbales, que quedaron filmadas en la manifestación antiterrorista del domingo. Que aversiones tan profundas, que veneno en los sentimientos, que falsas y fariseas las motivaciones de miles de marchantes que en vez de ennoblecer la protesta la contaminaron  y la volvieron tóxica.

Contraste entre el estudio, la cultura, y las masas enfermas infestas por las redes sociales.

Se oyen tropeles de guerra. La relativa paz que se logró con la entrega de mas de nueve mil armas letales por parte de las Farc y su conversión en una obra de arte desgarradora pero memoriosa y vibrante por parte de Doris Salcedo, sufre ataques virulentos y cerriles. Por parte del ELN, en primer lugar. La ceguera política de sus dirigentes como que es  su distintivo mas de bulto. Y su inhumanidad. Mas víctimas inocentes, que claman al cielo, por su malnacido y estúpido terrorismo. ¿De inspiración religiosa, social, revolucionaria, dentro del derecho de la guerra, la dinamita contra el alma mater de la Policía Nacional?. ¡Imbecilidades dinosáuricas!.

Pero del lado de la institucionalidad, palos de ciego. Enterrar la llave del diálogo con los terroristas, encender las fogatas de los campamentos de la soldadesca, por negarse a cumplir unas condiciones escritas, obvias en las conversaciones entre enemigos declarados, que en cualquier momento pueden levantarse, como tantas veces ha sucedido en nuestra atravesada y bélica historia, es un error simplista, torpe y  cegatón. Tarde que temprano, aquí y en Cafarnaúm, en la modernidad, las guerras terminan en las mesas de negociación. Terroristas lo han sido los del M 19 y los de las Farc. Y sus armas silenciadas, hoy mohosas y en museos, gracias a los diálogos. A lo que todos los gobiernos, en representación del Estado, han contribuido. Porque es que La Paz y la Vida, son derechos de primer grado. Desde el Decálogo.

La mala o perversa memoria, es tan peligrosa como las bombas asesinas.