12 de diciembre de 2018

El año que viene se acaban los pesares

6 de diciembre de 2018
6 de diciembre de 2018
Noche de las velitas en Suesca, Cundinamarca. Foto Soacha Ilustrada.

Por Guillermo Romero Salamanca

Desde 1854 los colombianos celebramos el 7 de diciembre la Noche de las velitas con especial esmero. En Barranquilla son famosas las calles alumbradas con millones de lamparillas, en el Eje Cafetero son majestuosos los arcos con iluminaciones que ocasionan que visitantes y propios capten con sus celulares miles de fotos, en Medellín su río es engalanado con una luminaria espectacular, lo mismo sucede en Santiago de Cali, Bogotá, Cúcuta, Bucaramanga, Tunja y en cada rincón de la geografía nacional.

Decenas de multicolores faroles se alumbran y hacia las siete de la noche, todo el país está prendido con una inusual alegría. No importan los trancones bogotanos, los videos subrepticios, las escasas alzas salariales, la desigualdad económica, las peleas políticas. Es una fiesta de los adultos para los pequeños. Les encanta verlos gozar. Esos serán sus recuerdos cuando sean mayores.

Mientras los niños corretean de un lado a otro observando cada movimiento de los mayores por llevarlos al máximo de una entretención de luces –adquiridas desde días anteriores para prenderlas con ellos y contarles historias de abuelos—en otros lugares los hermanos, tíos, primos se ha reunido para degustar un ajiaco, un sancocho, un tamal o unas cuantas empanadas. No faltan los buñuelos y las natillas, un buen aguardiente o un ron añejo.

 

Antes se prendían los equipos de sonido y se ponían los elepés con canciones de antaño, ahora simplemente se conectan a YouTube y comienza a sonar la primera canción. La de la venezolana Tania, que con su caliente voz entona: “Con mi botellita de ron salgo a parrandear/Con mi botellita de ron salgo a parrandear/ Agarro mi cuatrico compay y me voy a gozar nada más/ Agarro mi cuatrico compay y me voy a gozar nada más/ Son para gozarlas, estas navidades/ Son para gozarlas, estas navidades porque el año que viene se acaban los pesares/ porque el año que viene se acaban los pesares”.

Otros más recordarán a sus progenitores y a parientes que alegraban esa inolvidable noche con pólvora, cuentos, cantos o miles de historias, leyendas o simplemente los consabidos chistes. Es el comienzo de la nostalgia navideña, la que hace reír y llorar al mismo tiempo.

Desde 1995 se escucha también el tema de Kike Santander, interpretado por la magistral Gloria Estefan: Farolitos en el cielo poco a poco van naciendo/ Farolitos en el cielo poco a poco van naciendoComo nace el sentimiento por las calles de mi pueblo/ Como nace el sentimiento por las calles de mi pueblo”.

Es la fiesta de los colombianos, inspirada en un festejo en honor a la Inmaculada Concepción.

Todo comenzó con la promulgación de la bula Ineffabilis Deus, emitida en 1854 por el Papa Pío IX y donde afirma que la Virgen María fue concebida sin pecado original. Ese día los católicos de todo el mundo encendieron velas y antorchas para celebrar este acontecimiento y la tradición quedó arraigada.

Hubo una época en la cual se hacían luminarias con madera que alcanzaban varios metros de altura, pero las recomendaciones ecológicas fueron acabando con esta tradición. También fueron famosas las encendidas de globos, pero los incendios no se dejaban esperar y en algunas ciudades alcanzaron a quemar miles de neumáticos, pero los daños pulmonares dieron al piso con esta trágica manera de celebrar.

De todas maneras, la forma de festejar con un buen lechón, unos tamales tolimenses, unas arepas santandereanas, unos pasteles cartageneros, unos chorizos de Santa Rosa, unos indios de Sotaquirá, unas empanadas de pipián o una frijolada paisa nunca se acabará.

Mientras se prenden las velas, se refresca la garganta y se canta a todo pulmón: Navidad que vuelve/ tradición del año/ unos van alegres/ y otros van llorando/ Hay quien tiene todo/ todo lo que quiere/ y sus navidades/ siempre son alegres/ hay otros muy pobres/ que no tienen nada/ son los que prefieren/ que nunca llegara…”

No llore compañero, simplemente festeje y dele un abrazo a la cucha y si no está, haga una oración y acuérdese cuando le halaba las orejas.