12 de diciembre de 2018

Octavio Cardona León De La Cabaña a la Alcaldía de Manizales

6 de diciembre de 2018
6 de diciembre de 2018
En la foto, sentados, don Octavio Cardona (padre), el alcalde José Octavio y doña Teresa (madre). De pie: Carmen Eugenia (hermana), Juan Alberto y Alejandra (hijos del Alcalde) y Ligia (hermana). Foto cortesía La Patria.

Por JOSE MIGUEL ALZATE

Tiene muchos recuerdos de su infancia en la vereda La Cabaña. Sobre todo porque de niño le tocó encerrar terneros, coger café, desyerbar potreros, ayudar los domingos en la tienda familiar, jugar fútbol en una manga cercana a su casa,  asistir a la escuela José María Córdoba y hacer comitivas con sus amigos para poder bañarse en charco frío, una quebrada que corre alegre por la vereda. Pero el recuerdo más constante es el de las pelas que doña María Teresa, su mamá, le daba cuando al requerirle por los cuadernos los encontraba en desorden. Sin embargo, a las pelas que más le temía era a las de su papá, don Octavio, cuando una vez al año le pedía los cuadernos para revisarlos.  “Era más dura que todas las de mi mamá juntas”, dice mientras contesta una llamada.

Nunca en esos años juveniles se le pasó por la cabeza la idea de convertirse en alcalde de Manizales. Veía lejana esa posibilidad, reservada para los hijos de familia con apellido, no para alguien de origen campesino, sin acceso al Club Manizales. Ni siquiera cuando a la edad de diecisiete años se subió a una tarima, allá en la vereda, para echarse un discurso, pensó en que podría ser alcalde. Lo hizo, invitado por Adriana Franco, con el convencimiento de que podría hacer algo por su gente. Veía en las ideas liberales su futuro como líder político. Aunque su mamá era incondicional de Omar Yepes Alzate, no se veía haciendo fila en ese movimiento para llegar a ser alguien dentro del Partido Conservador. Por esta razón se vinculó al liberalismo, siguiendo con convicción a Víctor Renán Barco.

Octavio Cardona León siempre tuvo en mente el sueño de ser alguien en la vida. Pero sabía que para poder sobresalir necesitaba estudiar. Aunque su papá era partidario de que los hijos se quedaran en el campo, trabajando la tierra, cultivando café u ordeñando una vaca, él tenía claro su proyecto de vida. Necesitó la insistencia de la mamá para que convenciera a don Octavio de las oportunidades que la vida abría si se hacía una carrera. Tenía a su favor que ya ella lo había convencido de que era mejor terminar el bachillerato en la ciudad, en el Instituto Universitario. Fue así como ingresó, una vez terminados los estudios secundarios, a la Universidad de Manizales para, estudiando de noche, hacerse abogado.

Su primer empleo fue en la Oficina de Transito del departamento.  Alternaba el trabajo con el estudio en la universidad. Entonces recuerda que, estando en sexto de bachillerato, le tocó trabajar como portero en Residencias Bonaire, que quedaba encima del Almacén Ley. Doña Libia Medina, que era la dueña, le dio trabajo a cambio de almuerzos, porque él dormía allí.  Cuarenta años después, desde su oficina en el piso 16 mira la puerta en donde se paraba para recibirles la maleta a los huéspedes. Entonces siente nostalgia por esa época en que, en la noche, no podía irse a dormir a su casa en La Cabaña, ni encontrarse con un amigo para tomarse una cerveza en cualquier café de la ciudad. Primero estaba el trabajo. Los amigos no le creen cuando les cuenta esto.

Puede decirse que Octavio Cardona León se hizo a pulso. Sobre todo porque no le fue fácil llegar a dónde ha llegado. Necesitó de mucha constancia en el trabajo político para ganarse la oportunidad de ser candidato. Empezó por ser concejal de Manizales por casi siete años. Sentado en su curul, muchas veces recordó esos años en que como estudiante del Instituto Universitario le tocaba irse a pie hasta La Cabaña porque se había gastado la plata del pasaje en un recreo y, otras veces, porque había algún derrumbe en la vía y, en consecuencia, no había transporte público. De esas largas caminadas le queda el haber conocido todos los atajos para llegar más rápido. Varias veces le pidió a sus compañeros que le dieran dormida en su casa porque le había cogido la tarde para irse hasta La Cabaña.

Sus ideas son las de un liberal convencido de que ese partido le ha aportado a la construcción de una Colombia con equidad social. Cuando se decidió a hacer reuniones políticas en la vereda este partido tenía pocos seguidores en ese sector rural. Doña María Teresa fue la primera sorprendida con su decisión de matricularse en el barquismo. “Soy el único en la familia que no fue yepista”, contesta cuando el cronista le pregunta por qué rompió esa tradición familiar. Se unió al movimiento que orientaba Víctor Renán Barco porque además pensó que allí tendría oportunidades toda vez que no había tanta fila. Con Barco pudo hablar sólo doce años después de estar militando en su grupo. Fue en el año 1999, cuando se desempeñaba como Personero de Manizales.

Se siente orgulloso de una obra que ejecuta su administración: el intercambiador vial de La Carola. También del puente que se construye en el sector de la Universidad Autónoma. Dice, sin embargo, que su mayor satisfacción como alcalde está en poder atender el tejido social de la ciudad, mejorando con obras menores la calidad de vida de los habitantes. Su preocupación por los problemas de estabilidad de laderas, que ha afectado sectores populares, se manifestó en la atención que ofreció a las víctimas de la tragedia del 19 de abril de 2017.  Ese día hizo presencia desde la dos de la mañana en la zona afectada, supervisando la atención a los damnificados, buscando que todo marchara bien.  Le preocupa que en Manizales cerca de cuatro mil viviendas se encuentren en zona de riesgo.

De sus tiempos de estudiante universitario a Octavio Cardona León le queda el sabor de esa ciudad que se le adhirió al alma por la música que escuchaba en los sitios que entonces frecuentaba. Como los fines de semana la tienda de su papá se convertía en cantina, ayudaba a lavar vasos. Pero sacaba tiempo para ir a Sayonara y a El Rosal, dos sitios en La Cabaña donde se escuchaba música popular. Allí escuchaba a sus cantantes preferidos: Julio Jaramillo, Oscar Agudelo, Olimpo Cárdenas, Alci Acosta. El Caballero Gaucho, Pepe Aguirre. Sin dejar de escucharlos, ahora le gusta Darío Gómez, Jhony Rivera, Jhon Alex Castaño. En sus momentos de descanso escucha sus canciones. No pueden faltar todos los domingos, después del sagrado almuerzo familiar en la vereda.

No fue en su juventud un muchacho enamorado. Como entonces era un poco tímido, no son muchas las historias de amor que tenga para contar. Ni siquiera cuando entró a la universidad se las dio de conquistador. Las relaciones con el género opuesto fueron pocas. Pero en el primer enamoramiento se entregó con todo. Con Alba Lucía, su primera esposa, fue amor a primera vista. Con ella formó un hogar del cual quedaron dos hijos, Alejandra (26), y Juan(21), con quienes tiene una excelente relación. Ahora comparte su vida con Andrea Osorio Cataño, una mujer que es su polo a tierra, el equilibrio emocional, su confidente en momentos difíciles. De esta unión hay una niña, María José, que con un añito de edad es la personita que con un abrazo al llegar cansado a la casa lo llena de alegría.

Un cliente que frecuentaba la tienda de su papá en La Cabaña dejó grabada en la mente de Octavio Cardona León una historia de tragos. Se llamaba Antonio José Patiño. Tenía la costumbre de ir, todos los domingos, a tomar aguardiente. Siempre pedía un disco de José Alfredo Jiménez que llevaba por título “Ella”.  Cuando la canción llegaba a una parte que decía “quiebro la copa por culpa de ella”, el hombre llevaba la copa a la boca y, luego, la quebraba contra el piso. En una tarde podía quebrar cincuenta. Al final las pagaba todas. Los cinco hermanos (tres hombres, dos mujeres), se preocupaban por esta actitud. Don Octavio los tranquilizaba diciéndoles que era una persona pacífica. Por los tiempos en que llegó de pagar servicio militar en Cali todavía Patiño frecuentaba la tienda.

Cualquiera quiere saber quién es la persona que más influye en la vida de un alcalde. Muchos pueden pensar que sea su jefe político, el que lo ayudó a llegar a la alcaldía. En el caso de Octavio Cardona León la persona que le habla al oído, a quien escucha, de quien recibe consejos y a quien le cuenta sus proyectos es doña María Teresa, su mamá. Como ella era la de las pelas en la niñez, la que lo reprendía, la que le exigía rendimiento en la escuela, la que le decía cómo debía comportarse, aprendió a respetarla y, más que eso, a acatarla. A ella recurre cuando tiene una duda, cuando un dolor lo oprime, cuando necesita consejo. Con Andrea, su esposa, es la que mayor cercanía tiene a su vida y a su trabajo. Ni siquiera con su papá tiene tanta comunicación.

Es consciente de que la promesa que hizo en campaña de instalar en Manizales dos líneas nuevas para el cable aéreo no la va a poder cumplir. Sabe que, contando con suerte, puede poner en funcionamiento una, la que iría de Los Cámbulos al estadio. En este momento su administración busca el apalancamiento financiero para esta obra. Pero le queda la satisfacción de que en enero se iniciará la construcción de la clínica para animales, ofrecida también en su campaña. Sin embargo, reconoce que le quedarán cosas por hacer. Por ejemplo, le preocupa que el espacio público sea explotado por quienes no lo necesitan.  Y más todavía, la situación de desamparo en que viven los habitantes de la calle. Le duele ver tanto mendigo recorriendo las calles de Manizales.