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Belisario Betancur y su defensa de los excluidos

Por Jorge Emilio Sierra Montoya
9 de diciembre de 2018
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
9 de diciembre de 2018
Flickr ALTAIR Crea & Comparte | CC BY-SA 2.0 | Wikipedia Commons |

En homenaje al ex presidente Belisario Betancur, fallecido el pasado viernes en Bogotá, breve recordatorio de su política social en el marco de la entrevista para mi libro ¿Qué hacemos por Colombia?, publicado por Editorial Planeta. 

En una amplia entrevista, incluida en mi libro ¿Qué hacemos por Colombia? (publicado por Editorial Planeta en 2006), el ex presidente Belisario Betancur no habló de política o, por lo menos, de política electoral, e incluso eludió los temas económicos de coyuntura. Prefirió hablar, en cambio, de los temas sociales y, en particular, de la Responsabilidad Social Empresarial.

¿Por qué?, le interrogamos. “Porque estoy convencido -dijo- de que la armonía social es una meta alcanzable para buscar la utopía de ser iguales todos los seres humanos y para acortar distancias entre los de arriba y los de abajo, creando oportunidades, haciendo un montón de incluidos y no de excluidos”.

¿Cómo consideraba, en tal sentido, las propuestas de los sectores neoliberales respecto a dejar todo en la economía, aun la solución de problemas sociales, en manos del mercado? “Estaría de acuerdo con esa tesis -respondió con ironía- si la mano oculta de que hablaba Adam Smith existiera realmente…”.

Doctrina Social de la Iglesia

Como es sabido, Betancur era un ferviente católico, muy cercano a las máximas autoridades eclesiásticas y defensor, por tanto, de la Doctrina Social de la Iglesia, en la cual hallaba respuestas adecuadas para resolver los problemas sociales, incluidos los que se dan en la globalización.

“La iglesia católica -recordaba- ha hecho un gran aporte al desarrollo de la dimensión espiritual y moral de los pueblos; a la educación, la salud, la reconciliación y el establecimiento de rigurosos códigos de ética. Se ha opuesto, además, a todas las formas de violencia, opresión y corrupción, por lo cual goza de una alta credibilidad”.

Y claro, destacaba el papel fundamental que la iglesia jugó en el colapso del comunismo soviético o el hecho de que la religión haya sido protagonista en todas las épocas y sociedades.

“Aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y la naturaleza no es sólo un sueño; es una necesidad”, citaba al Dalai Lama cuando recibió el Premio Nobel de Paz en 1980.

Integrar a los más pobres

En definitiva, Betancur reclamaba la dimensión social en el proceso de globalización, según lo planteó el papa Juan Pablo II al instalar la sesión de la Academia Pontificia en abril de 2002, cuando solicitó a la comunidad internacional garantizar que la globalización integrara a los pobres en el proceso productivo.

“El papa Benedicto XVI también ha insistido en esa actitud y lo ha hecho con coraje”, observaba mientras defendía la vigencia del sueño de Simón Bolívar cuando convocó el Congreso Anfictiónico de toda América Latina, reunido en Panamá.

El Libertador buscaba la integración”, sentenciaba. Y concluía, dentro del más auténtico espíritu bolivariano: “Su sueño sigue siendo válido”.

No se oponía, pues, a la globalización, a la integración de los pueblos, pero reclamaba que los pobres no fueran excluidos sino que también se beneficiaran de dicho proceso.

¿Tesis populistas, obsoletas?

A quienes calificaban tales propuestas de populistas, ¿qué les decía? “No rebajemos las reflexiones a calificaciones personales”, respondía al tiempo que citaba el método de humanización de nuestra capacidad de comprender el cambio de cada día, expuesto por Juan Pablo II en la encíclica Centésimus Annus.

“Los signos de los tiempos -explicaba- son elementales, pero resultan difíciles de comprender cuando la vida en sociedad se deshumaniza y pierden fuerza las potencialidades implícitas en la interacción participativa”, explicaba.

“Es preciso acercarse con humildad a los humildes”, agregaba. Y ante quienes aducían que sus tesis eran obsoletas, pasadas de moda, recordaba la respuesta de León Bloy a algunas críticas del periódico Le Figaro: “No hay nada más viejo que un periódico de la víspera… Cuando quiero leer noticias frescas, leo a san Pablo”.

Al oído de los empresarios

Para Betancur, los empresarios deben ser audaces, pero también prudentes, precisando que el hombre prudente es aquel que tiene memoria del pasado, conciencia del presente e inteligencia del futuro.

“Creo que necesitamos en forma indiscutible dirigentes de estas características para enfrentar los nuevos retos”, afirmaba. Y si bien reconocía que en los tiempos actuales el empresario representa el nivel más alto de la escala social, anotaba que no siempre fue así.

“Para los griegos, el héroe de la ciudad era el líder; en el Medioevo, el santo, y en el siglo XVIII, el sabio”.

Observaba, por último, que en la filosofía clásica el ser humano se caracteriza, en particular, por dos factores: el dominio de sí mismo y el afán de trascendencia.

“Un sentido ético de la existencia constituye un potenciador de esas dos notas o atributos del ser que reconocemos como líder”, decía al oído de los empresarios.

(Mañana: Entrevista a Belisario Betancur sobre Responsabilidad Social Empresarial)