21 de noviembre de 2018

Impuestos

8 de noviembre de 2018
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
8 de noviembre de 2018

Definitivamente, en materia de impuestos, nadie quiere pagar, y menos que se le aplique cualquier norma que haga más gravosa la carga actual. Esa la razón por la cual el cotarro de los últimos días es enorme y más cuando los más feroces opositores del gobierno salen a pescar en rio revuelto. Desde luego que estos no participan en la discusión para lanzar ideas que den solución a los problemas que motivan las disposiciones impositivas y su acción sólo se encamina a oponerse y a inculpar al gobierno del problema actual.

En esta oportunidad, cuando la pretendida reforma tributaria o ley de financiamiento, mira hacia la canasta familiar para gravar los diferentes insumos que la componen y cuando las pensiones de los jubilados se encuentran entre los objetivos, temas sensibles para la población, los opositores y hasta los mismos aliados del gobierno salen a rasgarse las vestiduras y a “defender” al pueblo que con estas disposiciones se verá afectado. Pero en todo este cotarro, pocos, si acaso uno que otro, han salido  a ofrecer alternativas valederas que sirvan para tapar el hueco fiscal dejado por los usos que en el inmediato pasado se dieron a los dineros derivados de los impuestos y de la llamada bonanza petrolera. Todos esos recursos se esfumaron en burocracia con la creación de un sinnúmero de institutos descentralizados, de contratos que construyeron nóminas paralelas que ampliaron en mucho los gastos del ejecutivo y también en publicidad y mermelada que le permitieron al gobierno saliente construir lo que se denomina gobernabilidad o simplemente adhesiones a lo que se le antojara.

Hoy, ante un faltante en el presupuesto de 24 billones de pesos, el Ministro de Hacienda procedió a emitir bonos de deuda con los que consiguió recursos que aminoraron el servicio de la deuda. Valga decir, conseguimos dinero prestado para pagar parte de lo que debíamos pagar en el corto plazo. Abrimos un hueco para tapar otro; jinetiamos la deuda. Con ello, el faltante por financiar en el presupuesto se bajó a 14 billones de pesos, suma que se pretende cubrir con la anunciada reforma tributaria.

Pero cómo conseguir ese dinero faltante, sin gravar la canasta familiar como se ha propuesto? Pregunta del millón, sin duda alguna. Piensa uno que lo primero es amarrándose el cinturón y cerrando las llaves por las cuales se esfumaron los recursos en el inmediato pasado. Entonces, la tarea es reducir el Estado “a sus justas proporciones”. Eso, posiblemente, permita ahorrar dos billones, quizás más, pero no de manera inmediata. Poner a tributar a una rata más alta a los altos ingresos, valga decir los ingresos superiores a 25 o 30 millones mensuales podría aportar un billón a lo sumo. Quizás las bebidas azucaradas podrían tener IVA del 19%. Igual podría imponerse a las cervezas. De paso, la salud de los colombianos se vería protegida con una baja en el consumo de ambas bebidas. Retirar las exenciones tributarias a los salarios de Congreso, Magistrados y altos funcionarios del Estado que hoy no pagan impuestos como el resto de los ciudadanos e igualarlos con ellos, daría otros buenos pesos. Imponer un moderado impuesto de renta a las pensiones que excedan el 50% de la máxima pensión aceptada de 25 salarios mínimos, también daría algo, no mucho. Recoger para el presupuesto nacional un porcentaje de las regalías, permitiría que lleguen dineros de estos a todos los colombianos y no sólo a unos sectores. Todo esto podía aportar unos 5 billones, si no más. IVA a algunos productos de la canasta familiar, desde luego no aquellos que son adquiridos por las poblaciones de menos ingresos como son: el huevo, el arroz, los fríjoles, las lentejas, la papa y similares. IVA sí sobre el azúcar refinada, la dietética, los embutidos, carnes especiales y leches con tratamientos, yogures, helados y otras “delicatessen”. En fin, en la canasta familiar hay muchos bienes de consumo que no son adquiridos en los hogares de menos ingresos y que pueden tener IVA.

Otros renglones pueden gravarse, no cabe duda, pero un esfuerzo grande sobre la evasión si debe hacerse, y como por las buenas no nos aconductamos, vale la pena ensayar medidas drásticas, como sería la renta presuntiva por nivel de vida y gastos, ya que no se justifica que haya quienes puedan andar en medio de lujos, viajes, festines y demás, cuando sus rentas no dan para mantener un ritmo de tal naturaleza. Entonces, inspectores de impuestos que visiten residencias, fincas y otros bienes y conozcan del nivel de vida de los ciudadanos y, con fundamento en tablas establecidas, hacer el cálculo correspondiente de ingresos para esas fiestas y actuar. Actuación que puede ir hasta sanciones de cárcel para cuando los desvíos sean grandes y de sanciones sociales para las menores. Algo hay que hacer en este campo, al igual que lo hacen otros países, ya que en ese orden de procederes no seremos los únicos en establecer parámetros.

Las ideas y el debate enriquecerán lo que hay por hacer en este campo e ideas es lo que hay.