16 de noviembre de 2018

El mercado familiar El placer de mercar en La Galería

Por Guillermo Romero Salamanca
5 de noviembre de 2018
Por Guillermo Romero Salamanca
5 de noviembre de 2018

En algunas partes del país a las plazas de mercado, aquellos lugares donde se consigue desde hilos de cáñamo hasta camiones de papa, se les llama también como mayoristas o, incluso, se les conoce como galerías.

Todo parece indicar que, con la nueva reforma tributaria, se aumentará el Impuesto al Valor Agregado, IVA, a más elementos de la “canasta familiar” y por lo tanto será necesario buscar nuevas alternativas para “alargar” los pesos.

En la plaza de mercado o galerías, las cuentas, por ejemplo, no se llevan en registradora, sino en un viejo cuaderno donde se anotan los valores y luego, simplemente la marchanta –persona encargada de vender los productos—hace la suma respectiva y listo, a pagar.

Pero hay que hacer un recorrido para charlar con la verdulera o verdulero que le ofrecen todo tipo de verduras, el yerbatero que le tendrá desde yerbabuena, toronjil hasta hojas de penca de sábila para la limpieza del cabello y donde el carnicero le expondrá todo tipo de carnes de cerdo, res, pollo, pato o conejo, pescados y maricos si lo prefiere y sin IVA.

También puede encontrarse con el lichiguero, que le brinda cilantro, cebolla, hojas de tallo, guascas para un buen ajiaco o cimarrón, para un exquisito sancocho de gallina.

Se consiguen también plantas de jardín o para adornar salas, pasillos o ventanas.

A diferencia del supermercado le dejan pelar las mazorcas, las yucas y escoger las alverjas o los fríjoles. La señora que atiende saluda con un “buenos días” y no es como en los grandes almacenes que todo es de afán y un día está Yurani y al otro día podría estar Catalina. No hay con quien hablar.

Mientras va empacando sus compras en un canasto o un carrito, esté atento con los coteros que llevan en sus hombros cajas de tomates, bultos de yuca o bolsas con cualquier otro producto y simplemente le pueden gritar cosas como “!Ojo al este!” para señalarle que viene un carguero a su derecha o “!cuidado patrón!”, cuando han recibido alguna educación.

Cada paso por la plaza de mercado trae nuevos olores que van desde las yerbas exóticas, las frutas, la carne o los restaurantes donde le pueden ofrecer un caldo de costilla, sopa de picado, caldo de ministro o chunchullo frito. Si es en Buenaventura, los aromas se amplían con sopas de mariscos o decenas de quisquillas.

Foto Alcaldíadebogota.gov.co

Las plazas de mercado tienen decenas de ventajas. Se puede pedir un “tris” de ají pajarito, una “pucha” de arroz, un “puñado” de toronjil, un “manojo” de acelgas, una “brazada” de bálago o una “carga” de papa.

Si va a comprar por ejemplo 12 libras de papa, zanahoria, yuca u otro tubérculo, mejor adquiéralos por arroba, que equivale a 25 libras, pero puede pedir, por ejemplo, media y así se ahorra unos cuántos pesos.

Se recomienda también llevar chuspas de tela o papel y evitarse las odiosas bolsas plásticas para llenarlas con granos y le puede dar un golpe a la economía.

Si requiere llevar cáñamo, lazos, cabuyas u otro tipo de lianas, pídalas por “codos” y así tendrá también una buena rebaja.

Le pueden dar también “piscas” de canela molida, pimienta o harinas para degustar o al lado de los restaurantes o asaderos le dan “un pellizco” de carne para que se ilusione.

Las frutas las puede comprar por baldados, que hay en tamaños pequeños, medianos y grandes y no necesariamente son pesados como en las grandes cadenas de superficie.

También consigue un arrume o racimos de plátanos, uvas o cerezas.

De pronto en su casa preparan envueltos de mazorca con bocadillo y queso y entonces requerirá de un “costal” con ameros, que se puede conseguir en 3 mil pesos.

En la plaza de mercado también puede contar y medir los dientes de los ajos, desde luego, puede medir con “jemes” las papayas, melones, guanábanas o piñas.

Ir a estos epicentros de economía implica también ejercitar el regateo, negociar, “picar ojos” para buscar rebajas, solicitar el “encime” o recibir con una sonrisa “la ñapa”.

En las plazas de mercado se oyen los mejores chismes de política, se ríe con toda clase de historias, se enriquece el vocabulario y se saborea el paladar con frutas como mora de castilla, feijoa, mamey cerriteño, pepino dulce, banano dominico, pitaya quindiana, marañones del Caquetá, piñuelas, brevas de Paipa, curubas de Sáchica, zapotes tolimenses, aguacate papelillo, piña perolera con ají y limón o servirse una sopa de pajarilla, de pata o de raíz.

Bienvenida siempre será la plaza de mercado y sin IVA.