22 de mayo de 2019
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Con cáscaras de huevo

12 de noviembre de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
12 de noviembre de 2018

Definitivamente, la ejecución de obras públicas o privadas en nuestro país atraviesa por una etapa oscura y lamentable, dados los calamitosos resultados obtenidos en la ejecución de proyectos recientes de vivienda e infraestructura. Edificios que se tuercen, se hunden o se caen, puentes que colapsan o se arrugan, túneles que nunca se terminan en los plazos y dentro del presupuesto acordado, vías, calles y carreteras recién reparadas o inauguradas que de inmediato presentan ondulaciones, hundimientos y fracturas.

Da la impresión que la crisis se fundamenta en una trágica mezcolanza entre la corrupción, la incuria oficial y la deficiente capacitación recibida en las aulas universitarias por los futuros ingenieros y proyectistas, no necesariamente por culpa atribuible a los mismos claustros, sino por las actitudes de nuestro estudiante universitario promedio, facilista y negligente, más pendiente de las redes sociales, del teléfono celular y más preocupado por la parranda del fin de semana, las soluciones fáciles encontradas en Internet y en algunos infortunadas ocasiones, de las formas más practicas de fabricar y lanzar con precisión una “papa-bomba” o un “coctel molotov” para tratar de incendiar a un modesto policía, quien por un salario indigno de los riesgos asumidos, llueva o truene, noche y día, permanece largas horas expuesto en la calle cumpliendo con el deber de proteger la vida y bienes de sus protegidos, los mismos que lo miran con desdén y rencor gratuitos y sin el menor asomo de consideración ni gratitud.

Estas preocupaciones resultan más seductoras y atractivas para el estudiante que la investigación, el estudio constante, el compromiso con su país y con su familia y con la consagración a sus deberes académicos. Al final de la jornada, el resultado suele ser la sustentación de una monografía mediocre a base de puro “copy-paste” o a veces comprada en el abundante mercado de la especialidad, un grado conquistado a los trancazos y un profesional técnicamente deficiente en la calle, dispuesto a vincularse laboralmente y a cualquier costo, a empresas y proyectos oficiales o en ocasiones, a cualquier empresa privada “triquiñuelera”, tramposa y “chichipata”.

Estas sombrías reflexiones son inevitables ante el deprimente panorama de algunas obras adelantadas por iniciativas privadas y otras obras públicas impulsadas por las “locomotoras” proyectadas en el gobierno anterior en el campo de la infraestructura, tales los casos de los edificios “Space” de Medellín o el de la torre “La Escollera” de Cartagena que con sus 56 pisos, cuatro sótanos y 206 metros de altura pretendía convertirse en el edificio más alto del país, cuya estructura, ya adelantada hasta el piso 50, fue afectada por un vendaval que azotó la ciudad y le causó una visible curvatura entre los pisos 28 y 40 lo que, en noviembre de 2007, obligó a la demolición y al consiguiente fracaso definitivo del ambicioso proyecto.

Suerte semejante a la que han corrido obras oficiales como la del túnel de la Línea, retrasada varios años, la del puente atirantadoChirajara” sobre la vía al llano, desplomado el 15 de enero del presente año por comprobados errores en el diseño y últimamente, por el asombroso caso del puente “Hisgaura”, otro “atirantado”, cuyas gráficas fueron divulgadas esta semana por la prensa del país, estructura promocionada por sus proyectistas y constructores como el “puente atirantado más alto de Suramérica”, obra de ingeniería que parece diseñada por algún proyectista severamente afectado por el mal de Parkinson o dibujada por el mismísimo “Hombre Elefante”, ese pobre y célebre ciudadano inglés de la era victoriana llamado John Merrick (1862-1890), afectado desde su nacimiento por un severo caso de neurofibromatosis, enfermedad degenerativa también conocida como “síndrome de Proteus”, afección que le produjo deformaciones físicas impresionantes por lo que, para poder salir a la calle y evitar que las mujeres y los niños se desmayaran o huyeran ante su presencia y fealdad y que los ignorantes intentaran apedrearlo, debía cubrirse el cuerpo, de la cabeza a los pies con una manta, solución algo parecida a la ofrecida por los responsables de la sinuosa y serpenteante estructura, es decir, “la instalación de una imposta metálica o faldón”, para disimular el desbarajuste de las piezas y vigas del puente atirantado más alto y “choneto” de Suramérica.

Me inquietan las probables respuestas a varios interrogantes sobre este espinoso y retorcido tema.

Ya que los constructores afirman que esta es una situación normal y regular en este tipo de trabajos, ¿Qué otro caso de puente atirantado construido por la empresa española “Sacyr” o por cualquier otra constructora existe o ha existido en el mundo con serpenteantes arrugas, semejantes a las del “Hisgaura”, cuyas irregularidades visuales “normales”, se hayan podido corregir con la instalación de impostas metálicas o faldones?

¿Cómo piensan corregir el rizado de la superficie asfáltica que existe sobre la calzada ya pavimentada y señalizada de la estructura, semejante a las ondulaciones características de un tejado? ¿Piensan cubrir el rizado con un bonito tapete de piel de cabrito santandereano? ¿O piensan presentarlo como un novedoso sistema integral de reductores de velocidad instalado, “sin costo extra”, a todo lo largo de los 653 metros de longitud, como graciosa “ñapa” y fina atención de la constructora española?

Esta situación trae fatalmente a mi memoria el triste caso de una familia que conocí hace muchos años, que tenía una hija muy buenecita ella, de rosario, misa y comunión diaria, enamorada, soñadora y en edad de merecer, pero dotada, la pobre, con un par de piernas semejantes a las patas de una mesa de billar, de las antiguas, y encima de eso chagüetas y marcadas por un multicolor surtido de turupes causados por todo un catálogo de vistosas y prominentes venas várices. La alternativa para promocionarla en casamiento era tirarle el lazo a cualquier pobretón, algo tonto, corto de vista y muy necesitado pretendiente que se atreviera a asomarse por allí y además vestir a la virtuosa doncella con una pollera ancha y siempre, pero siempre, siempre y rigurosamente, hasta los tobillos. Santo remedio. Pero no se apresuren, ni se crean que la cosa fue fácil. Lo cierto es que ni aún en esas condiciones de disimulo y encubrimiento tan matreras, lograron salir de ese cacharro. A lo mejor, aparte de ofrecer como carnada una dote más “arregladita”, faltó contar con los servicios de un casamentero o “interventor” tan creativo, atento y aplicado como el de la obra del “puente atirantado más alto y “choneto” de Suramérica”.

Para concluir, por ahora, con este tema tan preocupante y con nuestros más fervientes deseos para que resulte cierta la promesa del constructor, de que la seguridad y estabilidad del puente está garantizada y que con los tales faldones se arreglará un entuerto meramente cosmético, que muestran al puente como un montón de piezas de dominó mal barajadas, creo oportuno recordar un fragmento de una de tantas y tan sabrosas comedias de Lope de Vega, “El mayor imposible”, algunos de cuyos versos, tratan sobre antiguas maniobras de encubrimiento y disimulo, que a la letra, dicen:

Cuentan que dos se casaron

y la noche de la boda,

en quietud la casa toda,

ya entiende, se desnudaron.

Él dijo: ya no hay que hacer

Secretos impertinentes,

Postizos traigo los dientes,

Paciencia, sois  mi mujer.

Ella, quitado el tocado,

El cabello se quitó

Y en calavera quedó,

Como un guijarro, pelado,

Diciendo: perdón os pido

Postizo traigo el cabello,

no hay que reparar en ello,

paciencia, sois mi marido.

Teniendo en cuenta que la costosa obra de “Hisgaura” une los dos extremos de una trocha entre los bordes de un abismo ya que, según dicen, no hay carretera pavimentada alguna a lado y lado, hubiera resultado más económico y práctico haber solucionado el problema con una buena “tarabita”. Finalmente, está visto y comprobado que uno de los únicos “atirantados” colombianos exitosos ha sido el ex procurador y nuevo embajador de Colombia ante la OEA, el admirado doctor Alejandro Ordóñez y que los únicos puentes que en nuestro medio se ejecutan y funcionan con precisión de relojería suiza son los que se disfrutan con ocasión de los lunes festivos originados por la ley Emiliani. Esos puentes si que son buenos, bienvenidos, bienhechores y aceptados puentes colombianos.