13 de diciembre de 2018

Juepucha se nos fue Don Chinche

6 de octubre de 2018
6 de octubre de 2018
El personaje don Chinche, foto YouTube

Por Guillermo Romero Salamanca

Contaba el maestro Héctor Ulloa que una mañana de 1966 iba caminando en Bogotá por la carrera Décima, entre calles 13 y 19, con un montón de discos en una maleta y escuchó la corneta de un bus: “tu, tu, tu, tu, tu, tu, tu, tu” y con esos sonidos siguió cantando:“Quiero comprarle a la vida/cinco centavitos de felicidad”, llegó a la oficina de Discos Vergara y escribió la continuación de la canción.

“Quiero tener yo mi dicha/ pagando con sangre y con lágrimas/ quiero tenerte en mis brazos/ tan sólo un minuto poderte besar/ aunque después no te tenga/ y viva un infierno y tenga que llorar/”.

Era toda una historia la que escribía el promotor discográfico, de los primeros que había en Colombia, cuando se contaban con los dedos de una mano.

El tema lo grabó el inmortal guayaquileño Julio Jaramillo, “el ruiseñor de América” y se convirtió en un himno del bolero. Se emocionó cuando le escuchó otra parte de la canción, acompañada de finas guitarras ecuatorianas por Olimpo Cárdenas. Después con la voz nasal del anacobero Daniel Santos:

“Aunque después no te tenga/ y viva un infierno y tenga que llorar/ aunque me mate la angustia/ de saber que fuiste y ya no serás/ quiero comprarle a la vida/ cinco centavitos de felicidad”.

Pero también lo oyó en las voces de Pepe Jaramillo, Óscar Agudelo, Lucho Barrios, Carlos Rubira Infante, Lucho Bowen, quince boleristas más y Charlie Zaa.

Foto Caracol Televisión

GRAN PROMOTOR MUSICAL

Édgard Hozzman lo recuerda como “un carismático, actor, compositor, locutor y elegante, respetuoso y espontaneo humorista que se caracterizó por no recurrir a la ramplonería, el morbo, ni la vulgaridad para llevar esparcimiento al respetable”.

“Él fue pionero de la promoción discográfica en Colombia, trabajó con Sello Vergara cuyo eslogan era, “Un éxito por cara y cara”. Fue quien dio a conocer los primeros trabajos de “Los Tolimenses”, Carlos Ariel Rey, Las Hermanitas Pérez –Yolima y Aida–, “Los Speakers”, Guillermo “Pipo” Valderrama y Jaime Llano González, entre otros artistas”, recuerda Hozzman.

“El tema más conocido y popular de su inspiración fue “Cinco centavitos” tema que popularizó Julio Jaramillo, en los sesenta compuso para Harold el bello vals “Di lo que quieras”, también incursionó en la canción social en 1976 en Discos Philips le grabé en álbum de Leonor González Mina, “El Nogal” tema en el que expresaba su preocupación por la desforestación que agota la tierra y las fuentes de agua. Fue un compositor romántico”, recuerda.

UNA VIDA PARA EL ARTE

Héctor Horacio Ulloa Rodríguez nació el 14 de julio de 1936 en La Vega, Cundinamarca, pero fue Bogotá la ciudad que le dio la oportunidad de trabajar y estar en lo que a él le gustaba: el mundo del espectáculo.

Su forma de ser le permitió ingresar a las emisoras, hablar de los discos y así fue llegando a la televisión. Doña Alicia del Carpio le gustó su manera de interpretar a los bogotanos emergente y fue bautizado como Régulo Engativá.

Hasta el momento era Héctor Ulloa, pero fue Pacheco quien lo bautizo como “el chinche”, por darle una clave a una novia que tenía el presentador en Medellín. “La idea era decirle que sí la estaba pensando y entonces le dijo que cuando dijera chinche, pues que se pusiera feliz. Yo estaba listo para contar un chiste en Operación Jajá, cuando Pacheco dijo: con ustedes Héctor “el chinche” Ulloa y fue imposible después quitarme ese apelativo”, contaba una y otra vez cuando le preguntaban por el origen del mote.

Sin lugar a duda el estrellato le llegó cuando Pepe Sánchez lo invitó a protagonizar una comedia semanal en la cual relataban vivencias de un grupo de artesanos y mecánicos. Buscaron una calle cercana al Teatro al aire libre La Media torta y la convirtieron en el escenario propicio para que los televidentes estuvieran pendientes, todos los domingos del programa.

Impactaba su pinta: era de todos los colores, pero siempre con una vistosa corbata.

“Una tarde de domingo sin Don Chinche no era domingo”, cuenta ahora la periodista Olga Villegas.

En 1982 fuimos jurados en el Festival de la Canción de Villavicencio. Se presentaron unos 20 vocalistas. Eran los tiempos en los cuales no existía “Yo me llamo”.

“Compañero, me dijo a las doce de la noche, ya estamos cansados, salgamos de esto ligero” y en segundos determinamos que Pedro Neira era el ganador. El tipo subió, recibió el premio y desapareció.

“Ole, comentó el maestro, este vocalista no dio ni las gracias”.

Después de su paso por la actuación y la comedia más famosa del siglo XX, se lanzó a la política como diputado de Cundinamarca. Con un poco campaña logró más de 30 mil votos, cifra inalcanzable en esos momentos.

La gente no le decía don Héctor, sino don Chinche.

“Me reuní muchas veces con él en La Vega, en su finca. Era un hombre culto, gracioso sin ser cansón, organizaba unas tertulias encantadoras. Conocedor como el que más de la música. Un muy buen ser humano. Pero a partir del robo a su casa en Bogotá se comenzó a debilitar”, recordaba Isabel Alonso Parra, asesora política.

Colombia pierde a un gran actor, compositor, político –que no logró su sueño de cambiar el mundo–, pero, sobre todo, a un gran ser humano.

“Héctor será recordado como un gran ser humano, un talento genuino, una caja de música y un colega excepcional”, escribió Armando Plata Camacho.

En el escenario del más allá se encontró este 5 de octubre con Hernando Casanova, Héctor Mora, Fernando González Pacheco, El Chato Latorre, Humberto Martínez Salcedo, Pepe Sánchez y tantos otros que hicieron reír a Colombia y verán, a la distancia, cómo este país sigue indolente, inerme, cómplice con su silencio, ante el asesinato de una niña inocente de 9 años.

Juepucha si nos hará falta don Chinche.