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Trump cae en picada

3 de septiembre de 2018
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
3 de septiembre de 2018

albeiro valencia

Recordemos que Donald Trump llegó a la presidencia debido a la crisis económica, cuando el “sueño americano” se fue desvaneciendo. Supo entrar al corazón de medio país por medio de un discurso populista, buscando seducir a los blancos nacionalistas, a las capas medias empobrecidas y a los desempleados que miraban a los inmigrantes como los culpables de todas sus desgracias. Prometió rescatar el poderío de Estados Unidos y su imagen creció como espuma; aprovechó el volumen corporal, el movimiento de las manos, las posturas, las muecas, los gritos, los desplantes, los gestos exagerados y el discurso agresivo, para encantar multitudes; cayó bien en los medios y la prensa lo hizo famoso. El tiempo fue pasando, pero “levantaron la enjalma y aparecieron las mataduras”.

Cuando los comunicadores entendieron que sus discursos y mensajes dividían al país le quitaron el apoyo; en ese punto desprestigió a los medios tradicionales, a la gran prensa y se dedicó a trinar por lo menos cinco veces al día, buscando la cercanía con el pueblo. De este modo fue transformando las costumbres políticas de su país, pero se hizo visible su incompetencia.

Soberbia, tropezones y escándalos

El presidente fue perdiendo legitimidad por el “Rusiagate”, por los ataques al tratado de libre comercio con Canadá y México y por la pésima relación con los mandatarios del planeta. En su lucha por “hacer a Estados Unidos Grande de nuevo”, se enfrentó a los líderes de la OTAN y del G-7 y pateó el Acuerdo de París, un largo y difícil proceso de negociaciones multilaterales en la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. En medio de la soberbia fue perdiendo el liderazgo; a mediados del año pasado la canciller alemana Ángela Merkel, después de la reunión del G-7, afirmó que Europa “ya no podía contar plenamente con el apoyo de otros”, se mostró decepcionada de Estados Unidos y agregó que en lo que compete a relaciones comerciales prefería mirar primero a China y a Rusia.

Lo más grave sucedió cuando alborotó avisperos en todo el mundo. En abril del año pasado empezó las amenazas contra Corea del Norte, prohibió el ingreso de inmigrantes de países musulmanes y reconoció a Jerusalén como capital de Israel. A Trump le gustan los conflictos y desde la campaña política prometió “volver a ganar guerras”. Pero los escándalos empezaron desde la campaña política y se agudizaron con la llegada al poder. Una sorpresa mayúscula fue el despido del director del FBI, James Comey, quien venía adelantando una investigación sobre la participación de algún organismo ruso para desprestigiar la candidatura de Hillary Clinton; sacar a Comey por la puerta de atrás generó una tormenta política pues quedó en evidencia el deseo de echarle tierra al asunto.

Pero faltaba la tormenta producida por sus devaneos sexuales, cuando regresaron los fantasmas del pasado. El 21 de agosto llegó una noticia que estremeció la Casa Blanca y asestó un duro golpe al presidente. En Nueva York el exabogado personal de Trump, Michael Cohen, presionado por el FBI, se declaró culpable de ocho violaciones a la ley. En 2016 se encargó de pagar cuantiosas sumas de dinero a dos mujeres para comprarles su silencio sobre presuntos encuentros sexuales con Trump; uno de los pagos lo recibió Karen McDougal, famosa exmodelo de la revista Playboy. Esta historia comenzó cuando Karen decidió revelar la relación sexual con el mandatario, entre 2006 y 2007; como la amenaza ponía en riesgo la candidatura del actual presidente, llegó en auxilio Michael Cohen quien movió los hilos para silenciar el sensible asunto. El otro pago fue para Stephanie Clifford, conocida como Stormy Daniels, a quien Cohen le entregó 130.000 dólares para que cerrara la boca.

Pero el diario The Wall Street Journal sacó a la luz la truculenta historia; el FBI allanó las oficinas de Cohen y su domicilio y no le quedó más remedio que declararse culpable. De este modo Trump quedaba acorralado; ante los hechos afirmó en una entrevista, que él había sacado el dinero de su bolsillo para pagarle a Stormy Daniels y que la campaña política no había tenido que ver con el tema.

Otro espinoso asunto lo protagonizó la consultora política Omarosa Manigault, conocida porque participó en más de 20 reality shows, entre ellos en El Aprendiz, donde conoció a Trump; éste la nombró con un cargo en la Casa Blanca, pero la despidió el pasado mes de diciembre por supuesta incompetencia. Como no hay enemigo pequeño, Omarosa publicó su libro Desquiciado: el relato interno de la Casa Blanca de Trump. En esta obra afirma que el presidente es un “racista con capacidades mentales en declive”.

Por último, Trump se encuentra contra las cuerdas, acorralado, y sigue en caída libre; afirma que algunos de sus asociados pueden ser criminales, pero él no; sin embargo, se ha vuelto vulnerable y ya se habla del posible juicio político, el “impeachment”. Las elecciones se realizarán el próximo 6 de noviembre y se espera un triunfo del Partido Demócrata.