20 de octubre de 2018

Rocío Jurado: la niña de los premios

18 de septiembre de 2018
18 de septiembre de 2018
Rocío Jurado. Foto: rociojuradofanclub.com

Por Guillermo Romero Salamanca

Este 18 de septiembre, María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado, estaría cumpliendo 74 años.

Un cáncer de páncreas le apagó su vida de éxitos el 1 de junio de 2006. Esa mañana, muy temprano, su hermano y su empresario de toda la vida, Amador Jurado salió a la puerta de su residencia en Madrid y les confirmó a los medios de comunicación la fatal noticia.

De inmediato, emisoras de música romántica en todo el mundo comenzaron a emitir el comunicado y a recordar algunas de las 200 canciones de éxito que habría grabado a lo largo de sus 46 años de carrera artística. Su esposo, el matador José Ortega Cano comentó algunos aspectos de su triunfal vida de escenarios y estudios de grabación.

Rocío Jurado. Foto: rociófanclub.com

Cuando el cadáver de Rocío Jurado llegó a Chipiona, el municipio que la vio nacer en Cádiz, más de 20 mil personas le acompañaron hasta el cementerio san José, donde tiempo después levantaron un mausoleo de cuatro pilares, una pirámide y una gigantesca placa que señala que allí descansa La más grande, La Chipionera, La Insuperable y La Niña de los Premios.

Cada semana, un anónimo admirador le cambia las flores y limpia el lugar.

En Colombia decenas de personas volvían a escuchar sus éxitos como “Señora”, “Como yo te amo”, “Ese hombre”, “Se nos rompió el amor”, “A que no te vas”, “Como una ola”, “Muera el amor” y “Vibro”, entre otras.

El diseñador colombo español Carlos Arturo Zapata era quien más conocía a Rocío Jurado, él le delineaba sus vestidos que eran famosos por sus colas, sus adornos y su peso. Rocío se engalanaba con cada uno de esos trajes y a su público le encantaba cuando hacía saltar los extensos pliegues que llevaban.

Carlos Arturo, incluso, se lanzó como empresario artístico y la presentó en el Centro de Convenciones de Bogotá en 1993.

Rocío Jurado lo ganó todo. Se calcula que Sony Music vendió más de 30 millones de copias y le entregó unos 150 discos de oro y unos 63 de platino por sus ventas.

La reina del flamenco comenzó en el mundo de la canción desde muy niña, pero debido a la escasez económica de su familia trabajó también como zapatera y como recolectora de uvas. Sin embargo, sacaba tiempo para presentarse en los concursos radiales los cuales ganaba siempre.

En sus entrevistas contaba que su primer premio consistió en una bebida gaseosa, doscientos pesetas y un par de medias. Soltaba unas risotadas cuando comentaba también que, para poder cantar en los restaurantes, por ser menor de edad, falsificó su acta de nacimiento y le agregó dos años a su vida.

Aunque cantaba sevillanas y flamenco, el triunfo de Rocío fue cuando presentó una canción del mítico Manuel Alejandro: “Ese hombre”. Ese hombre que tú ves ahí, que parece tan galante, tan atento y arrogante, lo conozco como a mí. Ese hombre que tú ves ahí, que aparenta ser divino, tan afable y efusivo, solo sabe hacer sufrir”, arrancaba con estilo fuerte diáfano Rocío.

Luego proseguía con: “Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso, inconsciente y presumido, falso, enano, rencoroso, que no tiene corazón”.

Las señoras, que, por algún motivo, tenían algún despecho tenían esa canción como un himno. Incluso lloraban y lo dedicaban en las emisoras en los tiempos de complacencias.

Roció atravesó el Atlántico para seguir arrollando con su enérgica voz. Grabó duetos con José Luis Rodríguez, Ana Gabriel, Chayanne, entre otros y se presentó en decenas de escenarios de Estados Unidos, México, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, Venezuela –cuando era libre–, Argentina, Chile, Ecuador y Perú.

Grabó especiales de televisión, participó en películas, concedió miles de entrevistas y fue invitada especial a la Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan para que cantara.

En el 2004 le anunciaron que padecía de cáncer en el páncreas. Hizo todo lo posible por recuperarse y en esa etapa no desaprovechó el tiempo y seguía cantando y recibía más y más condecoraciones a tal punto que debió ampliar las paredes del ego en su casa en Madrid.

Tan sólo tenía 61 años cuando el cielo le mandó llamar.

Un adiós a la insuperable.