20 de octubre de 2018

Los excéntricos de hoy

24 de septiembre de 2018
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
24 de septiembre de 2018

Por Jaime Lopera

jaime loperaHace poco, tratando de hallar una respuesta a la corrupción rampante de este país, le mencioné a un amigo la frase de San Agustín cuando dice que “la corrupción de los mejores es la peor”. Mi amigo, alimentado por esta posición probablemente desanimada, me respondió de inmediato con un latinajo de Séneca que dice: “Optimus est pati quod emendari non possis“, es decir, que lo mejor es soportar lo que no se puede cambiar.

Quedé de una pieza. ¿Era mi amigo un pesimista que estaba abogando por el mantenimiento del status quo? ¿O me estaba ofreciendo una evidencia para que pensara las cosas de una manera diferente?  Me decidí por esta última posibilidad: mirar el revés de la corrupción. Este es mi intento.

Comencemos por decir que la búsqueda de respuestas a la corrupción es inagotable. Siempre habrá una manera de abordarla desde muchos puntos de vista y desde diversas disciplinas profesionales No obstante, y para empezar, los colombianos nos distinguimos por dos particularidades sobre las cuales ya hay un consenso general: somos transgresores y somos rebuscadores.

La transgresión

La transgresión viene desde tiempos coloniales y se materializa en todas aquellas conductas que buscan sacarle el cuerpo a las normas legales. “Se obedece pero no se cumple” es una sentencia que llegó con los conquistadores (en especial con Jiménez de Quesada) para burlarse de la Corona española y para que esta frase pudiera quedarse como una manía entre nosotros.

Veamos unos pocos ejemplos. Somos informales en el campo laboral (el 53 por ciento de las pequeñas y medianas empresas abominan la formalidad para evitar los pagos de seguridad social); no nos gusta pagar impuestos (solo 1 de cada 8 personas pagan imporrenta); nos complace el uso del dinero en metálico (50 por ciento de la oferta monetaria es en efectivo) que, por cierto, ayuda al fomento de la economía subterránea de la coca; apelamos con frecuencia a los créditos gota-a-gota para esquivar el crédito formal; nos agrada el chance y la lotería semanal; y la minería ilegal es por supuesto clandestina. Y por si fuera poco, somos unos afanosos y descarados consumidores en el supermercado de la justicia donde se compran sentencias en una góndola y una casa por cárcel en el aparador de enseguida —como lo hemos visto recientemente con toda la desvergüenza posible.

El rebusque

El rebusque, por su parte, es una condición (si así puede decirse) un poco más limpia que la transgresión pero limita con ella por muchas partes. La creatividad nacional es muy abundante tanto para hacer cosas bien hechas (v.g., los deportes) como para perfeccionar toda clase de infracciones con astucia e ingeniosidad.

Si aceptamos el supuesto de que la mayoría de la gente es Transgresora y Rebuscadora, expresamos que esta es la naturaleza de la cultura colombiana en la actualidad.

La conducta del rebusque se explica mejor con la teoría del efecto de túnel, de Albert Hirschmann: supongamos que conducimos nuestro automóvil por un túnel de dos carriles en el mismo sentido y nos encontramos con un embotellamiento de tránsito cuya causa con alcanzamos a conocer.  Estamos en el carril izquierdo y debemos esperar a que las filas se muevan. Al rato se comienzan a mover los autos del carril derecho y ello nos llena de confianza porque presumimos que muy pronto vamos a salir del atasco. Sin embargo, mientras la fila derecha avanza y avanza, y pasan y pasan autos, nos sentimos decepcionados porque la fila nuestra no se mueve.  Entonces, sospechando que alguien nos está jugando sucio en alguna parte, nos preparamos a corregir la desigualdad cruzando, con rabia, la línea blanca que demarca los dos carriles y pasando ilegalmente a la fila que se mueve!

Una definición general dice que la cultura es la manera total de vivir de un pueblo, o mejor, el legado social que los individuos recibimos de nuestros grupos. Se trata de los saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo.

Una tribu amazónica de indígenas posee su propia cultura (sus saberes, sus alimentos, sus plantas, sus cacharros, sus ritos de parentesco, su lenguaje, sus signos) la cual es por lo general diferente a la de la tribu vecina. La cultura peruana y la mexicana son distintas. Del mismo modo, la tribu de los infractores y rebuscadores nacionales tiene sus propios saberes y su propia dinámica social.

¿Quiénes son los extraños?

Aceptada esta premisa (que los colombianos somos transgresores y rebuscadores), lo que sigue es decir que las personas que no tienen estas dos condiciones (o las tienen muy imperceptibles), son unos outsiders en este país: unos renegados, unos forasteros, unos extraños a esa cultura predominante en nuestra nación.

Es decir, esos “renegados y forasteros” (que por supuesto conviven casi anónimamente en el seno de la cultura transgresora) son personas diferentes: piensan, sienten y actúan de manera coherente sobre unos valores de respeto, convivencia, tolerancia, integridad, ciudadanía, participación, meritocracia, justicia, equidad, etc. y, por lo tanto, van a contracorriente de la cultura dominante de la trasgresión y el rebusque que practica la mayoría.

En cierto momento histórico, los hippies, rockeros, punks o grafiteros han sido las señales visibles de una oposición al statu quo. Fueron unos excéntricos de su época y otros han seguido su camino bajo otras formas o modalidades. Hoy por hoy esos “forasteros” que cumplen las reglas de convivencia, de democracia, de justicia, de equidad, hacen parte de aquellas tribus urbanas que habitan al lado opuesto de los valores culturales de transgresión y de rebusque dominantes.

Un camino

En una palabra final, los excéntricos pertenecen a un grupo social marginal: son una contracultura, son unos raros. Y es a partir de este momento cuando (rechazando con fuerza la posibilidad de quedarnos quietos) se puede iniciar una acción remedial citando nuevamente a San Agustín cuando dice que “solvitur ambulando”, es decir, que un problema solo puede ser resuelto caminando hacia él sin ocultarlo.

Septiembre 2018