18 de abril de 2021
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Marcha insólita

10 de septiembre de 2018
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
10 de septiembre de 2018

¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!

Hernando Salazar Patiño

¿Quiénes no vieron o no han visto todavía la inolvidable obra fílmica de Bernardo Bertolucci, “Novecento”? No pude menos de evocarla, cuando vi las imágenes de la insólita marcha del 5 de septiembre en Manizales. No porque reprodujeran la imagen del cuadro de Pellizza da Volpedo, con la que se la identifica. Sino por el contraste. La pintura fue recreada en una escena de la película. Las de la marcha local parecían escenas de película. Los participantes que se prestaron para dar declaraciones ante la televisión y la prensa, intentaron reflejar la teatralización de la utopía social.

Imagen Wikipedia.es

¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!
Hermanos Argensola
                                                                                                                                              

Pero no se trataba del sueño de los utopistas sociales, ni de la realización de la encíclica Rerum Novarum, que León XIII promulgó  en 1891, aunque bien pudieron titularla “Armonía entre patronos y obreros” (1894), como el libro inspirado en la carta papal, de un jurista catalán, Antonio Torres y Monner. CFC y los trabajadores que tiene a su servicio en el eje cafetero, ¿exponían la teoría “revisionista” de Bernstein, del “valor-trabajo”? ¿la ideología del italiano Giolitti de la “asociación capital-trabajo? ¿Se inspiraron en la “Quadragesimo anno”(1931) de Pio XI,  o en la ley española del ministro Largo Caballero en la República(1932), sobre “Asociaciones profesionales de patronos y obreros para la defensa de los intereses de las clases respectivas”?

Si se inspiraron en ésta última, más de ochenta después, con las imágenes de la marcha, pueden pedir apoyos políticos para promover  la “Ley de Intervención Obrera en la gestión de la Industria” como la que leyó Largo Caballero en las Cortes, sustentándola en que “los patronos debían perder su concepción absolutista de amos por derecho divino; mientras que los obreros aprenderían a no hacer huelgas anárquicas; y si lograban participar en su beneficios, redoblarían su interés por la producción” Sobre la suerte que corrió esta ley, en la República Española, los libros “La España Contemporánea”(José Sánchez Jiménez) y otros similares, lo revelan. La doctrina política de la Social Democracia, donde quiera que exista este partido, ha buscado la armonía y no la confrontación entre el capital y el trabajo.

Patronos y obreros, manifestándose unos junto a los otros ¿habrase visto? El ideal cristiano. Sin embargo, no fue tal. La marcha de los trabajadores, de los empleados de CFC, de constructores y asociados del gremio, no hicieron una demostración de esa “armonía”, ni lo pretendieron. Tampoco son socialdemócratas sin saberlo. Los justificadores de la marcha, camacoleros, patronos, contratistas y glosadores, se encargaron de declarar lo que significaba.

“Las relaciones entre los obreros y los capataces son unas relaciones de poder. Las relaciones de poder, están en todas partes, son inevitables. Pero, como decía Foucault, el problema es cuando las relaciones de poder se convierten en relaciones de dominación, que es cuando uno es un sujeto y el otro un simple objeto, que solo debe obedecer” (Luis Roca J.)

“Me quedé sin empleo”; “defiendo mi trabajo”; “hoy hay una masacre laboral; “desaliento en los inversionistas”; “acaban con la seguridad jurídica del departamento”. Son frases que aparecieron publicadas. Expuestos como víctimas, utilizados por los dueños del capital, que son los constructores, que a su vez se autovictimizaron, los obreros tuvieron que marchar junto con los contratistas, y también los que están bajo sus órdenes, que se trajeron de otras partes. Esa logística no fue de albañiles ni de maestros de obra. Los empleados de CFC, es claro, tuvieron que hacer lo suyo,  y es explicable el temor al riesgo si no se muestran del lado del patrón.

Fue la columna apocalíptica de Pava Quiceno en La Patria, la que llegó en su arrebato al colmo de la desmesura, porque según cree él, si no se urbaniza en Rio Blanco, colapsará la economía: “el cierre de una empresa como CFC afectará la industria que provee la materia prima para las contrucciones”; “los almacenes de la ciudad (si la urbanización no les compra) tendrán que cerrar las puertas” etc. Es la cuarta columna que ha escrito Pava, en solidaridad y defensa de Felipe Calderón y compañía. Doctores tiene la ley que sabrán por qué.

En  defensa de su lugar sagrado, un indígena kogui, el gobernador del cabildo,  José de los Santos, logró con una tutela frenar la construcción más lujosa de Santa Marta, el Edificio Magenta de 18 pisos, 75 apartamentos, frente al mar. Ni la prestigiosa firma de arquitectos Araujo Segovia, ni la sociedad Farallones que promueve el proyecto, ni la Alianza Fiduciaria S.A., que la respalda, han utilizado un recurso tan artificioso, para oponerse a la medida cautelar y convencer a los samarios de las bondades de su daño. Pero la marcha de la nómina de C.F.C. y de sus colegas, no logró engañar a nadie. Esta firma sabe que lo que sucede y siga sucediendo, es producto de su irresponsabilidad para con la ciudad, que acudieron a  los intereses venales de los socios y a las astucias de la ley, para revestirlo de aparente legalidad, pero éste proyecto viene podrido ab initio, desde la fuente.