12 de abril de 2021
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Gazapito interrogador

Por Cazador
15 de septiembre de 2018
Por Cazador
15 de septiembre de 2018

Por: Cazador 

El pobre idioma tiene muchos enemigos que esgrimen, para maltratarlo, argumentos aparentemente válidos, sobre todo si uno no sabe muy bien las razones que justifican algunas de sus reglas.

El habitual columnista de este diario, Coronel Héctor Álvarez Mendoza, nos ofrece el pasado lunes un buen ejemplo de lo que digo. En su columna de ese día, titulada “En Cuba no falta nada”, el tramo final de un largo párrafo, después de un signo de punto y seguido, se expresa así: «Alguien ha evaluado, por ejemplo, los resultados obtenidos del plan de “gallineros verticales”, consistente en instalar criaderos de gallinas en los apartamentos urbanos o el de los cultivos hidropónicos en el centro de Caracas, propuestos y presentados personalmente por el presidente Hugo Chávez para reemplazar la dependencia de la importación de pollo, verduras y frutas de Colombia, o más recientemente, los resultados del “plan conejo”, presentado públicamente en septiembre del 2017 por el propio Maduro (…)». Suspendo aquí la transcripción, para hacer notar que, habiendo leído ya casi totalmente esa frase, todavía es imposible adivinar que de lo que se trata es de una pregunta. Efectivamente, la frase continúa así: «…como respuesta infalible contra la desnutrición y el hambre de su pueblo?».

En inglés, la frase interrogativa se reconoce desde el principio, porque, o empieza por what”, o “who”, o “how”, o “when”, o “where”, o cualquier palabra que contenga en sí misma la idea de pregunta, o empieza por un verbo conjugado “al revés”, como “is it” en lugar de “it is”, o “are you going” en lugar de “you are going”. Pero en castellano, para uno saber que la frase que se está empezando es una pregunta, requiere que se lo indiquen con un signo de interrogación que inicie la frase (¿). Esa es la razón por la que en español hay que abrir la interrogación al iniciar la escritura de una pregunta. Ahora bien: es cierto que en la mayoría de los casos, la ausencia de ese signo de abrir interrogación no es tan grave porque las preguntas son cortas y, apenas empezando a leer, ya uno alcanza a ver el signo de cierre más adelantico. Pero en preguntas tan largas como la del ejemplo, el signo es muy importante. Y, por simple homogeneidad, debe entonces usarse siempre. Esa es la norma.

Aprovecho para hacerle con todo respeto una insinuación al coronel: Cuando uno va a citar algo o a escribir, por ejemplo, el título de un artículo de prensa, o una palabra extranjera o un costumbrismo, tiene dos alternativas. O usa las comillas (“”), o escribe el nombre en letra cursiva. Hacer ambas cosas al tiempo, es redundante. De modo que la columna a la que me estoy refiríendo le habría quedado más “chusca” si en lugar de “pitiyanquis” o “guerra económica” o “escuálidos”, o “puentes aéreos”, o “plan conejo” hubiese escrito “pitiyanquis”, “guerra económica”, “escuálidos”, “puentes aéreos” y “plan conejo”.