17 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ahorcar los hábitos

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de septiembre de 2018
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de septiembre de 2018

 

 

 

Por Carlos Alberto Ospina M.

 

 

 

 

Desnudar la aparente verdad con cierto aire de histrionismo, gesto de padecer cistitis aguda y al son del anhelado baile sensual, ni a tiros, se acerca al espectáculo vergonzante y menos, insinúa que debajo de la sotana el diablo hace estriptis (en inglés striptease). Tampoco anticiparse al desatinado “día mundial del sexo oral” que, dicho sea de paso, es el 6 de septiembre de cada año, a manera de acróstico día y mes forman el 69, significa el sentido homenaje a la tradicional Marisquería Joe´s Stone Crab, cerca de Ocean Dr en Miami Beach, por parte de dos desbordados sacerdotes.

Tiempo de pasión, recónditos secretos e instintos reprimidos son objeto de estudio y discusión al interior de las diferentes religiones.  El fundamento filosófico y teórico que sustenta cada doctrina nada tiene que ver con las opiniones, las acciones y los actos carnales de aquellos que traicionan el culto. Otro asunto de graves implicaciones legales es el silencio u omisión de algunos jerarcas. Culpables, ellos, los hombres u otros, cuando se creen amos del don de mando y actores impolutos de la autoridad moral para exculpar los pecados terrenales; mientras que debajo del hábito y la máscara de la devoción esconden la perversidad, el ultraje y el abuso de centenares de mujeres, niños y ancianos.

Cristianismo, islamismo, neopaganismo, budismo, hinduismo, judaísmo y demás devociones, defienden a capa y espada las creencias y las ideologías que las nutren. A su manera, pregonan la justicia, la divinidad, la disciplina, el temor, la obediencia, la compasión y la impalpable oración. Todas imponen la veneración y las prácticas rituales que pasan de generación en generación. De la misma forma, seminarios y conventos, altares y panteón, templos y casas de adoración, mezquitas e iglesias, fueron y han sido sacudidas por la presencia del deseo lascivo.

“Sin duda, Adso, has pecado, no sólo contra el mandamiento que te obliga a no fornicar, sino también contra tus deberes de novicio. En tu descargo obra la circunstancia de que te has visto en una de aquellas situaciones en las que hasta un padre del desierto se habría condenado. Y sobre la mujer como fuente de tentación ya han hablado bastante las escrituras. De la mujer dice el Eclesiastés que su conversación es como fuego ardiente, y los Proverbios dicen que se apodera de la preciosa alma del hombre, y que ha arruinado a los más fuertes… Y otros han dicho que es vehículo del demonio. Aclarado esto, querido Adso, no logro convencerme de que Dios haya querido introducir en la creación un ser tan inmundo sin dotarlo al mismo tiempo de alguna virtud…(Sic) En efecto, ha creado al hombre en este mundo vil, y con barro, mientras que a la mujer la ha creado en un segundo momento, en el paraíso, y con la noble materia humana. Y no la ha hecho con los pies o las vísceras del cuerpo de Adán, sino con su costilla. En segundo lugar, el Señor, que todo lo puede, habría podido encarnarse directamente en un hombre, de alguna manera milagrosa, pero, en cambio, prefirió vivir en el vientre de una mujer, signo de que ésta no era tan inmunda…(Sic) Por último, en la gloria celeste ningún hombre será rey de aquella patria, pero sí habrá una reina, una mujer que jamás ha pecado. Por tanto, si el Señor ha tenido tantas atenciones con la propia Eva y con sus hijas, ¿es tan anormal que también nosotros nos sintamos atraídos por las gracias y la nobleza de ese sexo? Lo que quiero decirte, Adso, es que, sin duda, no debes volver a hacerlo, pero que tampoco es tan monstruoso que hayas caído en la tentación” *.  Este diálogo entre el fray Guillermo y su discípulo, Adso, sobre la mendiga que lo sedujo con el fin de obtener un trozo de pan pone al descubierto las veleidades del ser humano en general y los religiosos en particular. Así, lo ilustra en diferentes pasajes el escritor italiano, Humberto Eco, en la novela histórica “El nombre de la Rosa”. (*Página 111, El nombre de la rosa, editorial Bompiani, Harcourt Trade Publishers, 1980).

En la actualidad no existe una conspiración contra la iglesia católica, lo que sucede es que durante varias décadas el vaticano y las distintas diócesis ocultaron los miles de casos contra niños y jóvenes. En los cuatro puntos cardenales del globo terráqueo se visibilizaron los episodios de sacerdotes pedófilos y distintos párrocos dedicados al impulso reproductor y al efímero goce. En el último lustro centenares de instituciones católicas fueron señaladas de complicidad con los perpetradores.

En Australia el 7% de los clérigos de misa, 1.880, fueron vinculados a las investigaciones por más de 4.440 niños violados entre 1950 y 2010. Según la Comisión Real de ese continente, el 60% de los abusos denunciados ocurrieron en los colegios e instituciones de la iglesia católica. El despelote, literalmente, crece a sangre y fuego sin dar sepultura a las atrocidades descubiertas en el orfanato de Dublín, Irlanda, llevadas a cabo por monjas maltratadoras de niñas. A esto, se agregan las denuncias relacionadas con juicios de pederastia en España, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Colombia; en fin, al parecer escasos lugares del mundo permanecen inmunes a las inclinaciones eróticas hacia los niños por parte de ciertos eclesiásticos.

Al igual que sucede en Colombia donde las túnicas la usan los corruptos y los ladrones de cuello blanco que se pavonean de un extremo al otro; en el Vaticano, el Papa Francisco ha tenido a su lado cardenales como, George Pell, acusado en Australia de unos cuantos delitos sexuales. El derecho canónico debe unir esfuerzos con la justicia ordinaria para investigar y condenar, a drásticas penas privativas de la libertad, a los presbíteros culpables de los delitos de abuso sexual o pederastia. Ninguna casa cural por cárcel ni traslados a otras diócesis y nunca, tapar la boca a alguien, cuando la verdad ilumina.

Enfoque crítico – pie de página. ¿Para qué el celibato? Con los calzones calientes, la libido reprimida y las acciones a escondidas. Ser célibe no representa una declaración de mejor o peor persona, quizá, la sotana amedrenta y el verbo ancestral domina el enfado; en cambio, los infringidos ‘mandamientos morales´ ahondan la soledad, la deserción y la mentira.