12 de abril de 2021
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PALUSTRE

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
31 de agosto de 2018
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
31 de agosto de 2018

Víctor Hugo Vallejo

Lo tuvo todo para ser un hombre de empresa, de industria, de administrador de no pocos bienes de familia. Pudo acceder a los mejores colegios y Universidades y siempre se destacó como el más humilde de los estudiantes, pues para él su objetivo no estaba puesto en la materialidad de lo que puede el poder económico, sino en la forma de servir a los demás. Se formaba buscando en todo lo que aprendía los conceptos sustanciales de servicio comunitario e iba forjando una mente que se fue por ese camino, del que nunca se desvió como que no tenía otra manera de entender la vida.

Después de recibirse como Abogado y licenciado en ciencias económicas de la Universidad Javeriana de Bogotá, donde, además, tuvo la oportunidad de ser compañero de muchos de los que luego llegaron a ser dirigentes de trascendencia en diversos sectores, regresó a su Cali natal, de la que nunca se desligó completamente pues tenía las ataduras de un amor profundo por su madre, Martha, viuda siendo muy joven, por quien profesó una admiración, cariño y respeto inigualables y cuya muerte natural y por razones de edad, difícilmente pudo superar, y buscó empleo, algo en lo que pudiera ser útil a los demás.

Egresado de la élite universitaria del país, su primer empleo fue en la Universidad más popular de Cali, la Santiago de Cali, donde fue designado director de proyectos especiales, en el que comenzó a dar muestras de su capacidad visionaria para proyectar el cubrimiento de las necesidades colectivas a largo plazo. Muchos de los desarrollos que esa alma mater tuvo luego, hasta posicionarse como un centro de formación superior de alta calidad, como lo es hoy día, se pensaron cuando ese joven muy blanco, rubio, de presencia tímida y respetuosa fue el que tuvo a cargo los proyectos. Estuvo un buen tiempo, aunque no extenso, pues de una vez un dirigente conservador que supo de sus ejecutorias y de su militancia en el partido conservador, en el que siempre permaneció sin los esguinces constantes de los que se acomodan en cualquier bandera con tal de ser elegidos a cualquier cosa, lo llamó para que asumiera responsabilidades mayores, en lo que no faltaron las críticas, como que se trataba de alguien demasiado joven para asumir un cargo público en el que la dimensión de las cosas comenzaba por el criterio macro de lo que debe hacerse hacia la comunidad.

No tuvo temor, conocía de sus enormes capacidades, de lo aprendido y de lo que seguía estudiando y especialmente de un sentido de la responsabilidad y la honradez aprendidos en el seno de su familia, en la que siempre se ha honrado el cumplimiento del deber y el servicio a los demás.

Se volvió personaje público y no tuvo temor de serlo. Atendió a los periodistas a quienes siempre estuvo dispuesto a darles las explicaciones técnicas necesarias para comprender la economía local y sus proyecciones. De entre esos periodistas hubo quienes se hicieron sus amigos y lo siguieron siendo por siempre, ya que a quien aceptaba como amigo lo sería por siempre, pues jamás propició rompimientos con nadie. Quienes se alejaron de su lado lo hicieron en el egoísmo de poner sus intereses por encima de las causas a las que él se comprometía en cada ocasión. Y fueron muchos los se hicieron figuras a su lado y luego le dieron la espalda con arrogancia, pensando en que eran ellos los trascendentes, lo que poco a poco fue quedando en su justo precio, especialmente para aquellos que nunca supieron de lealtades ideológicas pues se han movido en todas las aguas, no importa que no sean mansas si de allí obtienen los resultados pretendidos. En ciertas ocasiones les ha funcionado, luego ellos mismos desaparecen en el olvido. El no será olvido. Ya es parte de la historia del Valle del Cauca.

Llegó muy joven al ejercicio de lo público y allí entendió que estaba su futuro. Administrar el Estado no es más que servir a la comunidad . Era lo que le gustaba, era lo que soñaba cuando escuchaba las clases de ciencia política en la Universidad. Le gustaba ese contacto con la gente, hablar con ellos, escucharlos, conocer sus necesidades y tener aunque fuera una mínima respuesta de solución. Si el ejercicio del servicio a los demás se obtenía a través de la política, se dedicaría a ella. Fue una decisión irreversible y de la que solamente terminó alejándose, muy poco tiempo, cuando las dolencias y las pocas leales relaciones electorales de muchos de aquellos a quienes formó, le dijeron que era hora del descanso, merecido por demás, aunque no de su gusto. El que sirve se quiere morir sirviendo.

Para la actual expectativa de vida de los colombianos Germán Villegas Villegas se fue muy temprano de ella. Apenas eran 74 años bien servidos. Desde muy joven tuvo dificultades con la presión arterial alta, de lo que siempre se cuidó, pero que permaneció en él como ese enemigo oculto capaz de saltar en cualquier instante y causar demasiado daño. A mediados de agosto sufrió, como consecuencia de esa dificultad, un accidente cerebro vascular, quedando inconsciente, permaneciendo quince días en cuidados intensivos y determinándose luego la irreversibilidad del caso, al desconectarlo de esa costosa vida artificial, se fue de la vida el 25 de agosto de 2018, un poco después de las cinco de la mañana, su hora de siempre para estar en acción, poniéndose al día en las informaciones nacionales y locales y dando inicio a sus múltiples jornadas de servicio a la gente.

Germán Villegas Villegas uno de esos políticos extraños, a quien la gente recuerda por las pequeñas cosas, aquellas que de pronto no generan grandes titulares de prensa, pero que le sirven a la gente como soluciones ciertas a problemas que en la cotidianidad diaria desmejoran la calidad de vida, llegó muy joven a ser Secretario de Hacienda Municipal de Cali, cuando ejercía como alcalde designado Carlos Holguín Sardi, con cuyo grupo político trabajó siempre, aunque de pronto la gente terminara por identificarlo a él como alguien diferente en el movimiento, al punto de que la gente en muchas ocasiones no dudó en decir que ellos militaban en esa facción conservadora del Valle, pero al lado de Villegas.

Su gestión fue positiva y cuando su nombre se puso a consideración del electorado en la lista de aspirantes al Concejo Municipal, salió elegido con una de las votaciones más altas, habiendo realizado una tarea de gestión comunitaria que se recuerda en todos los barrios de la capital del Valle. Era un concejal de constante contacto con la comunidad. Se iba a vivir las experiencias de sus habitantes en los barrios populares y llegó a conocer la ciudad palmo a palmo, sabiendo de las necesidades en cada punto cardinal. Conocía a la gente por su nombre. Entraba a las casas humildes a tomarse un café frío, pero especialmente a escucharlos. No iba a echarles discursos, iba a oírlos, a que le contaran sus necesidades para convertirse en el gestor de las soluciones.

Puso a consideración del electorado su aspiración a la Cámara de Representantes y fue elegido congresista, donde hizo una labor callada, efectiva y cierta especialmente a favor de la educación superior en Universidades públicas y privadas, pero pobres. Respaldó la prórroga de la vigencia pro-estampilla de la Universidad del Valle y la creación de la misma fuente de recursos de la Universidad Central del Valle, en Tuluá.

En 1990 fue elegido alcalde de Cali, con una alta votación y en contra de la maquinaria del alcalde saliente, Carlos Holmes Trujillo García, que hizo todo lo posible por hacerse suceder de su hermano José Renán, e hizo una administración local con huellas que aún son útiles en los barrios populares. Fue la alcaldía de las pequeñas cosas. No tuvo la más mínima reserva de designar una comisión cívica de veeduría ciudadana de la administración, conformada por ciudadanos de las más altas calidades y sin ninguna vinculación con lo público, que le hacía examen constante a su gestión en el deber de todos los funcionarios de atender a los miembros de dicha comisión, en calidad de vigilantes de lo público y él mismo en más de una ocasión admitió críticas y cuestionamientos de esa comisión e hizo rectificaciones administrativas a favor de lo comunitario.

En 1994 se lanzó como candidato a la Gobernación del Valle, para suceder a su jefe político Carlos Holguín Sardi, por lo que no fueron pocos los que le auguraron una gran derrota. Su triunfo no tuvo la menor duda. Y fue, también, el gobernador de las pequeñas cosas. El Valle supo de ese hombre cálido, amable, serio, atento y responsable en el cumplimiento de los compromisos que adquiría. Era la imagen del Gobernador-Trabajador, no de oficina, no de grandes proyectos para deslumbrar a alguien. Era mucho más importante para ese administrador arreglar el camino veredal que permitiera el fácil acceso campesino, que la construcción de edificios espectaculares. Lo importante era la necesidad inmediata, pequeña, útil, cercana de los vecinos de cada lugar.

Alguien alguna vez identificó la imagen de ese trabajo humilde pero efectivo de un administrador público y en una de sus campañas electorales le propuso como imagen el palustre, la llana, ese humilde elemento con que se da acabado a las paredes y pisos en su finalización. Como ese era el sentido que Germán tenía del servicio a los demás, aceptó gustoso la propuesta y en adelante siempre fue la imagen que identificaba todas sus tareas. El día que falleció nos encontramos con un trabajador humilde, quien un tanto desolado nos dijo “Que pena, se murió Palustre” y ni siquiera mencionó su nombre. Sabíamos de quien estaba hablando. Todos lo sabían.

En el año 2000 volvió a pedir el voto de los vallecaucanos para ser nuevamente su Gobernador y muchos dijeron que esa vez si iba a fracasar, lo que fue desmentido con una gran votación, en la confianza del votante de que era elegir a esa persona que los escuchaba, que llegaba a conocer sus necesidades y que tenía la capacidad de solucionar esas falencias inmediatas que hacen parte del bienestar elemental de las comunidades. Fue nuevamente gobernador de 2001 a 2003.

En el año 2006 se lanzó al Senado de la República y fue elegido sin dificultades electorales. Allí permaneció con iniciativas a favor de los que tanto necesitan. Pedía, eso sí, que en las soluciones se involucrara la comunidad, en la convicción de que cuando la gente conoce del esfuerzo de alcanzar las metas, aprecia más lo que se hace y lo cuidan. Siempre predicó el necesario empoderamiento de los necesitados de sus soluciones.

Hizo muchas cosas. Tuvo una amplia perspectiva del futuro. Fue el gran impulsor de la doble calzada a Buenaventura. Fue el gran soporte de la visibilización del Pacífico, fue el creador del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que ahora es un ícono, fue el político que volvió importante a ese puerto al que pocos o ninguno miraban con respeto. German Villegas Villegas siempre consideró que el gran tesoro de esta región de Colombia es Buenaventura y luchó efectivamente por esa causa. Se sentía un porteño más y allí tuvo siempre uno de sus fuertes electorales.

Una de sus constantes preocupaciones fue la formación de nuevos cuadros de líderes entre la gente joven. Impulsó a muchos de ellos que alcanzaron posiciones de mando en el Estado y que cuando se sintieron importantes, pensaron en que su formador era un estorbo y le dieron la espalda. Se fueron en aventuras electorales de las que no salieron bien librados, pero ya no tenían retorno, porque Villegas no admitió nunca que aquellos que le habían sido desleales volvieran a su lado, sin ultrajarlos, sin señalarlos, sin vindicarlos, sencillamente alejándose de ellos. Marcaba las distancias con respeto y sin agravios. Otra de sus características es que siempre se comportó como un caballero, como un señor, que jamás se vio envuelto en ningún escándalo.

Cuando fue director del diario Occidente tuvo una secretaria que pasaría a ser su asistente personal por más de treinta años, María Lucía Peláez Estrada, quien se convirtió en su mano derecha y la persona en quien depositó toda su confianza, y se convirtió en el complemento necesario y sustancial de su obra de servicio. Permaneció a su lado hasta hace poco, cuando el cansancio le marcó el descanso a ella y de manera respetuosa Villegas Villegas le deseó lo mejor y le agradeció su apoyo incondicional. Peláez Estrada fue esa persona que los seres importantes encuentran en la vida, como el instrumento de apoyo y respaldo que se funda en la confianza irrestricta.

Hubo dos momentos en su vida que indicaron su talante. Cuando era representante a la Cámara su puesto en el recinto de la plenaria estaba al lado de Pablo Escobar Gaviria. Existe una foto pública de esto, en la que se le ve. Nunca consintió en confianzas con el narco paisa. Cuando accedió a la Gobernación del Valle por primera vez, llegaron los militares a saludarlo protocolarmente y a proponerle como solución para enfrentar la inseguridad por la guerrilla, la creación y operación de unas Convivir, que un colega suyo ya tenía en práctica en otra zona del país. Contundentemente dijo no y le pidió a los militares cumplir con su deber ceñidos en un todo al principio de legalidad, pues no combatiría violencia con más violencia.

Se gastó la vida en servir a los demás y se fue de ella cuando aún le quedaban muchos deseos de seguir sirviendo. Pasa a la historia del Valle del Cauca como un hombre honrado y capaz de hacer política con el método del contacto con la gente, sin hacer negocios de las soluciones comunitarias. Vivía de los bienes de su familia y de la pensión como Congresista. Nunca tuvo la política y su ejercicio como un negocio. Era para servir.