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Las aves resisten a la deforestación en Colombia y conservan la biodiversidad

Mar Romero Sala

Cimitarra (Colombia), 7 ago (EFE).- La tala de árboles, la ganadería y hasta los cultivos de coca amenazan los bosques del departamento de Santander, en el noreste de Colombia, pero los pájaros de la región resisten en algunas áreas conservadas y preservan la biodiversidad de la zona.

En el límite entre el bosque y un campo de hierba un grupo de científicos del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt localizaron un nido con huevos de paujil piquiazul, un ave endémica y gravemente amenazada.

Crédito: Wikipedia | Alejandro Bayer Tamayo

“Encontramos el nido en un borde del bosque. Normalmente uno pensaría que ellos huyen más de estas zonas vulnerables, pero aunque los ecosistemas sí han sufrido vemos que guardan esta fauna, que son refugio de estas especies”, manifestó a Efe la ornitóloga Juliana Soto, miembro del equipo de aves del Humboldt.

Durante dos semanas de julio, más de 50 científicos del instituto se dedicaron a recorrer la zona rural del municipio de Cimitarra, en Santander, para estudiar la biodiversidad de la zona, identificar qué especies animales y vegetales se encuentran ahí y analizar la relación de los habitantes con su entorno.

“El fin de las expediciones es caracterizar estos sitios que aún están en buen estado y hacerlo en modo exploratorio y llevarnos una parte que nos cuente la historia de este lugar en el espacio y en el tiempo”, definió Soto.

El grupo de ornitólogos lo tuvo difícil: tuvieron que adentrarse bien en la región boscosa para encontrar un lugar propicio porque los campos y los tramos de vegetación que empieza a regenerar el bosque no suele ser un buen hábitat para los pájaros, ya que los árboles aún son delgados y bajos.

Después de una caminata de varias horas cuesta arriba lograron encontrar un lugar donde instalar su equipo y hacer un campamento para investigar la biodiversidad de las aves.

Esta zona de Santander fue particularmente afectada por el conflicto armado y el entorno natural fue una de sus víctimas, especialmente por la deforestación con el fin de sembrar coca y la erradicación forzosa de estos cultivos con irrigaciones de químicos que dañaron los ecosistemas.

Además, es una región donde la industria maderera y la ganadería han sido motores de desarrollo económico, lo que también ha perjudicado el bosque originario.

“Tuvimos que meternos bien adentro para poder encontrar un bosque en el mejor estado en comparación con el resto, por ser un área tan fuertemente intervenida”, recordó Soto.

Allí el equipo se asentó durante más de una semana y abrió sus redes, que ocupaban casi 200 metros de largo por dos de altura, de un tejido negro finísimo, casi imperceptible, para conseguir los ejemplares que vuelan desprevenidos entre los árboles.

Cada pájaro que cae es estudiado: anotan su tamaño, color, si está incubando o no, y algunos de ellos deben ser sacrificados para seguir con su análisis en el Instituto.

“Sacrificar es la parte más fuerte de la historia, a nadie le gusta, pero todo lo que hacemos tratamos de que sea de la mejor manera para que esa vida valga la pena y recogiendo muy buenos datos”, explicó la experta.

Estos ejemplares terminan engrosando la colección de aves del Humboldt, donde se preservan alrededor de 15.000 ejemplares de unas 1.200 especies, y la de tejidos, que conserva material biológico de los pájaros para que esté disponible para la investigación.

Durante la expedición, el equipo de ornitólogos llegó a constatar la existencia de 180 especies distintas a través de las capturas y del registro visual y sonoro, es decir porque las vieron o las escucharon.

De hecho, una científica dedicada únicamente a registrar los sonidos de las aves acompaña al grupo en todo momento ya que en algunos casos hay tipos de pájaros difíciles de ver o de capturar, pero que se les puede identificar a través de su canto.

Además del paujil, los investigadores también registraron dos especies endémicas más, un gran logro para ellos. Se trata del carpintero bonito (Melanerpes pulcher) y la había ceniza (Habia gutturalis).

Para Soto, los 180 registros son “un buen número” que indica “una diversidad alta”, aunque reconoció que esperaban “un poco más”.

Sin embargo, destacó que “dadas las condiciones del bosque, de los ecosistemas y todo lo que están sufriendo” es necesario subrayar que “hay remanentes de bosques que guardan una biodiversidad muy importante con respecto a las aves y que son relevantes porque se conectan con otras zonas de la región y se convierten en corredores”.

Lo anterior les daría la posibilidad a los pájaros como el paujil piquiazul de expandirse y lograr una oportunidad más de sobrevivir. EFE