14 de abril de 2021
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Hambre y cruceros 

27 de agosto de 2018
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
27 de agosto de 2018

Por: Ricardo Tribín Acosta

He tenido la feliz oportunidad de ser un ocasional participante en los cruceros marítimos y siempre he escuchado la cantidad de bromas que se hacen alrededor de lo que allí se come lo cual, para definir en pocas palabras, es muchísimo y, en no pocos casos excesivo y no necesario.

Los «Buffet» de desayuno, almuerzo y comida tienen tal variedad y cantidad de alimentos que, resistirse a la tentación de comer, es tarea más que titánica. Por ello esto de que se va la gente a conservar la línea durante la travesía es una broma bien sarcástica puesto que al finalizar no resulta extraño que el pasajero termine con varios kilogramos demás.

Me pregunto, pues he visto siempre bastante comida no consumida que sobra, qué se puede hacer con ella puesto que almacenarla requiere unas neveras grandes y costosas sin que, como en todo no negocio, no exista al respecto una relación beneficio- costo.

Se me ocurrió entonces elucubrar en que sí se alojan en refrigeradores y al llegar a los puertos se hagan donaciones de estas comidas a los bancos de alimentos para la gente pobre, pensando entonces que , con las deducciones tributarias que estas generen, se paguen las refrigeradoras por sí solas, esto sería un proceso distributivo en el que participarían tres espectadores: las líneas de cruceros, los gobiernos, y los pobres, pensando que quizás con esto podría reducirse un poco la cotidiana hambruna, al menos para unos pocos.