12 de diciembre de 2018

Ese terrible miedo a Marte

1 de agosto de 2018
1 de agosto de 2018
Crédito: Pixabay

Por Guillermo Romero Salamanca

Los poetas y compositores siempre le han tenido cariño a la luna. Decenas de letras y canciones hablan de su belleza, de los aretes que le faltan y hasta un toro se enamoró de ella. El genial maestro Lisandro Mesa impuso por allá en 1982 un paseo que indicaba su deseo por viajar al satélite.

“Como en la luna no habrá Ospina, Rojas, ni Lleras, ni López, Turbay ni Gómez, María Eugenia o doña Bertha, consigo grapa y alambre y me voy a tirar cerca, pues yo creo que, por ahora, no llega el Incora”, sentenciaba en primera estrofa.

Se iba, sencillamente, a buscar fortuna. “Se que en la luna no habrá fronteras con Venezuela, no asociaciones de usuarios, ni campesinos sin tierra, ni rusos esclavizando, ni chinos buscando guerra, ni gringos queriendo ser, los mandamases de la esfera”.

Era una canción de protesta. Lo que a los políticos les ha costado varias campañas, hablando horas y horas en parques, salones y emisoras, Lisandro, el cantante y compositor de Los Palmitos, Sucre, próximo a cumplir los 82 años y a quien no le quisieron dar la corona como Rey Vallenato, lo explica brevemente en tres párrafos, con música y alegría.

Para envidia de muchos finaliza su canción diciendo que “si veo que a las selenitas, les gusta el tipo costeño, me consigo una bonita, allá con ella me quedo, pues yo creo que, por allá, no habrá el control de la natalidad, ni ese eco, compadre, de la paternidad responsable”.

La luna es un sitio para visitar, en cambio hay temor por Marte. Está localizado a unos 399 millones de kilómetros y recibió su nombre como homenaje a Marte, el dios de la guerra de la mitología romana.

Foto You Tube

Lo llaman también como el planeta rojo por su cantidad de óxido de hierro que posee, la Nasa ha llegado allí con pequeños aparatos y los científicos descubrieron agua líquida, pero no auguran mayor vida ni que sea habitable, por el momento.

El miedo de los terrícolas es pensar que allá haya marcianos. El día más aterrador fue el 30 de octubre de 1938, cuando Orson Welles — un actor, director, guionista y productor de cine estadounidense— a través de la cadena radial CBS, hizo una adaptación de la novela de ciencia ficción “La Guerra de los mundos”, del escritor, novelista, historiador y filósofo británico Herbert George Wells.

Orson Welles, que era un dominador de la radio y con un selecto grupo de actores—narraba en un “falso” informativo lo que iba sucediendo con una supuesta llegada a la tierra de marcianos.

Los oyentes que no estaban en sintonía al principio del programa, creyeron que todo lo que se decía allí era verdad. Claro, cualquiera se asustaba, además, porque el supuesto noticiero tenía corresponsales en Toronto, New Jersey y en las mismísimas calles de Nueva York e iban entregando informes sobre supuestos hechos que hacían los marcianos o los seres extraterrestres.

El programa duró unos 59 minutos y en las calles la gente corría de un lado a otro. Hubo desórdenes. Los teléfonos de las emisoras, periódicos, inspecciones de policía y bomberos colapsaron por la cantidad de llamados angustiosos. Había personas que juraban que, en efecto, habían visto a los marcianos.

Fue la locura.

En febrero de 1949, en Quito, quisieron hacer un programa similar y dijeron que en las islas Galápagos habían visto descender a un objeto volador no identificado. Y después anunciaron que había llegado a las puertas de la capital ecuatoriana, pero la gente se dio cuenta que era una broma y entonces cogieron a piedra a los periodistas y al edificio desde donde se transmitían los sucesos. Hubo un incendio y ni la Policía ni los bomberos rescataron a los bromistas y al día siguiente, se percataron que efectivamente, cinco personas habían fallecido calcinadas.

Han hecho otras versiones en México, Portugal y Chile a manera de estudio.

Aunque en televisión presentaron “Mi marciano favorito”, la película “Marcianos al ataque”, se presenta como la más temible visión de los marcianos.

Lo cierto es que, a veces, en Transmilenio y en algunas calles de Manizales, se ven mujeres de otro mundo, que pueden cautivar al más incauto. ¿Serán marcianas?