20 de octubre de 2018

A pasar la hoja

13 de agosto de 2018
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
13 de agosto de 2018

Alberto Zuluaga Trujillo.     

En reiteradas columnas hemos dicho que la polarización que vive el país está causando muchísimo daño, no solo a las instituciones cuya credibilidad día a día las debilita, sino a los colombianos todos quienes, en su inmensa mayoría, tomaron partido a favor o en contra de dos personajes de incuestionable  importancia en la vida nacional. Hoy, igualados como expresidentes, el uno retirado a sus cuarteles de invierno de donde ha prometido no volver para dedicarse a la academia y las conferencias y el otro, llevando la vocería de su movimiento político en el Senado, condujeron a la nación a un peligroso estado de crispación política del cual, solo saldremos, si con inteligencia, responsabilidad y mesura, Iván Duque Márquez cierra la puerta a la intransigencia  y pugnacidad de su Partido. A Dios gracias, su discurso de posesión fue un llamado a la unidad, exento de odios, rencores y mezquindades, en el que propuso un gran pacto por Colombia para construir   futuro y a que, por encima de las diferencias, busquemos  lo que realmente nos una. Prometió reducir la brecha entre ricos y pobres, eliminar las distancias entre regiones que acarician el desarrollo e impulsar aquellas que se sienten atrapadas en la exclusión y la miseria. Fue una intervención afortunada dirigida a sofocar las llamas que un pirómano minutos antes prendiera, para cumplir el mandado como obsecuente servidor. Pasada la posesión, hay más tranquilidad y calma, propia de quienes sentimos que al frente del timón, si bien está un novel capitán, su afán por acertar con tan regia tripulación nos conducirá a puerto seguro. Pero para el logro de este objetivo será necesario poner de nuestra parte. Si bien el Presidente, con su juicio y equilibrado manejo sabrá recuperar la confianza y la credibilidad en las instituciones, nos corresponde a nosotros los ciudadanos desarmar nuestros espíritus deponiendo todo malsano proceder en la creencia absoluta de que a través del respeto debido al Primer Mandatario de la Nación, podremos finalmente recuperar el norte perdido en esta insulsa guerra de odios en donde con epítetos de grueso calibre se descalifica a quien encarna la majestad de la República. No es este el momento para el revanchismo. Juramentado el ganador, deben quedar atrás los ánimos pendencieros y concretarnos en la tarea que a todos nos concierne, cual es la de coadyuvar al éxito de esta empresa llamada Colombia. Si no lo hacemos y seguimos el camino que hemos venido transitando, no teniendo presente  la oportunidad histórica que la democracia nos regalara el pasado 17 de junio en la segunda vuelta, sin lugar a equívocos, la izquierda unida bajo un Petro envalentonado con ocho millones de votos, será la que se instale en la Casa de Nariño dentro de cuatro años. Cuatro años que son muy pocos frente a lo mucho que hay por hacer, si irresponsablemente nos engolosinamos con el poder olvidando el perentorio mandato popular.

[email protected]