12 de diciembre de 2018

Jorge Arango Mejía

14 de julio de 2018
Por Óscar Jiménez Leal
Por Óscar Jiménez Leal
14 de julio de 2018

jorge arango

Oscar Jiménez Leal

oscar jimenez lealHijo de Félix Arango Arango y Sofía Mejía Villegas,  nieto de los Arango que participaron en la fundación de Manizales. Una placa de bronce esculpida con sus nombres y colocada en las paredes de la catedral, dan cuenta de la maravillosa epopeya. Huérfano de padre antes de  los cuatro  y de madre a los catorce años, quedó librado a su propia suerte,  razón por la cual hubo de aprender a leer, escribir, sumar y restar, por sí mismo, como lo relata bellamente en sus memorias. El colegio San José de los Hermanos Maristas le otorgó el título de Bachiller en los  años cincuenta.

Después de cumplir el servicio militar en el Batallón Migue Antonio Caro de Bogotá y salir avante del intento de aniquilar la capacidad de pensar y actuar como persona libre e independiente que allí se practicaba en esos tiempos como disciplina, ingresó a la carrera de derecho en la universidad Externado de Colombia, una casa de estudios donde se enseñan, además,   los principios de la tolerancia, la formación para la libertad, las virtudes ciudadanas y  la convivencia social. En el último año de su carrera le correspondió  padecer los sucesos sangrientos  de mayo de 1957 que fue el precio pagado por  sus compañeros de todo el país para dar  al traste con la dictadura  del General Rojas Pinilla.

Terminados sus estudios universitarios fue designado por el Tribunal Superior de Manizales juez del Circuito Civil de La Dorada. Pero a poco andar fue designado alcalde de Armenia por el Gobernador de Caldas César Gómez Estrada, sin apenas cumplir 25 años.

Posteriormente, una vez creado el departamento del Quindío, el Gobernador Ancízar López lo nombró Secretario de Fomento, Desarrollo y Obras Públicas y luego, fue el segundo Gobernador del departamento por designación del Presidente Carlos Lleras Restrepo.

En 1983 el Gobierno de Belisario Betancur lo envió como embajador a la República de Checoeslovaquia. A su regreso, desempeñó altos cargos directivos, con lujo de competencia,   en la Federación Nacional de Cafeteros, hasta cuando la Asamblea Nacional Constituyente creó la Corte Constitucional,  como máximo organismo guardián de la integridad y supremacía  de la Constitución y Jorge fue elegido por el Senado de la República para integrarla como uno de sus nueve magistrados. Allí ejerció como juez justo e integérrimo sus importantes funciones y dejó brillante estela de sapiencia, profundidad y originalidad en la jurisprudencia  como indeleble contribución a la actualización y modernización de nuestro Estado Social de derecho; en reconocimiento a su labor, sus colegas lo eligieron  Presidente de la Corporación, en tanto prodigaba sus saberes en la cátedra universitaria para bien de sus numerosos alumnos que fácilmente asimilaban sus conocimientos en virtud de la inmensa  capacidad pedagógica del profesor que le permitían  desmenuzar con elocuente facilidad los más abstrusos temas del derecho.

Años después volvería al  ejercicio de su profesión siempre con el mismo decoro, rectitud  y éxito observados desde su iniciación como litigante. En ese campo impidió, gracias al profundo estudio de investigación sobre el derecho comparado que vertió en memorable demanda, que los congresistas colombianos fueran juzgados por su opinión y los votos emitidos en ejercicio de su labor legislativa, defendiendo así el derecho constitucional y universal a  la inmunidad parlamentaria, cuando la Sala Penal de la Corte Suprema pretendía pasar por encima de tan caros principios de la democracia liberal.

Su vena de escritor castizo deviene de parte de su primo Rafael Arango Villegas, el más alto exponente del género costumbrista en el Gran Caldas y de su pariente Silvio Villegas, el notable escritor y periodista manizaleño que, en asocio de Augusto Ramírez Moreno, José Camacho Carreño Eliseo Arango y Gilberto Alzate Avendaño, conformaron el grupo de “Los Leopardos” que tanta resonancia tuvo en el Congreso de la República y en las plazas de Colombia.

Infatigable lector que pudo adueñarse por esa vía de una gran cultura humanística que lo  hacía inmejorable conferencista sobre temas de la historia o  de la literatura y sobre todo un inteligente  contertulio que matizaba con anécdotas pertinentes  su dialéctica impecable que lo  colocaban en el centro de la atención  de toda conversación.

Su prolífica obra jurídica y literaria corre publicada en columnas en el Eje 21 de Manizales, la Crónica de Armenia, El Mundo de Medellín, La Nueva Prensa y El Tiempo de Bogotá.

“Derecho Civil, Personas.” Un tratado sobre la materia producto de las lecciones dictadas en la Facultad de Derecho de la Universidad del Rosario, sirve de fuente nutricia para conocimiento de estudiantes, abogados y legisladores.

“Las Palabras Maravillosas del Quijote”. Una extraordinaria enciclopedia que tras el modesto nombre de índice, destinado a invitar a los jóvenes  a leer la magna obra, nos desvela las mejores virtudes, debilidades y miserias de la condición humana, para resaltarlas, a manera de parábolas, como enseñanzas  para el buen vivir en sociedad.

Y la más reciente obra: “Retazos de Historia Patria”, donde resalta las nobles virtudes de sus antepasados, la estricta educación recibida en todos sus niveles, las vicisitudes padecidas en los importantes cargos desempeñados, una semblanza de los personajes que conoció o con quienes estuvo relacionado profesionalmente. En una palabra, una hermosa evocación de su entorno familiar y de su fecunda trayectoria vital que se convierte,  aunados a otras de su autoría en fuentes de consulta a quienes pretendan escribir sobre la historia contemporánea de Armenia, el Quindío y de la Colombia de ahora y de siempre.

Para esbozar el talante y la personalidad del ilustre jurista y hombre de Estado que inició el viaje sin retorno, me valgo de lo expresado por el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, su amigo, quien en una ocasión apuntó: “Fue un ejemplar Gobernador del Quindío y he tenido siempre su actuación como modelo de pulcritud, de eficiencia y de energía.” Y en otra, al expresarle agradecimiento por su amistad, el mismo ex presidente acotó: “pero especialmente deseo expresarle mi admiración por las virtudes de su carácter, por su desinterés y su lealtad. Ya no es común encontrar en la vida, y sobre todo en el mundo político, gentes como usted.”

A su inteligente,  fiel y noble compañera de todas las horas, de quien dijo Jorge alguna vez: “Cuando quise formar una familia, volví a Manizales, tierra de mis mayores, y de sus jardines tomé la más bella de sus flores: María Lucía Isaza Londoño.” A sus hijos, Mauricio, Jorge y José Miguel Arango Isaza, a sus nueras y nietos, quienes prolongan con su conducta las virtudes de su  estirpe,  va el abrazo solidario de quien, lleno de admiración,   se honró con la amistad de tan grande hombre.