Fontur 2018
Qué esperar del nuevo gobierno

Alberto Zuluaga Trujillo.

Al momento de escribir esta columna, día viernes, no resulta fácil predecir  por quién votarán los colombianos el domingo. Hoy, lunes, el país ha amanecido con un nuevo gobernante, que esperamos sea Iván Duque Márquez para garantizar la estabilidad de las instituciones y el tránsito tranquilo y seguro hacia una nueva forma de gobernar, consultando la realidad que vivimos. La expectativa de un Petro haciendo de Colombia una Bogotá Inhumana, es lo menos que pudiera pasarnos, pero también entendible ante un cúmulo de errores y fracasos a lo largo de nuestra historia republicana, dónde el saqueo y malversación de nuestros recursos han estado al día en los sucesivos gobiernos liberales y conservadores que, ante el duro enfrentamiento de sus huestes, avivado por el apasionamiento de unos y otros, lograron pactar el Frente Nacional, cuya alternatividad presidencial convenida a 16 años nos dejó, al menos, la civilidad política para entendernos como partidos,  no así como colombianos que, hasta el día de hoy, continuamos desangrándonos. La total ausencia de una bien ponderada sindéresis de nuestra clase política, corrupta y dañina, dedicada a esquilmar nuestras finanzas públicas, dio como resultado la altísima votación de lo que significó la izquierda con su candidato Petro, quien ofreciendo el oro y el moro a un pueblo empobrecido y engañado gobierno tras gobierno, acompañó esta propuesta mentirosa como única salida posible en un país enrarecido por la altísima polarización a que fue llevado por el gobierno Santos y el jefe de la oposición, el expresidente Uribe. Quiera Dios, para bien de Colombia que la sensatez se haya impuesto y Duque haya sido elegido, no para gobernar en nombre de otro sino en el propio, pues gran inteligencia y acopio de conocimientos exhibió a lo largo de su campaña que lo hicieron merecedor, para unos, por lo que representa y, para la inmensa mayoría, por lo que significa como persona joven y estudiosa de los grandes problemas nacionales. Prudente distancia deberá guardar de su nominador para poner fin a la polarización, aceptando los juiciosos consejos bien intencionados que de él y de muchísimos compatriotas, previo análisis, sirvan para enderezar el rumbo hacia un nuevo país. Mucho hemos insistido en que el sistema que nos gobierna es un modelo corrupto que, como camisa de fuerza, impide gobernar con equidad y justicia. Reconociendo las inmensas dificultades del momento para la convocatoria de una gran Constituyente, pues sabemos cómo empieza pero no como termina, es menester aprovechar los mecanismos de participación ciudadana para que, a través del plebiscito y del referéndum, se introduzcan los grandes cambios que el país requiere con urgencia, si de verdad queremos transformarnos. Si ahora, bajo este nuevo gobierno que comienza a partir del 7 de agosto y de haber sido elegido Duque, no hacemos el cambio esperado, la izquierda colombiana tendrá el pleno derecho dentro de cuatro años a elegir su representante con todos los riesgos que su mandato implica.

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