1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Por si acaso

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
29 de junio de 2018
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
29 de junio de 2018

Por Carlos Alberto Ospina M.

Un fenómeno que sobrepasa el conocimiento científico por su característica paranormal y la capacidad de emular el misterio del triángulo de Las Bermudas, lugar donde todo desaparece sin aparente explicación lógica, es el bolso o la cartera de una mujer.

El infaltable accesorio está provisto, tanto de cualidades útiles, como de objetos que superan la credulidad masculina. El realismo mágico emerge de la bolsa de cuero, la mochila o el talego de viaje. “Por si acaso”, sin importar el tamaño, comienza el cotidiano llenado de la prenda de vestir. En el fondo debe ir lo que pocas veces se usa: las pinzas por si hay que apretar el remache del cinturón, seguido del paraguas en época de verano y un par de sandalias desechables de tela no tejida. Encaramados pasean los chicles, el cepillo de dientes, la seda y la crema dental, el brillo y el labial, el esmalte transparente, varias ligas para el pelo, un clip metálico y dos vendas adhesivas para poner sobre las ampollas en el talón.

Más arriba se abre paso el cargador del celular, los pañuelos húmedos, la ´cosmetiquera´ que, dicho sea de paso, es otra área colmada de enigmas y artilugios. También, caen en el anzuelo: el lapicero, las cuentas por pagar, la hidratante de manos, el empaque de la válvula del sanitario que no venden por separado, el papelito con la lista de compras y al respaldo de éste, el número telefónico de la compañera de pre-jardín que no sabe quién es.

Otros recursos esenciales: acetaminofén, ibuprofeno, gotas oftálmicas, set de protectores diarios y toallas sanitarias, en el caso de irregularidad menstrual. Así mismo, la lima de papel es un artículo probable y de primera necesidad. Algunas señoras devotas cargan imágenes de santos, el rosario y un frasquito con agua bendita, por si las moscas.

A la mano reposan: la monedera, la billetera, las gafas de sol, el carné de la empresa, la tarjeta del sistema integrado de transporte, el gel antibacterial y por supuesto, el celular. ¡Vamos por partes!

Lo primero que se sale del estuche son los lentes, nunca aparece el encendedor ni el lapicero y casi siempre asoma las narices, lo que no necesita la persona. ¡Cuántas manicuras estropeadas en el fondo de la cartera!, intentando encontrar el celular, el documento, la menuda, el perfume o las llaves de la casa. Por eso, ningún caballero debe sentirse incómodo, salvo ausencia de empatía, cuando una mujer busca el llavero un kilómetro antes de llegar a su residencia. Sólo ellas conocen el particular caos dentro de ese bolsillo. El símil de la madriguera inventada a la medida de cada una.

El enigma gravita en el interior del morral o el bolso de mujer. No interesa las dimensiones ni de qué material está hecho. A pesar de las involuntarias trampas, la cartera, vive dispuesta y preparada para lo que pueda suceder. ¿Quién no resolvió una dificultad específica en virtud de la magia que brota de aquel objeto?

Enfoque crítico – pie de página. Los diseñadores de modas deberían realizar más focus group con las mujeres de diferentes edades para producir sistemas antiespías y contra haladores de accesorios. La idea anida en el internet de las cosas.