2 de marzo de 2021
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La fulminante caída de Mariano Rajoy

11 de junio de 2018
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
11 de junio de 2018

albeiro valencia

El pasado 25 de mayo la Audiencia Nacional española consideró probado que el Partido Popular (PP) y varios empresarios habían creado un sistema de corrupción para amarrar contratos de dinero público y financiar ilegalmente al partido; la red de corrupción venía desde el año 2000, durante los gobiernos de José María Aznar y Mariano Rajoy. El juez Baltasar Garzón abrió la investigación del caso Gürtel, en 2009, con base en grabaciones recogidas por un concejal del PP que no estaba de acuerdo con el fraude.

Pero el PP se dedicó a entorpecer las investigaciones, a destruir las pruebas y a molestar a los magistrados que llevaban el proceso. En 2012 lograron expulsar de la carrera judicial al juez Garzón, pero la justicia siguió actuando. La Audiencia Nacional investigó la sede central del PP en Madrid y demostró que el empresario Francisco Correa era el coordinador de esta trama de corrupción, y en 2017 sentaron en el banquillo a Rajoy, quien ya era el presidente del gobierno. La sentencia golpeó al PP pero también significó una reparación para Baltasar Garzón, quien había aplicado la ley correctamente.

La soberbia de Rajoy

En el año 2011 el gobierno socialista fue golpeado por la crisis económica que sacudió a España y a Europa, lo que facilitó la llegada del conservador PP y del veterano político gallego Rajoy, cinco veces ministro y 14 años a la cabeza del partido.

Desde hace varios años el PP es conocido como el más corrupto de Europa, sin embargo los dirigentes se han defendido alegando que son casos aislados  que sucedieron hace muchos tiempo. Rajoy fue llevado al banquillo en julio de 2017, pero no renunció a su elevado cargo, a pesar de las pruebas de corrupción. El meollo del asunto lo explica el historiador Ernesto Lafuente: “en los 40 años de Francisco Franco la corrupción política se generalizó. Los dirigentes del partido de gobierno metían las manos en el dinero público sin que nadie se los impidiera. Para todos ellos el dinero público era suyo, les pertenecía, y esa forma de pensar y actuar pervivió en el Partido Popular, fundado por los líderes franquistas de 1970” (Revista Semana, junio 3, 2018).

Los dirigentes del partido han respondido a las decisiones judiciales de diferente manera. En 2015 María del Mar Rodríguez, implicada en el caso Gürtel, se quitó la vida en un hotel de Bilbao cuando vio que la iban a procesar; y en 2017 el expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, se suicidó con un rifle de caza para escapar de la justicia.

En su primera sentencia sobre el Caso Gürtel la Audiencia Nacional reveló la existencia de una financiación irregular del PP, durante más de 20 años, y señaló que el presidente Rajoy había mentido en su declaración ante el alto tribunal. Y llegaron las condenas, de hasta 51 años de cárcel a 29 de los 37 acusados de participar en el contubernio de corrupción y obligó al PP a pagar 245.492 euros. Cayeron todos los peces gordos del partido: Rajoy, el número dos del Ministerio de Economía, juzgado por prevaricato; imputados nueve ministros y seis presidentes de comunidades autónomas. Fueron encausados todos los que ocuparon la tesorería del partido.

Cuando se conoció la sentencia se estremeció España; inmediatamente el dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, presentó una moción de censura en el Parlamento para sacar del gobierno a Mariano Rajoy. Pero Rajoy estaba confiado en que en estos 39 años de democracia española no había sido derrocado ningún gobierno y se presentó al Parlamento para enfrentar la moción de censura, con la misma postura de siempre: el negacionismo que le funcionó bien durante siete años.

El jueves 31 de mayo se debatió el caso en el Congreso de los Diputados. Rajoy mostró su soberbia y no acudió al recinto¸ simplemente dijo que “No soy culpable de nada” y abandonó el Parlamento. En cambio se reunió durante 8 horas, en un restaurante, con su círculo más cercano.

El presidente Pedro Sánchez

El PSOE no se durmió. Desde 1977 en España ha dominado el bipartidismo, pero en los últimos años cambió el mapa político por el surgimiento de nuevos partidos. La crisis económica produjo un descontento general que condujo a la creación del movimiento Ciudadanos, liderado por Albert Rivera, y Podemos,  bajo la dirección de Pablo Iglesias, que ayudaron a golpear el poder hegemónico del bipartidismo. Hoy las minorías definen la formación de los gobiernos. Esto lo sabe bien Pedro Sánchez quien contaba sólo con 84 diputados socialistas; en un intenso trabajo convenció a siete partidos minoritarios (Podemos, ERC, PNV, PDeCaT, Compromís, Bildu y Nueva Canarias) y consiguió   un total de 180 votos para remover a Rajoy. Estos partidos se caracterizan, unos por su radicalismo de izquierda y otros, porque tienen como bandera la lucha separatista de España. Así llegó Pedro Sánchez, como el séptimo presidente del Gobierno de la España Democrática. Y asumió ante el rey Felipe VI y la Constitución, por primera vez sin la Biblia y el crucifijo, porque el primer mandatario es ateo.

Ahora llegan los desafíos ¿Cómo gobernar con los intereses y presiones de siete grupos políticos? España marcha por el camino de la recuperación económica y el nuevo gobierno deberá seguir esa línea; pero lo más grave tiene que ver con los intereses separatistas de algunos partidos. La gente está cansada de crisis e incertidumbres y sigue desconfiando de los políticos.