5 de marzo de 2021
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Escopetarra y música para la paz

8 de junio de 2018
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
8 de junio de 2018

Por Augusto León Restrepo

César López, el músico bogotano de ascendencia caldense -su padre era de Salamina- no necesita presentación. Desde hace varios años, unos diez y siete según entiendo, se ha dedicado con su escopetarra a acompañar sus propias canciones y las de un selecto número de artistas, que tienen como tema la paz, la reconciliación, el perdón, las víctimas. Si que también el amor, el desamor, el recuerdo de quienes no están, en fin, los grandes sentimientos e interrogantes existenciales, que vueltos expresión musical, conmueven y concitan.

La escopetarra, instrumento creado por López para dedicarlo a la Paz, es una guitarra que elaboró el luthier Luis Alberto Paredes con maderas colombianas, montada sobre los restos de un arma entregada por alguien que la utilizó para la guerra, un fusil AK 47, de fabricación rusa, que como artefacto de muerte alcanzó la escalofriante cifra de ochenta millones de unidades. No sé si todavía esté en los arsenales de los ejércitos letales, pero sus balas, nos imaginamos, segaron la vida de miles y miles de víctimas del espíritu bélico, que contra natura, ha imperado en la conducta de ese animal irracional  que es el hombre. La Vida es sagrada.

César López, su intérprete, se la ha entregado a artistas que el considera que militan con rigor y pasión en el Partido de la Paz. Juanes la tiene. Los Aterciopelados también. Y López la ha interpretado ante las Naciones Unidas en Nueva York, la Unesco en París, la Casa de las Culturas de Berlín. Y las ha regalado para que allí queden como símbolo de que en Colombia existe el propósito de llenar plazas con la música de la paz, en vez de abarrotarlas con el fatídico ruido de las balas.

Pues bien: César López tiene su casa en un recodo de una zona bogotana que se ha transformado en una especie de Barrio de artistas, de teatros y de bares bohemios. El Park Way. La Soledad. Allí abrió un espacio que lleva el nombre de Auditorio 24 de Noviembre, lo que indica la obsesión por la Utopía de La Paz por parte de su dueño. El 24 de Noviembre del 2016, se dio por terminado en el Teatro Colón de Bogotá el conflicto armado entre el Estado colombiano y las Farc, que durante mas de cincuenta años  se escenificó en nuestros campos y ciudades. Fecha que debería ser de Fiesta Nacional.

Y César nos permitió anoche a unas doscientas personas, asistir a un emotivo concierto con el que él, activistas como Clara López Moreno, gestores como Julián Herrera  y unos destacados artistas querían expresarle a Humberto de la Calle su solidaridad personal y agradecida por haber obtenido para Colombia la posibilidad de que las nuevas generaciones no terminen en los campos de batalla como inocentes inmolados por unas causas que no son las suyas. Las causas políticas y las convicciones, se argumentan y se razonan pero jamás a costa de la propia vida. Las guerras, cualesquiera que sean los argumentos que se esgriman para declararlas, deben ir al museo de las ignominias de la humanidad.

Al son del piano, de las guitarras, del chelo, del tiple y de las voces de los artistas invitados, querían ellos ratificar el «gracias Humberto», que se oyó por parte de los jóvenes colombianos que rodearon a De la Calle con sus consignas de paz y de reconciliación y que no se han acallado ni se acallarán por los resultados efímeros de una contienda electoral. Prevalecerán eso sueños por encima de las incomprensiones, de las deslealtades y de las perfidias. Ténganlo seguro.

Cuando se pretenda destrozar la paz lograda, la música de la escopetarra, las canciones sentidas de María Mulata, recogidas en los Montes de María, el rasgar de los tiples y las guitarras, el piano y el chelo con sus arpegios, como en la mágica noche de anoche 7 de junio nos recordarán el compromiso con la felicidad cuya materia prima es la paz. Y ahí estaremos con los artistas, con los intelectuales, con los exponentes de la cultura, rodeando a sus misioneros. La poética es mas eficaz que la política. Que no nos roben los sueños ni el derecho a ser felices.