5 de marzo de 2021
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Es un buen resultado electoral

6 de junio de 2018
Por Marco Aurelio Zuluaga
Por Marco Aurelio Zuluaga
6 de junio de 2018

Marco Aurelio Zuluaga

Diez millones de colombianos representados en Petro, Fajardo y De la Calle, quieren que el modo de gobernar cambie. Los votos de Duque, Vargas Lleras y los viejos partidos representan a nueve millones de colombianos que esperan un gobierno al estilo tradicional. Estos 19 millones de votos muestran que la polarización entre el SÍ y el NO quedó atrás; el amplio espectro en que se movieron los votantes así lo indica. La sociedad no está trágicamente fracturada; son colombianos todos de bien, que con su voto y sin violencia expresaron qué tipo de gobierno quieren que dirija su destino. La evolución civilista de los votantes y el respecto a las instituciones no están en entredicho.

Durante la campaña no hubo un solo muerto o herido por enfrentamientos partidistas o actuación de la guerrilla; la participación de 19 millones de colombianos en las urnas nunca se había dado; los resultados fueron aceptados sin objeción alguna; la derrota a los partidos tradicionales fue contundente; y las desgastadas maquinarias políticas ya no atienden las órdenes del nivel central.

La segunda vuelta será disputada entre un joven de 41 años y un exguerrillero del M19, algo impensado en Colombia pocos años atrás. Dos ideologías divergentes (izquierda, derecha), y dos candidatos diferentes en su origen, en su formación, en su trayectoria y en sus apoyos. Por primera vez en nuestra historia republicana de doscientos años, la arraigada élite política y económica no impone sus intereses y ambiciones a los dos candidatos en contienda. El uno está con ella, el otro no; algo interesante está pasando.

Muchos jóvenes se metieron en este asunto, y con sus ilusiones, opiniones y actitud fueron un actor principalísimo en este debate, y la balanza electoral giró con su impulso y decisión. La permanencia y presencia cada vez mayor de treinta millones de colombianos menores de cuarenta años en la discusión pública y en el debate electoral, garantizan que el cambio que se inició, llega para quedarse.

Este nuevo escenario político exige que los dos candidatos acaben con esa forma tradicional de combinar política y corrupción, que no utilicen la mentira como argumento de campaña y  hagan promesas que no van a cumplir. No pueden seguir polarizando y fraccionando la sociedad en beneficio de los intereses que representan.

A pesar de la pérdida de Fajardo, Vargas Lleras, De la Calle y la natural decepción de sus seguidores, el resultado electoral del 27 de mayo trae unos mensajes implícitos importantes. En la primera vuelta presidencial algo significativo pasó, y de la forma como la sociedad lo asimile y actúe, gane quien gane, dependerá la suerte de Colombia durante los próximos cuatro años.

6 de Junio de 2018.