Fontur 2018
El uribismo regresa al poder

albeiro valencia

Como era de esperarse ganó la presidencia Iván Duque, en unas reñidas elecciones donde se hizo presente el discurso del miedo; el castrochavismo caló hondo, sobre todo en las capas medias, y los astros se fueron alineando a favor del candidato de Uribe. A una semana de las elecciones la firma Invamer realizó una encuesta sobre intención de voto, para Caracol Televisión, Blu Radio y Semana, para “demostrar” que el candidato Duque con el 57, 2% le había tomado amplia ventaja a Gustavo Petro, con 37,3%. Pero, finalmente, los resultados de la segunda vuelta mostraron a Duque como contundente vencedor con 10.373.080 votos (53,98%) y a Petro con 8.034.189 (41,81%). Esto significa que por primera vez en la historia de Colombia la presidencia se definió entre derecha e izquierda, en un país perfectamente polarizado; y la izquierda se convierte en la única oposición. Pero veamos cómo se produjo el triunfo de Duque.

Las fuerzas de la derecha

Recordemos que en las elecciones del 27 de mayo fueron derrotados los políticos tradicionales, empezando por Germán Vargas Lleras y que la única maquinaria que funcionó fue la del uribismo. Con el triunfo de Iván Duque se fueron subiendo al tren de la victoria todos los lagartos, con ganas de puestos y de contratos: los liberales de César Gaviria, los conservadores, los de Cambio Radical, los católicos de Alejandro Ordóñez, los grupos cristianos de Viviane Morales y, por supuesto, Andrés Pastrana.

Pero ocurrió una rebeldía en el Partido Liberal. Los hermanos Juan Manuel Galán del liberalismo y Carlos Fernando, de Cambio Radical, dijeron que no apoyarían a Iván Duque. Juan Manuel increpó a César Gaviria y dijo que estaba arrepentido de haberle entregado las banderas, en 1990, durante el entierro de su padre, Luis Carlos Galán. Al respecto afirmó que “Esas banderas hay que recuperarlas, el uribismo no representa las banderas liberales, mucho menos las de mi padre. Es una visión de país muy diferente”. Mientras tanto Carlos Fernando renunció a Cambio Radical cuando empezaron los coqueteos entre la bancada de Vargas Lleras y el uribismo.

Pero otros liberales, como los exviceministros de Santos Luis Ernesto Gómez y Daniel Quintero, desobedecieron a César Gaviria y afirmaron que “nos montamos en el gobierno de Santos por su espíritu liberal, trabajamos por el Sí, creemos en la diversidad, no nos identificamos con un proyecto de derecha ni creemos que el partido deba estar ahí”. Después de esto tomaron las banderas de Petro y se sumaron a la campaña de la Colombia Humana, convocando las bases liberales.

Por su parte Sergio Fajardo, quien había conquistado el centro luchando contra la corrupción, contra la violencia y contra la polarización, se alejó de la campaña política avisando que se iría a descansar porque, es “un sueño de muchos años que por fin realizo este fin de semana: ir a ver las ballenas en el Pacífico. Lejos del mundanal ruido. En la selva”. Mientras tanto Duque y Petro seguían, sin pausa, conquistando al electorado.

La votación de la izquierda

Petro contó con los apoyos de los más fuertes electores de Alianza Verde (Claudia López y Antanas Mockus). Recordemos que Claudia era la fórmula vicepresidencial de Fajardo, símbolo de la lucha contra la corrupción, mientras que Mockus es el de la cultura ciudadana. Entonces aparece Petro como el representante de una izquierda moderna, que además puede llenar el vacío que deja el Partido Liberal, en vía de extinción. Logró atraer a dirigentes políticos, intelectuales y líderes sociales, como expresión de fuerzas ciudadanas independientes. Hacía mucho tiempo no se veía en Colombia la contradicción entre el país político y el país nacional, entre los poderosos y el pueblo, entre los de arriba y los de abajo. Si algo dejaron en claro estas dos elecciones es la profundidad de la crisis colombiana, el desplome del bipartidismo y de los caciques tradicionales. Medio país no quiere más guerra y los ocho millones de votos que conquistó Petro se convierten en una barrera contra el caudillismo populista de la derecha uribista.

¿Qué dejaron las elecciones?

Aparece una Colombia nueva porque el país cambió durante la administración de Santos. El Acuerdo de Paz sigue allí, con el reconocimiento de medio país y de la comunidad internacional. Creció la educación política de los colombianos y el nuevo gobierno deberá pensar en los millones que votaron por la izquierda; aquí están los verdes, los polistas, los petristas y otros que votaron contra Uribe, o simplemente por la paz.

¿Cuál es el temor? Duque ganó por las maquinarias que funcionaron muy bien este 17 de junio, pero si quiere liderar un gobierno para todos tendría que gobernar sin su patrón; tarea difícil porque los votos se los debe al caudillo. Fue Uribe quien lo convirtió en mandatario de los colombianos.

Ahora siguen los retos de Duque: el tema de la paz, las relaciones internacionales con los países vecinos, con Europa y con Estados Unidos; enfrentar el narcotráfico, las drogas y la minería ilegal; la reforma a la justicia y la extradición. Pero lo más difícil será la presencia de Uribe, a quien reconoce como “el presidente eterno” y lidiar con una oposición de ocho millones de colombianos.