1 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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EL LABERINTO ESPAÑOL

2 de junio de 2018

Por primera vez en la historia de la democracia española, un presidente del Gobierno ha sido destituido mediante una moción de censura. Mariano Rajoy, jefe del conservador Partido Popular, abandona el cargo después de que el líder del socialdemócrata PSOE, Pedro Sánchez, consiguiera los apoyos suficientes para erigirse en nuevo jefe del Ejecutivo.

La popularidad de Rajoy llevaba ya mucho tiempo en declive, debido a una serie de factores: los sucesivos escándalos de corrupción en el seno de su partido, la progresiva precariedad del mercado laboral pese a algunos síntomas de recuperación económica y, lo último pero no menos importante, el desafío secesionista catalán, del que muchos culpan, en parte, a la intransigencia y altivez del PP.

Sin embargo, el ‘florero de Llorente’ que acabó con Rajoy fue la sentencia de un escándalo concreto de corrupción, el ‘caso Gürtel’, tras un tortuoso proceso judicial de nueve largos años.

Rajoy y su partido, que habían reaccionado con desfachatez   ante las continuas denuncias de corrupción, no lograron resistir los embates políticos y sociales desatados tras el fallo de la Audiencia Nacional, que no solo condenó con durísimas penas a algunos exdirigentes del PP, sino que estableció que la propia organización política se había beneficiado de los sobornos, comisiones y demás corruptelas que movió la trama delictiva.

La caída de Rajoy, aunque tardía, es sin duda una excelente noticia para la salud democrática del país, tan necesitado de pruebas de que la corrupción tiene consecuencias. Ahora bien, el éxito de la moción de censura abre serios interrogantes sobre el futuro inmediato de la política española. El más importante, sin duda, es cómo hará Sánchez, que hoy se posesiona como nuevo presidente, para asegurarse un mandato estable.

El flamante presidente no solo se enfrenta a la oposición  de un sector de su propio partido, alentada  por la ‘vieja guardia’ socialista, sino que ganó la moción gracias al apoyo de una amalgama de partidos que no le auguran un camino de rosas. Entre ellos el  izquierdista Podemos –que ya le ha exigido representación en el Ejecutivo–, el nacionalista moderado vasco PNV –que intentará sacar el máximo provecho de la fragilidad del nuevo gobierno–, el partido radical vasco Bildu y los catalanes ERC y PdeCat, que han abanderado la aventura independentista de Cataluña.

Con este escenario complejo, pueden ocurrir dos cosas: que a Sánchez le vaya muy bien o que le vaya muy mal. Que libre a España del caos político en que se encuentra o que lo hunda más en él. Que sofoque las piras encendidas por Rajoy o que avive el incendio. No habrá términos medios.

EDITORAIL/EL HERALDO