8 de agosto de 2020
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El crucero alemán que hace 100 años fue hundido en Colombia por su propia tripulación

3 de junio de 2018
3 de junio de 2018

A no muchos metros de la costa del municipio de Puerto Colombia, en el noreste del país, se consumía en llamas y hundía el lujoso crucero alemán Prinz August Wilhelm.

Su reducida tripulación rescató lo que pudo de los días de gloria de esta nave a vapor, luego la roció con combustible y dejó que el fuego haga su trabajo.

En la noche del 22 de abril de 1918, abandonado a la deriva, con las válvulas abiertas para acelerar el hundimiento y con la cabina incendiándose, el crucero se fue alejando de la costa y desapareciendo bajo el mar.

Foto: Ilustrativa Getty Images.

En Berlín temían que el Prinz August Wilhelm sufra un destino mucho peor: caer en las manos de Estados Unidos, país enemigo en la Primera Guerra Mundial.

Ese fue el final de una nave que fue pionera en la exitosa industria de los cruceros que parten de aguas estadounidenses hacia los paradisíacos destinos que tiene el Caribe.

Y uno de los episodios, según los expertos, más significativos en los que Colombia se vio involucrada en la Primera Guerra Mundial.

Quedan como prueba los restos del vapor que, un siglo después, siguen ahí sumergidos.

La ruta Atlas

El Prinz August Wilhelm fue inaugurado en 1903 y viajaba desde el puerto español de La Coruña hasta La Habana antes de ser incorporado a una prometedora nueva ruta turística y de comercio.

Desde 1906 salía de Nueva York, hacía paradas por Kingston, Jamaica; Puerto Limón, en Costa Rica; Colón, en Panamá, y después visitaba los muelles colombianos en Santa Marta, Cartagena y Puerto Colombia.

El trayecto completo fue bautizado como la ruta Atlas.

«La naviera alemana propietaria del barco fue una de las primeras en inaugurar el turismo de cruceros. La ruta que salía de Nueva York era turística, pero también transportaba carga. Viajaban como 700 pasajeros, 80 de ellos en primera clase», señala a BBC Mundo el investigador colombiano Álvaro Mendoza.

Mendoza, quien junto a Enrique Yidi es coautor de «De la gloria al olvido: el hundimiento del vapor Prinz August Wilhelm en Puerto Colombia» (2014), añade que los viajeros de primera clase tenían un buen comedor, salas de fumar, pasillos para pasear en cubierta y un muy buen sistema de ventilación.

«No era tan grande como el Titanic, su tamaño era mediano, pero tenía todos los adelantos modernos en lo referido a navegación e ingeniería naval. Era muy moderno para su época», añade.

En 1918, «El Alemán» llevaba cuatro años sin actividad ni mantenimiento y su tripulación estaba reducida al mínimo.

Escapar rumbo a Europa, cuenta Mendoza, era prácticamente imposible. Mucho más por el peligro de ser interceptado por una nave de guerra enemiga.

Además, los espías que Estados Unidos tenía desplegados en Colombia, algunos operando desde la sede de la United Fruit en Santa Marta, llevaban años dando parte de la posición del Prinz August Wilhelm y los demás barcos que se encontraban en la zona.

Un día antes del incendio y el hundimiento de «El Alemán», emisarios de la US Shipping Board desembarcaron en Puerto Colombia para iniciar el traspaso del vapor.

Sin opciones y a contrarreloj, la tripulación levantó las anclas del crucero y dejó que el Prinz August Wilhelm se desplace por la corriente en medio de las llamas.

Alrededor de las 22:00 del 22 de abril de 1918, la bahía se iluminó.

(BBC Mundo)