15 de junio de 2019
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Noticia del hombre orquídea, Guillermo Angulo

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
9 de abril de 2018
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
9 de abril de 2018

Óscar Domínguez Giraldo 

Anorí, Antioquia, 9 de abril de 1928  (Oreja Press).- Felizmente, el método del ritmo no funcionó y por eso, desde hoy, gracias a un bogotazo de amor, “habemus” petacón en casa de la familia Angulo Peláez.

El parto del chiquitín Guillermo fue normal. La comadrona anoriñense se fajó a la hora de cortar el cordón umbilical  y enterrarlo en la huerta. La Negra Peláez entró en  vacaciones forzosas (dieta) de 40 días en los que los platos rotos los pagarán aves de tacaño vuelo, también llamadas gumarras. Pasada la dieta, mamá saldrá para el próximo buchón. Papá Luis Eduardo Angulo alista la munición.

Su gracia será  Guillermo y su razón social o distintivo será el de maestro Angulo. Desde su condición de tal practicará a rajatabla el mandato del Dalai Lama: Comparte lo que sabes, es una forma de alcanzar la inmortalidad. A los 90 años será abuelo primerizo de Martín, hijo de Alejandro en Diana (en la foto,  palmatoscopia del bebé nacido el 28 de febrero).

Tan pronto “acigüeñizó”, el mínimo  aries atacó la producción láctea de mamá, la Negra Peláez.

Se gastará la vida en amor, periodismo, literatura, cine, música, amistad, diplomacia, la alegría de vivir, política, conversación, cocina, idiomas, la fotografía artística y yerbas afines.

Descifrando el vuelo de los colibríes de Anorí,  una gitana vaticinó que en su finca (Orquidiócesis de Tegualda, en Choachí, Cundinamara) – que perteneció del presidente Abadía Méndez-, cultivará orquídeas, heliconias y  anturios. Que no falten la Victoria amazonica ni  la chilenísima Araucaria excelsa sembrada por el mentado Abadía. Cultivará por placer, no por negocio.

Algunos de sus personajes inolvidables serán el ensayista mexicano Alfonso Reyes y el botánico francés Aimé Bonpland, compañero de ruta de Humboldt. Existe el peligro de que en mayo de 2018 hable sobre Bonpland en el Parque Explora, de Medellín. Le meterá orquídeas a la charla.

Diez segundos después de abandonar el hotel de cinco estrellas de mamá la Negra Peláez, el menudo terrícola editorializó con berridos que escucharon hasta sus antepasados mineros, los indios noris.

Por la forma de atisbar su entorno, sus padres anticiparon que el principal oficio del crío será mirar, mirar, mirar.

Entrado en almanaques, el gourment-gourmand comerá quesos pornográficos y tomará vinos castos en París con de sus aurículos y ventrículos García Márquez y Rogelio Salmona, en cuyas Torres del Parque, en Bogotá, vivirá al alcanzar la condición de “noventennial”.

Angulito, huellas

Es de los poquísimos que figurará en la lista de invitados por un tal Gabo a México cuando cumpla años. Angulete será el hipocorístico que le colgará el primer Nobel que tendrá Macondo.

No dispondrá de un segundo para aburrirse. Poblará sus ocios cazándoles gazapos a los depredadores del idioma. Valió la pena vivir solo por cazar lapsus será su divisa.

En su lucidez de activista de izquierda zanahoria, se ganará la vida  al frente del periódico  “Ciudad Viva”, prótesis cultural de la alcaldía de Bogotá.

El párvulo reencarnará en orquídea en próxima andadura. Algo de su sabiduría botánica se la deberá a un forzoso sabático ecológico por cuenta de individuos que reducirán su libertad a su mínima expresión. En el cambalache con los cacofónicos alebrestados en armas de las Farc, el maestro Angulo les cocinará y enseñará inglés e italiano.

Esto hará que se produzca, al revés, el síndrome de Estocolmo: los pupilos de Tirofijo quedarán tan amañados con el de Anorí que casi no lo soltarán.

Del secuestro quedará el escrito “Soledades”, que empieza así: “En reclusión, la primera sorpresa que nos depara la soledad es que el reloj biológico se descontrola y empieza a caminar más rápido, como tratando de llegar más ligero a la libertad…”.

Aunque hay 35 mil variedades de orquídeas, descubrirá una no clasificada que se llamará Sobralia mutisii en honor del sabio Mutis.

Su Beatriz en la vida real se llamará Vanna Brandestini, de Florencia, Italia, no Caquetá. Esta coyuntura  le permitirá leer en su salsa florentina la Commedia (nada de Divina, porque Dante no la bautizó así. Sostiene el políglota Angulo).

A cuatro manos, papá y mamá fabricarán a Alessandro, exitoso productor y director de fotografía, padre de su nieto, y a Paolo, talentoso diseñador de libros, taita  de tres gatos, los que elevarán a cuatro los nietos de los Angulo Brandestini. Los dos vástagos hicieron la primaria en sus oficios mirando la publicidad de la revista Play Boy, no las viejas ligeras de equipaje que poblaban sus páginas. La estética por encima de Onán.

De sus vástagos dirá Angulo que el mayor, Alessandro, dicharachero y descomplicado, fiel copia del original paterno, querrá ser millonario y le irá muy bien. El menor, Paolo, callado e introvertido como la “sua mamma”, soñará con ser pobre y le irá mucho mejor que a su hermano.

Los arúspices de la parroquia vaticinaron también que el pequeño llegará a la noventena con todas las luces encendidas y con el alias de Babbo, como lo llamará su” falsa hija” (nuera). Y con la alegría de vivir intacta.