11 de diciembre de 2018

55 años de la carta de Luther King que nunca le publicó Times

16 de abril de 2018
16 de abril de 2018

Por Guillermo Romero Salamanca

En una celda oscura de la cárcel de Birmingham, Alabama, el 16 de abril de 1963, Martin Luther King, a sus 34 años y uno de los líderes del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos tomó una pluma y escribió en las márgenes de un periódico y en trozos de papel que un guardia le obsequió, una carta dirigida a Times sobre lo que pensaba en esos momentos de alto racismo y persecución.

Estaba preso por su participación en las protestas contra la discriminación racial en los comercios de aquella ciudad del Sur de los Estados Unidos.Días antes, el comisionado para la Seguridad Pública, Eugene “Bull” Connor había utilizado fuertes chorros de agua para disolver las manifestaciones.

Ya no aguantaba más tanta injusticia. Afuera miles de personas gritaban y protestaban por los hechos de racismo. Le habían sugerido varias veces al doctor King que escribiera desde la prisión, pero él se había resistido.

El 12 de abril, ocho miembros blancos del clero de Alabama –los obispos C.C.J. Carpenter, Joseph A. Durick, Paul Hardin, Holan B. Harmon y los reverendos  George M. Murray, Edward V. Ramage y Earl y el rabino Hilton L. Grafman Stallings– redactaron una carta titulada “Una llamada a la unidad”, en la cual se declaraba la existencia de injusticias sociales, pero expresaban que las batallas deberían de ser jurídicas, en las cortes y no en las calles.

Como una respuesta a esa misiva, Luther King escribió a Times sobre lo que pensaba y consiguió sacar su respuesta de la cárcel a través de sus abogados, que se encargaron de que se publicara. Y, de paso, nos dejó un auténtico tratado sobre táctica, estrategia y fundamentos teóricos de los movimientos de lucha por los derechos civiles.

La carta, irónicamente nunca aparecería en el Times.

Los pedazos fueron armados por su ayudante Wiatt Tee Walker y mecanografiada después  por su secretaria Willie Pearl Mackey. La revisó Martin Luther King y la envió a Times, donde le pidieron que la ampliara, pero no era posible y se programó su publicación para el 26 de mayo. Esta demora ocasionó que otros medios sacaran versiones cortas, incluso se emitieron pasquines con la misiva y Times determinó no publicarla.

UNA JUSTICIA DEMASIADO LENTA ES UNA JUSTICIA INEXISTENTE

La carta es un verdadero tratado de derecho y se convirtió en uno de los máximos documentos históricos del siglo XX. Tiene una extensión de unas 12 páginas y cada renglón expresa un pensamiento lleno de filosofía, pensamiento y alerta sobre los derechos fundamentales de los seres humanos.

“Soy consciente de las interrelaciones existentes entre todas las comunidades y estados. No puedo quedarme sentado en Atlanta y despreocuparme de lo que sucede en Birmingham, porque la injusticia cometida en cualquier lugar constituye una amenaza a la Justicia en todas partes. Estamos inmersos en una red indestructible de relaciones mutuas, atados a un mismo destino. Cualquier cosa que afecte a una persona de manera directa, afecta indirectamente a todos. Nunca más nos podremos permitir el vivir con la idea estrecha y provinciana de los “agitadores forasteros “. Ningún ciudadano de los Estados Unidos puede ser considerado nunca forastero en ningún punto del país”, escribió en esta oportunidad el doctor King.

“Nuestras dolorosas experiencias nos han enseñado que el opresor no concede nunca voluntariamente la libertad, sino que esa libertad debe ser demandada por el oprimido. Para ser sincero, todavía estoy por ver una sola campaña de acción directa que no fuera “extemporánea” a ojos de aquellos que no han sufrido en sus carnes la injusticia de la segregación racial. Llevo años escuchando la palabra “¡Espera!”. Esa palabra resuena en los oídos de cada negro con una lacerante familiaridad. Pero ese “¡Espera!” ha significado casi siempre “¡Nunca!”. Debemos entender, como dice uno de nuestros distinguidos juristas, que “una Justicia demasiado lenta es una Justicia inexistente”, dice otro arte.

“Una ley es injusta si se impone a una minoría que, por carecer del derecho a voto, no ha podido tomar parte en el proceso de desarrollo y aprobación de esa ley. ¿Alguien puede sostener que el Congreso de Alabama que estableció las leyes de segregación racial de este estado fue elegido democráticamente? En toda Alabama se utilizan todo tipo de métodos tortuosos para impedir que los negros se registren como votantes, y hay algunos condados en los que no existe ni un solo negro registrado, a pesar de ser negra la mayoría de la población. ¿Puede ser considerada democrática ninguna ley aprobada en esas circunstancias?”, agrega.

“No debemos olvidar nunca que todo lo que hizo Adolf Hitler en Alemania fue “legal” y que todo lo que hicieron los luchadores de la libertad en Hungría fue “ilegal”. Era “ilegal” ayudar y consolar a los judíos en la Alemania de Hitler. A pesar de lo cual, si yo hubiera vivido en Alemania por aquella época, estoy seguro de que habría ayudado y consolado a mis hermanos judíos. Si hoy en día viviera en un país comunista en el que se intenta erradicar ciertos principios importantes para la Fe cristiana, defendería abiertamente que se desobedecieran las leyes anti-religiosas del país”, escribió.