Fontur 2018
Recuerdos del maestro Carlos Vieco

Imagen tomada de El Mundo

Jaime Rico Salazar 

Sin querer en ningún momento subestimar la excelente labor que han aportado al cancionero nacional otros ilustres compositores, y por supuesto, excluyendo a Pedro Morales Pino, el compositor más brillante, más versátil, más prolífico que ha tenido Colombia en todos los tiempos fue Carlos Vieco Ortiz.

 

Pero no fue solamente por el gran número de composiciones que hizo, sino por la belleza de las líneas melódicas que aportó a cientos de poemas de los más inspirados poetas colombianos. El maestro Vieco le puso el sello musical a una linda época de la canción nacional, seguramente la más brillante y sus canciones son las joyas más luminosas de ese cofre musical inmenso que llenó con tanto cariño.

El apellido Vieco es sinónimo de artistas. Músicos, escultores y pintores llevan este apellido en Antioquia y seguramente fue don Carlos la figura cumbre de esta ilustre familia que fundaron don Camilo Vieco y doña María Teresa Ortiz en donde hubo 10 hijos que influidos por la extraordinaria sensibilidad artística de los padres, desarrollaron todos habilidades hacia la pintura, la escultura y la música.

Carlos nació el 14 de febrero de 1900. Realizó sus estudios de primaria en la escuela de doña Merenciana Misas y en la Escuela Modelo y sus estudios de secundaria los hizo en el Liceo de la Universidad de Antioquia. Desde muy pequeño definió sus aptitudes hacia la música y aprendió a tocar la guitarra con sus hermanos mayores. Ingresó a la Escuela de Música Santa Cecilia (hoy el Instituto de Bellas Artes) y sus primeras lecciones se las impartió el maestro Jesús Arriola que fueron complementadas por la guía de don Gonzalo Vidal y Eusebio Ochoa. Aprendió solfeo, armonía, y la ejecución del contrabajo y del piano.

Su primer trabajo en la música fue perforando rollos para las pianolas que vendía su familia. Seguramente muchos de ustedes no saben que son los “rollos”. Un pianista ejecutaba una melodía que perforaba una cinta y esa cinta o rollo era la que se colocaba en el piano para que sonara. Eran por decirlo a manera de ejemplo, como unos casetes grabados que se le ponían a la radiola para que ésta los tocara. No fue mucho el tiempo que este sistema, precursor de los casetes, tuvo vigencia.

En 1923 el Arzobispo Caycedo tuvo la idea de levantar una estatua de Jesucristo en el cerro que entonces se llamaba Las Tres Cruces y se convirtió en un paseo dominguero el ir a conocer el citado monumento. “Echen p’al morro” decía la gente y ese fue el nombre que Carlos Vieco puso a su primera composición musical, en ritmo de pasillo, que grabada por la Orquesta Internacional de la Victor muy pronto se hizo popular. (Victor N° 77967).

Sus primeras creaciones musicales fueron de carácter instrumental hasta que musicalizó el poema de Carlos Villafañe “Invierno y primavera”. (No es de Julio Flórez). Fue la primera de sus canciones que llevó al acetato Juan Pulido en 1926 (Columbia N° 2366).

La fecha en que compuso esta canción es un poco incierta, puede ser de 1922 o 23. La duda nace en la circunstancia de que en la partitura original del maestro Vieco figura la fecha de 1925 y debe ser anterior a 1924, año en el que musicalizó en tiempo de danza los versos del poeta leproso Adolfo León Gómez “Las noches de Agua de Dios” que tuvo repercusiones inmensas por la popularidad que consiguió cuando lo grabaron José Moriche con Juan Pulido en el sello de la Columbia (Nº 2687)) y el mismo Moriche con Antonio Utrera lo imprimió en la Victor. (N° 79229). Los versos del poema fueron enviados primero al maestro Gonzalo Vidal para que les pusiera la música, pero no aceptó, tampoco Nicolás Molina quiso hacerlo. Entonces se los dieron a Carlos Vieco que realizó una excelente línea melódica que comenzó a darle gran popularidad como compositor. La canción se estrenó en una velada que le hicieron al maestro Luis A. Calvo, recluido entonces en el leprocomio de Agua de Dios. En Medellín se cantó por primera vez en el Circo España el 8 de diciembre de 1925 y fue interpretada por Jesús Escobar y Luis Torres.

Después siguieron “Triste y lejano” en 1924 sobre versos de Enrique Alvarez Henao, que fue grabada por Moriche y Utrera. Luego surgieron muchas canciones más entre las que se destacaron el pasillo “Al calor de tu afecto” en 1928 con versos de Santiago Vélez…y “Honda pena” (“La fruterita”) con letra de Roberto Muñoz Londoño. Ambas canciones fueron grabadas entonces en Nueva York por los mexicanos Carlos Mejía con Blanca Asencio el 12 de diciembre de 1928 en el sello Victor (N° 46013)…

Leon Zafir (Pablo Restrepo López) le aportó la letra del vals “Cultivando rosas” con el que obtuvo un tercer puesto en concurso realizado en los Estados Unidos en 1937 por la General Electric y que grabó por primera vez Sarita Herrera el 9 de febrero de 1938… También Víctor Hugo Ayala hizo una bella versión…

Leon Zafir le entregó por ahí en 1931 los versos de “Hacia el Calvario” que una vez musicalizados como pasillo tuvieron que esperar dos años en darse a conocer esperando una situación propicia. Hasta que se interpretó en un congreso religioso que se celebró en el Seminario Conciliar de Medellín (donde hoy está el Centro Comercial Villanueva) en 1933. Un dueto de ecuatorianos que actuaba en una compañía de ópera en el Teatro Medellín fue el que la estrenó con la Orquesta del maestro Gonzalo Vidal. Y fue rechazada en un principio, por cuanto no era de tipo clásico. Monseñor González Arbeláez que la había escuchado en los ensayos, se enamoró de la canción y la impuso en el programa consiguiendo una aprobación total de los religiosos que la escucharon.

Fue grabada inicialmente por Zoilita Suárez en Nueva York el 16 de junio de 1939 en el sello Decca. Y también por el tenor Luis Alvarez con Las Dos Marías, consiguiendo una hermosa versión. (1940)

Pero seguramente la versión que alcanzó mayor popularidad y la que continúa escuchándose fue la que grabó el Dr. Alfonso Ortiz Tirado en 1949 con el respaldo del conjunto Amerindia. “Hacia el Calvario” también fue grabada por Juan Arvizu y por Lucho Ramírez…

Inolvidable es el pasillo “Plegaria” que con versos de Bernardo Palacio Mejía también llevó al disco el Dr. Ortiz Tirado con el Conjunto Amerindia. Versión imposible de superar…

Otra de las hermosas canciones de Carlos Vieco (con León Zafir) compuesta en 1942, que aprendió y cantó en programas de radio Ortiz Tirado fue “Tierra labrantía” de la que no quedó registro discográfico. No entiendo por qué razón no fue grabada en aquella ocasión. Pero sí fue registrada en un acetato cuando la cantó en Bogotá con el respaldo de la orquesta del maestro Francisco Cristancho.

De León Zafir es también la letra del bambuco “Entre naranjales” que grabó el Trío Dalmar en Nueva York. (SMC N° 1085)

De 1943 es “Ruego” con letra de Alejandro Múnera Tobón, pasillo que consiguió una bella interpretación en las voces de Obdulio y Julián y Gómez y Villegas.  El bambuco “Raza” compuesto en 1945 sobre versos de Germán Isaza Gómez, tema que sirvió para que Espinosa y Bedoya y todos los tríos del país despertaran a miles de mujeres galanteadas por una serenata…

Otras de sus canciones llevadas al disco fueron: el bambuco “Morenita”(con letra de León Zafir) que grabó Luis Alvarez en el sello Victor el 22 de abril de 1935 y que también llevaron al disco Ladislao Orozco y Miguel Cáceres (Grupo Cartagena) el 8 de julio de 1935 (Victor N° 32546); el pasillo “Sueño” grabado en Nueva York por Sarita Herrera el 7 de julio de 1938 con Raúl Izquierdo (no fue con Federico Jimeno) en el sello Victor (N° 82446); el pasillo “Ofrenda” con letra de Carlos Londoño fue grabado por Margarita Cueto con José Moriche; el pasillo “Hay que partir”(con letra de Jorge Robledo Ortiz) tuvo excelentes versiones en las voces de Lucho Ramírez y de Posada y Calle; el bambuco “Sin que tú me hicieses nada”, sobre versos de Libardo Parra Toro fue llevado al disco por José Moriche con Antonio Utrera.

El bambuco “No quieras más corazón” con letra de Santiago Vé1ez lo grabó el tenor Luis Alvarez; el pasillo “La última carta” con letra de Roberto Muñoz Londoño fue grabado por Juan Arvizu; Briceño y Añez grabaron el bambuco “Mi selva oscura” (letra de Carlos Villafañe) el 20 de julio de 1928 (Victor N° 81541); el bambuco “Siempre tienes fría el alma” fue grabado por Moriche y Utrera; la danza “Cuando muere la tarde” (letra de Miguel Angel del Río) la llevaron al disco José Moriche con Luis Zamudio, que también le grabaron el pasillo “Besos” (letra de Rufino Blanco).

Obtuvo el primer premio en 1935 con el pasillo “El violento” en concurso que patrocinó la Compañía Colombiana de Tabaco. En el certamen que promovió Indulana y Rosellón en 1941 obtuvo el primer premio con el pasillo “Magnolias”; y en 1942 obtuvo el primer premio en concurso que patrocinó la firma anterior con el pasillo “A orillas del río” consiguiendo además el segundo puesto con la canción “Adiós casita blanca” que tiene letra del presbítero Tomás Villarraga. Con el pasillo “Atardecer” en 1947 fue galardonado con el Premio Interamericano de Música, otorgado en Argentina. En concurso patrocinado por Discos Ondina obtuvo el primer puesto con el pasillo “Magnolias” y en 1950 el Ministerio de Guerra promovió un concurso para dotar de himno oficial al Cuerpo de Caballería y obtuvo el primer puesto con la composición que presentó.

Dos tangos que musicalizó originalmente para el repertorio de Carlos Gardel, con letras de Tartarín Moreira fueron llevadas al disco por Agustín Magaldi: “En la calle” y “Son de campanas”.

Con letra del poeta Jorge Robledo Ortiz compuso la Fantasía “La mazorca de oro”, recopilación realizada con música folclórica brillante que aún se encuentra inédita. En el último certamen en el que presentó obras suyas fue en el Festival de la Canción de Villavicencio de 1965, donde obtuvo Mención de Honor con el bambuco “Caña azucarada” letra de Roberto Botero.

Entre las obras de tipo selecto brillante se destacan 19 fantasías, aún sin título (numeradas del 1 al 19) sobre aires colombianos. Tres zarzuelas, dos para escuelas con el título de “Las vacaciones” y “San Agustín” y la tercera “Romance esclavo” que es la más importante inspirada en temas incaicos y arreglada en tres actos para cantar a cuatro voces, estrenada en el Teatro Junín el 12 de diciembre de 1947.

La inspiración de Carlos Vieco fue inagotable. Una simple idea nos la da el inventario que le hizo el profesor Miguel Angel Cuenca Q. en una obra dedicada a exaltar su memoria y que relacionada rápidamente se traduce en 400 bambucos, 280 pasillos, 55 guabinas, 85 danzas, 15 torbellinos, 10 bundes, 20 criollas, 10 fantasías incaicas, 50 villancicos con aires colombianos, 25 canciones infantiles, 100 obras brillantes como acuarelas, canciones corales, oberturas para piano, gavotas, 15 obras religiosas como misas, salves, 75 marchas, 60 fox-trots, 30 pasodobles, 20 tangos, 10 boleros, las tres zarzuelas anotadas anteriormente y como si fuera poco, 300 himnos institucionales.

En 1983 cuando tuve la ocasión de entrevistar a doña Raquel, su esposa, aún no habían terminado de hacer un inventario completo de su obra. Se considera que pasan de 2.000 composiciones. Gran parte de los datos aquí consignados y las fotografías fueron dados por ella y María Eugenia, una de sus hijas quienes me atendieron con gran amabilidad.

Sus condecoraciones

Valga la pena decirlo, el maestro Vieco fue el compositor que más distinciones y condecoraciones recibió en vida… Afortunadamente, porque en nuestro país se han muerto muchos de nuestros compositores sin una sola distinción oficial. En contraste con esa importancia y el reconocimiento que se le dio a su brillante carrera, era una persona sencilla, sin pretensiones de ninguna naturaleza, amable y cordial.

Extremadamente tímido y silencioso, razones por las cuales siempre fue difícil lograr con é1 mayores datos en una entrevista. En 1971 cuando cumplió 50 años de vida artística, el Gobierno Nacional, siendo Presidente el Dr. Misael Pastrana Borrero y Gobernador de Antioquia, el Dr. Diego Calle Restrepo le otorgó la Cruz de Boyacá el 20 de agosto en grado de Caballero. Ese mismo día Sayco, la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia colocaron una placa en su residencia.

Agradeciendo los homenajes que le hacían el maestro Vieco escribió: “Llevo más de 50 años de actividad artística, dejándome satisfacciones inmensas y muchos triunfos que recuerdo con alegría, uno de ellos es precisamente haber participado con el Conjunto de Tejicóndor en una gira por los Estados Unidos, donde en 1958 pusimos en alto el prestigio de nuestra música con elogiosos comentarios y una acogida resonante en las ciudades de Washington y Nueva York…”

El Gobierno Departamental le otorgó en dos ocasiones diferentes la Estrella de Antioquia. La Alcaldía de Medellín le entregó el Hacha de Oro. El l l  de marzo de 1962 le fue impuesta La Orden del Arriero. El Instituto Colombiano de Cultura le dio una Medalla al Mérito. Y muchas placas, pergaminos, medallas y distinciones que en reconocimiento a su brillantísima labor musical recibió de diferentes instituciones de todo el país.

Su labor docente

También sacó tiempo para enseñar… Fue profesor del Instituto de Bellas Artes, de la Casa de la Cultura, en el Instituto Central Femenino (CEFA) estuvo enseñando durante 32 años. Fue profesor en la Normal de Varones, en el Instituto Jorge Robledo, en el Instituto Antioquia, en el Instituto Obrero y en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Dirigió varias agrupaciones corales y estudiantinas, entre ellas el Conjunto Carlos Vieco con el que grabó para la Victor con las voces de Evelio Pérez y Gonzalo Rivera cuatro canciones: “Las noches de Agua de Dios” y “Mañanera” (Victor N° 23 0839) y “Ruego” con “Barcarola” (Victor N° 23 0838) los coros de Coltabaco, de Xócimos y de Everfit, la Estudiantina de Tejicóndor con la que realizó la gira a Estados Unidos en 1958 atendiendo la invitación que les hiciera la Organización de Estados Americanos (OEA) para actuar en la celebración de la Semana Panamericana. Presentaron 30 conciertos.

Su vida familiar

Fundó su hogar con una mujer extraordinaria, doña Raquel Montoya y tuvieron 12 hijos, pero sólo le sobrevivieron 10: Esther, Julián, Alvaro, Fabio, Gloria, Gonzalo, Cecilia, Lía, María Eugenia y Jaime. Después de una corta enfermedad el maestro Vieco dio el paso a la inmortalidad el 13 de septiembre de 1979. Tenía 75 años. Un día de gran luto para la canción colombiana…
Fotografía y datos biográficos del libro “La Canción colombiana y su historia” y del “Diccionario de la Canción Popular de Colombia” de Jaime Rico Salazar.