11 de diciembre de 2018

Hombres ninguniados

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
20 de marzo de 2018
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
20 de marzo de 2018

Óscar Domínguez Giraldo

No recibí una miserable llamada de felicitación  el día del hombre que se “celebró” el lunes, día de San José, buena persona pero mal carpintero, el rey del bajo perfil, el que le dejó todo el protagonismo a su mujer como esos maridos de reinas arcaicas que todavía existen para divertimento de la galería. Apenas un amable correo electrónico se apiadó de estas carnitas.

Me quedé esperando un besito al aire, una venial palmadita en la espalda, calzoncillos nuevos, el inevitable par de medias, cualquier flor marchita, un almuerzo con la carne que me dispara los triglicéridos, el huevo más grande al desayuno. Señoras y señores, nada de nada.

No incluyo en esta pequeña diatriba a mis cuatro nietos porque todavía no han caído – felizmente- en las redes de la sociedad de consumo que celebra hasta el día del dedo gordo del pie izquierdo, el del paso de una tractomula, la llegada de las cuentas de cobro de los servicios. O el día de las cuerdas vocales. O bucales.

Aunque no lo crean, no me estoy quejando. Estoy registrando una realidad. Los hombres somos prescindibles como las crispetas. Ese olvido “que seremos”, o que somos, se debe quizás a que no hemos hecho bien la tarea. Porque qué más, ¿ah?

El día del hombre no aparecimos ni en el pasa del periódico.  Para no ir muy lejos: ni nosotros mismos nos dimos cuenta. Estoy hablando del tema como por inercia, por no dejar, para aprovechar el archivo de donde tomo algunas de las notas que comparto (mis disculpas por  prepetirme). O porque de pronto nos despertamos con ganas de dejar constancias que pasarán al basurero de nuestra historia personal.

No voy a hablar demasiado mal del varón domado porque nadie está obligado a declarar contra sí mismo, pero tengo la sensación de que los hombres quedamos a medio hacer, estamos sin inventar del todo.  De ahí el silencio del día este que provoca estas líneas.

En eso de que no estamos inventados del todo, nos parecemos a los celulares que de un momento a otro nos dejan colgados de la brocha porque se les agota la batería justo cuando nos iba a entrar la llamada que nos sacaría de pobres.

En países como España e Italia el 19 de marzo se celebra también el día del padre.

Estuve repasando en ese gran libro de ficción que es la Biblia –lo dijo Borges-la vida de san José a ver si me copio de él para hacer méritos “de cara a” al día del hombre en 2019.

Por lo que cuentan los evangelistas, el padre de Jesús no daba qué hacer, no se le conocieron unos cuernos, no se incomodó porque ya María venía con bebé incorporado, no se gastaba la quincena en trago y viejas. Incorporaré parte de este legado a mi menú diario. (Se le iba la mano en taburetes y confesionarios. Pocas camas: insólita forma de control natal).

A regañadientes admito que no he hecho méritos suficientes para que me feliciten estruendosamente el 19 de marzo. Esperaré al día del padre que en Colombia celebramos en junio. Ahí sí soy rey. Algo es algo.

Hombres nuevos

Ya que el día del hombre, celebrado ayer, pasó inadvertido, recordemos que la aldea global está produciendo a diario todo tipo de nuevos machos alfa. Algunos ejemplos:

Falócrata: Sujeto que se las da porque es propietario de la llamada pequeña diferencia. Es de los que piensa, con Arquímedes: “Dadme un pipí y moveré el mundo”. Se da ínfulas imposibles de Don Juan. Su inteligencia empieza y termina en su miembro que saca la cara por él. Bueno, eso es lo que piensa dentro de su megalomanía viril.

Machotes: Así se les dice a aquellos clientes a los que se les va la mano en testosterona. Tienen vocación de sementales. Son capaces de embarazar a través del correo electrónico. Pero sorpresas te da la vida: las mujeres consideran que estos meros machos no son la mejor alternativa para una relación permanente. Sicólogos de las Universidades de Durham y St. Andrews concluyeron que damas hay que los prefieren con rasgos femeninos dizque porque son más fieles que los duros a lo Charles Bronson.

Retrosexual: Un bicho raro en el espectro masculino moderno. No le preocupa comprar el último grito de la moda. Sus trapos son los mismos de siempre. No lo preocupa su apariencia personal. No morirá de estrés por este motivo. Su dieta consiste en comer de todo. Es tan inofensivo que cree en la fidelidad. Si es infiel apenas se da cuenta.

Metrosexual: Hombre que hacen cursillo para mujer. Así de delicado es. No renuncia a  la masculinidad. Es un híbrido, un eslabón encontrado entre el hombre y la mujer modernos. Se amaña más en el spa que en el bar. Madruga a darse besitos de felicitación por existir. Habla con el espejo y se echa piropos. Vive pendiente de su imagen y de su carnal la publicidad. Detesta a los paparazzi pero se angustia si no los ve metiendo la cámara en su vida privada. Sería el principio del fin de su cuarto de hora. Tiene toda la plata del mundo para darse gusto. El inglés Beckham es su ícono.

Todoterreno: Es de rosca universal. Descomplicado, atiende por ventanilla si es necesario. Estamos ante un descomplicado sibarita del amor.

Heterosexual: No se complica la vida sexual. Hace el amor como mandan los cánones y no jodamos más. Cerro aberraciones. Es predecible  en el catre, como es predecible la sed en el desierto y el trago en el bar.

Tecnosexual: Tiene más sexapil la sota de bastos. El “tecno” prefiere un Blackberry o un Ipod a una caricia femenina. La informática es su gurú. Le rinde culto a Onán a través del amor virtual.  El amor se lo pueden dar en el último cachivache electrónico. Le llega la pategallina, el otro nombre de las arrugas, y no se da por enterado. No admite más sexapil que su inteligencia. Parece un lunes perpetuo. Gasta más el Papa en metro que ellos en menjurjes para la cara.