14 de diciembre de 2018

El trompo quiñador

13 de marzo de 2018
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
13 de marzo de 2018

Por: Mario De la Calle Lombana 

mario de la calleLa cuerda se rompe por lo más delgado. Con todo el poder que les da el ser gobierno, el Ministro de Hacienda y el del Interior se fueron lanza en ristre contra el Registrador Galindo, después de que el primero lo obligó a disminuir de 32.000 a 26.450 millones de pesos el presupuesto para las consultas interpartidistas. Lo acusan de haberse equivocado en algo que era imposible hacer bien: adivinar el número de votantes que aparecerían por cada consulta en cada una de las cien mil mesas instaladas por todo el país. El prepotente Ministro Cárdenas, a quien ya no vamos a tener que sufrir sino por unos pocos meses más, ¡loado sea Alá!, y su colega de gabinete Guillermo Rivera, declararon que el gobierno nada tenía que ver, que todo era responsabilidad única del Registrador, quien había hecho una mala distribución de los tarjetones. Los pilatos esos, que le negaron la plata que se necesitaba, se lavan ahora las manos. Tan aseados. Lo convirtieron en el trompo quiñador de este problema, como si se le pudiera exigir a un ser humano poseer la bola de cristal que pudiera predecir esas cifras. ¡Qué absurdo!

La solución de las fotocopias que se vio obligado a disponer el Registrador, no era una solución fácil. Por ejemplo, como yo vivo en el campo, voto en una escuelita rural en el Corregimiento de Villa Carmelo, en zona rural de Cali. En ese puesto de votación se instalan solo tres solitarias mesas de votación. Yo trato de imaginarme, si hubieran faltado tarjetones para las consultas, ¿de dónde diablos se hubiera podido conseguir allí una fotocopiadora? ¿Ir hasta Cali a buscarla un domingo? Problema insoluble.

La solución más fácil, así sea costosa, es que se imprima un número de tarjetones para cada consulta, igual, o al menos casi igual, al número de inscritos en el censo electoral correspondiente a cada mesa. Así, nunca faltarán tarjetones. Sobrarán por millones, obviamente, pero no hay remedio. Así ocurre con los tarjetones para senado y para cámara, que sí se imprimen en cantidad igual a la del censo. La democracia cuesta. Y produce toneladas de basura. ¡Qué se le va a hacer!.

Tal vez habría una solución, pero mientras no se haga un presupuesto en serio, será imposible saber si es peor el remedio que la enfermedad. Se podrían haber sacado los quince millones de tarjetones por consulta, y de pronto hasta un poco menos, y haber enviado a las veredas y los puestos pequeños el número completo de tarjetones. Y haber dispuesto impresoras multifuncionales en las grandes concentraciones de mesas de votación, en manos obviamente de funcionarios de la Registraduría, para suplir las tarjetas que faltaran allí. Habría que ver cuánto cuesta el alquiler de tantos equipos durante todo un día. Pero el cálculo podría hacerse.

Finalmente, el problema terminó siendo pequeño, pero hizo mucho ruido. Hubo declaraciones que pedían la cabeza del Registrador. Hasta el columnista de este diario virtual, Rodrigo Pareja, según se reseña en la sección “Política con pimienta” del 12 de marzo, llegó a preguntar: “¿Ya renunció, señor Registrador Juan Carlos Galindo?” (Ojo Cazador: ¿Si vio que en esa cita se les olvidó abrir el signo de interrogación?) Afortunadamente para él, las palizas que les dieron Duque a Martha Lucía Ramírez y a Ordóñez, y Petro al desconocido Caicedo fueron tan contundentes y sonoras, que las acusaciones de fraude que alcanzaron a lanzarse se vieron silenciadas por la tozuda realidad de los hechos. Pero si esas victorias hubiesen sido estrecha, imagínense el berenjenal de demandas a las que estaría sometido ahora el proceso.

Y, por lo demás, el trabajo desarrollado por la Registraduría fue extraordinario. Fuera de ese manchón impredecible sobre la tarea llevada a cabo, todo lo demás fue un éxito. Culminado con una rapidísima y profusa expedición de los boletines que en pocas horas mostraron los resultados finales −provisionales porque por ley los definitivos solo se tendrán después de los escrutinios− pero que al final resultarán, con toda seguridad, exactos en casi un 100%, y esto hace merecedor al Registrador y a todo su equipo, de una ovación nacional más que merecida.