12 de diciembre de 2018

El maestro Bernardo Gaitán Mahecha

25 de marzo de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
25 de marzo de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Ha fallecido en Bogotá el prestigioso penalista y académico Bernardo Gaitán Mahecha, decano profesoral de la Universidad Javeriana, donde fue distinguido como “Profesor Emérito”, quien además ocupó numerosos cargos  en el servicio público, la academia y la jurisprudencia. Fue ministro de justicia, embajador ante la Santa Sede y Alcalde Mayor de Bogotá, cargo en el cual tuve el honor de trabajar a sus órdenes en el grado de Mayor, como Jefe de la División de Vigilancia de Tránsito del Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte  (DATT), de la capital, mediante comisión del servicio dispuesta por el Ministerio de Defensa Nacional.

Como Alcalde Mayor de Bogotá, el doctor Gaitán Mahecha fue pionero de perseverantes campañas de educación ciudadana muchos años antes de ocurrírsele la idea al también muy prestigioso Alcalde Antanas Mockus, en lo que el doctor Gaitán denominó la Campaña de Disciplina Social que anunciaba y promocionaba por conducto de sus periódicas “Cartas al Ciudadano”, en las cuales, en tono amable y afectuoso, anunciaba sus proyectos de gobierno y especialmente exponía sus ideas y principios sobre las conductas de comportamiento y buenas maneras que debían caracterizar a un buen ciudadano, respetuoso de la ley y del bienestar de sus conciudadanos y vecinos.

Teniendo en cuenta que una de las expresiones más objetivas y concretas de la convivencia y el buen comportamiento en una comunidad radica precisamente en el acatamiento estricto de las normas de tránsito por parte de conductores, usuarios del transporte público y peatones, el Alcalde Gaitán Mahecha concedió siempre especial atención al buen funcionamiento de todos los asuntos de competencia del DATT, dirigido entonces por la Doctora Carmenza Devia Valderrama, entre ellos a la vigilancia del tránsito de la capital, tarea confiada por esa dirección a mi jefatura.

En ese entonces el Departamento de Tránsito y Transportes de la ciudad contaba con un cuerpo propio de cerca de 400 vigilantes, hombres y mujeres uniformados de azul, llamados popularmente “motos”  y  “motas”, también conocidos como “los chupas”, organizados con un escalafón que comprendía “Patrulleros”, Tenientes, Capitanes y Comandantes, caracterizados por normas de disciplina precarias y asociados en un influyente sindicato apoyado e influenciado por intereses políticos a cargo de los distintos concejales, congresistas y dirigentes políticos de la ciudad.

En tales condiciones, ejercer el mando de un personal en un ambiente impregnado de tintes políticos, en el cual cada uno de los subalternos se consideraba a sí mismo como intocable por estar patrocinado por algún poderoso concejal, congresista o líder político local, constituía una responsabilidad resbalosa en la que cada decisión o medida administrativa o disciplinaria debía manejarse virtualmente con pinzas.

Precisamente, pocas semanas  después de mi posesión en el cargo, fui llamado a su despacho por el doctor Gaitán Mahecha, quien me mostró y entregó un extenso memorial dirigido al señor General Ministro de Defensa Nacional y reenviado por éste a la Alcaldía Mayor, documento suscrito por la totalidad de los patrulleros y vigilantes del tránsito bajo mis órdenes, en el cual se quejaban de supuestas arbitrariedades y malos tratos de mi parte. El Alcalde Mayor, simplemente me entregó el texto del memorial y me dijo, “Mayor Alvarez, si los “motos” se quejan de la severidad con la que usted conduce la unidad de vigilancia de tránsito, significa que usted lo está haciendo muy bien. Felicitaciones, siga así.” Y, siguiendo sus instrucciones y los derroteros definidos por la directora del Departamento, así seguí.

Luego, en un gesto de humor negro del que hoy me arrepiento, decidí colgar el dichoso memorial en la pared detrás de mi escritorio y lo ojeaba y chequeaba cada vez que alguno de los signatarios entraba a mi oficina a pedir algún permiso o favor especial que desde luego, y si las condiciones del servicio lo permitían, gustosamente y con largueza, siempre le concedía. En alguna otra oportunidad, en coordinación con personal de la Policía Nacional de Bogotá en la madrugada de un fin de semana cualquiera planeamos y ejecutamos un programa de control de embriaguez para conductores, para lo cual se instalaron sendos retenes sobre la carrera 15, el primero de ellos en la intersección de la calle 85.

En determinado momento, los agentes de tránsito ordenaron detenerse a un conductor, quien hizo caso omiso de la orden y huyó hacia el norte por la misma carrera 15, donde fue detenido por otro retén instalado algunas cuadras más adelante. El infractor, conducido al retén original, visiblemente ebrio se apeó del vehículo y adelantándose al ahora clásico “¿Usted no sabe quién soy yo?”, con voz gangosa y aliento aguardentoso me increpó y amenazó con llamar en ese mismo momento a “Bernardo” para informarle de nuestro atrevimiento.

¿A cuál Bernardo pretende usted llamar?   le pregunté ingenuamente.

“-Pues a mi cercano pariente, Bernardo Gaitán Mahecha, Alcalde Mayor de esta ciudad, para informarle de esta arbitrariedad…”

No necesita usted gastar sus monedas en el teléfono público para llamar al Alcalde Mayor (En ese entonces no existían los celulares), pues afortunadamente el señor Alcalde está parado detrás de usted. Resulta que casualmente el doctor Gaitán Mahecha, quien en ese tiempo tenía su residencia particular cerca de la esquina de la calle 85 con carrera 15, lugar del retén, y quien acostumbraba a escuchar y seguir por el canal de radio usado por los organismos de control de policía y tránsito los operativos realizados en la ciudad, esa madrugada, inesperadamente decidió acudir al sitio del retén para observar en persona el funcionamiento del plan de control de embriaguez a los conductores.

Cuando el soberbio, enojado y supuesto pariente cercano se dio la vuelta y se encontró cara a cara con el mismísimo alcalde de la ciudad, se le aflojaron las corvas y por poco se va de bruces  contra el pavimento. Lo que si es seguro es que se le espantó la “perra” por completo y quedó sobrio y fresco como una lechuga, aunque oficialmente repudiado, desconocido y desbancado de su supuesto e inexistente parentesco. Ese era el talante del añorado Maestro y jurista ejemplar Bernardo Gaitán Mahecha, cuya ausencia definitiva de este mundo hoy lamentamos muy sinceramente.