14 de diciembre de 2018

Una historia para no repetir

19 de febrero de 2018
Por Marco Aurelio Zuluaga
Por Marco Aurelio Zuluaga
19 de febrero de 2018

Marco Aurelio Zuluaga Giraldo

Hace trescientos años en Edimburgo, se creó la Compañía Escocesa de Comercio y se fundó el Banco de Emisión para construir el canal de Panamá, pues según los escoceses, quien se hiciera dueño de Panamá, dictaría su ley al mundo.

Ciento cincuenta años después, desatada la fiebre del oro en el lejano oeste norteamericano, se requería construir una vía rápida y segura entre Nueva York y California. Los inversionistas de Estados Unidos y Europa se pusieron en esa tarea, decidiéndose por Panamá.

En Colombia los dirigentes y gobernantes de turno estaban inmersos debatiendo entre centralismo y federalismo, se vaciaban las arcas públicas sosteniendo las guerras civiles del siglo XIX y se desarrollaba la desordenada Convención de Rio Negro, en la cual se entierra sin pena ni gloria la propuesta para que Panamá fuera la capital de Colombia. El gobierno de Estados Unidos promovía la creación de una empresa de transporte para construir un ferrocarril que uniera la ciudad de Panamá sobre el Pacífico con la ciudad de Portobelo, sobre el Atlántico.

En enero de 1855 transitaba por Colombia el impetuoso octavo gran ferrocarril que se construía en el mundo. “El caballo de oro” fue un gran negocio para todos. Representó el 10% de los ingresos fiscales de la Nación, produjo importantes rentas por aduanas y generó una gran demanda de bienes y servicios. Nueva York y San Francisco sostenían el crecimiento de su riqueza a través de Panamá. Quedaba pendiente por resolver el asunto del canal interoceánico.

Pese a las contradicciones y dilaciones del gobierno de Colombia, frente a la claridad y celeridad impuestas por el gobierno de Estados Unidos,  se firma un tratado entre los dos países para construir el canal. Se reconocía la soberanía de Colombia sobre Panamá, se pagaban diez millones de dólares por una sola vez y se establecía un estipendio anual durante cien años, terminados los cuales la operación revertía a Colombia. Las rencillas y los prevalecientes intereses personales de la dirigencia colombiana en Bogotá no permitieron ratificar en el Congreso el tratado que se había firmado. Estados Unidos activa entonces una insurrección separatista en el istmo y atraca sus barcos de la marina de guerra en Colón y ciudad de Panamá; así, garantizó el éxito del cuarto intento de separación de Colombia. Finalizaba el año de 1903.

Al igual que entonces, hoy en Colombia se desvía el foco del debate público entre el SI y el No, o, que si la guerra, que si la paz. El mundo demanda con urgencia una mayor producción de alimentos, Naciones Unidas afirma que sólo cuatro países pueden ampliar su frontera agrícola; Colombia, dada su cultura y geografía, es el primero entre los cuatro.

Se requiere una nueva visión de la ruralidad que incluya a pequeños, medianos y grandes productores, un impulso a la agroindustria, la pesca, la artesanía, el turismo y la minería sostenible. La agricultura hay que ponerla de moda; la historia no puede repetirse.

PD: Oscar Alarcón Núñez, con su libro “Panamá capital de Colombia” motivó este artículo.

19 de Febrero de 2018