10 de diciembre de 2018

Los papeles del Pentágono

25 de febrero de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
25 de febrero de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Esta semana acudí al cine a ver “The Post, Los Oscuros Secretos del Pentágono”, película actualmente en cartelera, que cuenta con las actuaciones de la actriz Meryl Streep y el actor Tom Hanks, bajo la dirección de Steven Spielberg, trío de veteranos que garantiza la calidad de cualquier trabajo fílmico en el que participen, situación respaldada con la colección de premios “Oscar” de la Academia que han conquistado los tres durante su prolongada trayectoria cinematográfica. La interesante película relata la historia real del trabajo de un grupo de periodistas del diario The Washington Post liderado por la recién llegada directora Katherine Graham, hija de Eugene Mayer antiguo director y dueño del diario, machista furibundo quien siempre maltrató y menospreció a su hija por el hecho de ser mujer y prefirió legar la mayor cantidad de acciones y la dirección del diario a su yerno Phil Graham y no a su propia hija Katherine, quien luego del suicidio de su esposo Phil, debió asumir el cargo en forma accidental e inesperada.

Recién posesionada, la novel directora tuvo que demostrar su temple y personalidad al enfrentar las tensiones propias del estado de polarización existente en los Estados Unidos en torno al tema de la guerra de Vietnam, conflicto que afectó las administraciones de cuatro presidentes de los Estados Unidos, a saber, Kennedy, Johnson, Nixon y Ford. En todo el territorio del país, pero especialmente en Washington, las multitudinarias y violentas manifestaciones de protesta contra la guerra de Vietnam eran materia de desazón en el entorno gubernamental, político y periodístico estadounidense.

En condiciones tan adversas, tuvo que afrontar la grave responsabilidad de publicar o no en su periódico, apartes de una gran cantidad de documentos clasificados con información altamente sensible, obtenidos clandestinamente, relacionados con operaciones militares en el conflicto de Vietnam, memorandos, informes equívocos, cálculos erróneos, órdenes de operaciones, suministros de materiales de guerra, datos de inteligencia, análisis de errores y fracasos en los esfuerzos de guerra, datos sobre “metidas de pata”, progresos y pérdidas humanas y logísticas, estudios y proyecciones estratégicas contratados por la Secretaría de Defensa por instrucciones del Secretario Robert S. McNamara con “Think Tanks” externos, entre otros, la Rand Corporation, entidad privada, dotada de equipos de expertos analistas especializados en política y conflictos internacionales, con sede en Santa Mónica, California y la Stanford Research Institute, de similares capacidades y características. A partir de entonces, dichos documentos fueron conocidos periodísticamente como “Los Papeles del Pentágono

El extenso y completo documento de estudio sobre todos los detalles de la guerra, había sido ordenado por el Secretario de Defensa McNamara desde junio de 1967 y según él mismo lo confiesa en su libro “In Retrospect, the Tragedy and Lessons of Vietnam”, publicado en 1995, tenía por objeto servir de memoria y fuente confiable para el estudio y consulta de estudiantes y jóvenes del futuro sobre las razones, motivaciones, consecuencias, aciertos y errores de juicio intervinientes en el compromiso de los Estados Unidos en un conflicto ocurrido al otro lado del mundo, en un país absolutamente desconocido para los norteamericanos, 98% de los cuales estaban en esos momentos en incapacidad absoluta de señalar su localización geográfica en un mapa.

La delicada información estaba contenida en más de 10.000 páginas, copiadas subrepticiamente y sacadas clandestinamente de los archivos reservados de la Secretaría de Defensa, situados en las instalaciones del Pentágono, por Daniel Ellsberg, un funcionario de nivel medio, aunque con suficientes niveles de seguridad y confianza en esas dependencias, quien procedió a facilitarle las copias al periódico The New York Times que publicó la primera parte del extenso informe el domingo 13 de junio de 1971, lo que provocó enorme escándalo y sorpresa en todas las esferas de la opinión pública y un severo sacudón en el seno de la Casa Blanca, el Pentágono, el Congreso y las demás instancias del gobierno estadounidense.

El sorprendido estamento gubernamental reaccionó de inmediato y por conducto de su Secretaría de Justicia intentó, por todos los medios legales a su alcance, bloquear la continuación de las publicaciones subsiguientes. Al enterarse de la publicación de su competidor de Nueva York, las directivas del Washington Post localizaron a Daniel Ellsberg y le solicitaron copias del material, por lo cual fueron objeto de amenazas legales por parte de representantes autorizados del gobierno del presidente Nixon en caso de persistir en su empeño. A pesar de los consejos de sus asesores jurídicos en el sentido de abstenerse de publicar el comprometedor material, la aparentemente inexperta y tímida Katherine Graham, propietaria y directora del Washington Post, decidió correr el riesgo de sufrir sanciones y represalias legales que podrían incluir cuantiosas multas y penas de prisión para ella, para su editor y su junta directiva, lo que significaría la virtual desaparición del periódico del escenario periodístico y político de la capital de la nación.

Por su parte, el Fiscal General John N. Mitchell, argumentando riesgos de seguridad nacional interpuso sus buenos oficios ante las directivas del New York Times para que se abstuvieran voluntariamente de continuar con la publicación del voluminoso material, petición que fue cortésmente rechazada por los editores quienes manifestaron que solamente se atendrían a las disposiciones que en tal sentido tomara la Corte Suprema de Justicia, organismo que dio vía libre al periódico para continuar con la publicación de los documentos y que por añadidura también allanó el camino para la proyectada publicación del Washington Post.

Las investigaciones federales sobre la filtración del material reservado condujeron hasta la identificación del infractor Daniel Ellsberg quien fue procesado por la posesión de documentos de carácter clasificado y quien el 28 de junio de 1971 decidió confesar la filtración y posesión de los documentos sustraídos y su entrega al periódico The New York Times. Luego el 3 de septiembre de 1971, siguiendo instrucciones de la Casa Blanca, agentes de seguridad apodados “plumbers” (“plomeros”) por ser expertos en localizar y taponar filtraciones, irrumpieron irregularmente en el consultorio del psiquiatra de Daniel Ellsberg en pos de pruebas incriminatorias en su  contra. Seis de esos agentes fueron incriminados por conspiración. Más tarde, el 11 de mayo de 1973, Ellsberg resultó absuelto de todos los cargos debido a la conducta asumida por el gobierno. Poco después quedó en evidencia el mismo tipo de misiones secretas de infiltraciones y espionaje planeadas y ordenadas por la Casa Blanca, esta vez contra una sede demócrata en inmediaciones del Hotel Watergate en Washington, que desató el escándalo político que culminó con el juicio, condena, perdón otorgado por el Presidente Gerald Ford y la forzada salida del poder del presidente Nixon el 9 de agosto de 1974.

La verdad es que en el caso de Vietnam, las cosas mostraban situaciones cuestionables y conductas poco dignas que dieron sentido a las protestas y al rechazo general de los ciudadanos a la continuación de la intervención norteamericana en una guerra tan distante y ajena. Toda la contracultura “hippie” de la década del 60 con slogans tales como el “flower power” y “haga el amor y no la guerra” así como con expresiones musicales de artistas tan conocidos como Simon and Garfunkel, The Mamas and the Papas, además de otros como Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Santana, Joan Baez y Ravi Shankar, participantes en el famoso festival de Woodstock, celebrado en Bethel, NY entre el 15 al 18 de agosto de 1969, evento matizado con consumo de drogas, sexo y música de protesta que giró en torno al rechazo de la juventud y la sociedad norteamericana a la guerra de Vietnam.

Son interminables los motivos de vergüenza causados por conductas individuales, colectivas o incluso gubernamentales que mancharon este conflicto bélico. Tomemos por ejemplo el caso, conocido como la “Matanza de My Lai”, ocurrido el 16 de marzo de 1968 cuando el primer pelotón de la Compañía C del Primer Batallón, Brigada 11 de la División 23 de Infantería, al mando del Teniente Wiliam Laws Calley Jr. reportó un combate con supuestos enemigos del Vietcong en la pequeña aldea de My Lai, situada en la  provincia de Quangngai con el resultado de 347 bajas enemigas. En tales momentos de la guerra imperaba el perverso principio del “body count”, según el cual, los éxitos de las tropas norteamericanas y sus méritos militares se medían por el número de bajas enemigas reportadas. Esta anómala situación justificaba  muchos casos de “cuentas alegres” de comandantes militares, pues hubo ocasiones en las que se reportaban como bajas enemigas en combate, hasta las muertes de civiles en accidentes de tránsito en hechos ajenos a cualquier compromiso bélico, situación similar a la de los clásicos “falsos positivos”.

En el caso de My Lai, las bajas “enemigas” reportadas por el Teniente Calley resultaron ser aldeanos de condición humildísima, ancianos, niños, bebés de brazos, mujeres viejas y jóvenes, algunas de las cuales fueron violadas antes de ser pasadas a cuchillo y luego de ser incendiadas las modestas viviendas de la aldea. Naturalmente, entre el reguero de cadáveres no se encontró ningún arma ni evidencia alguna de resistencia de las víctimas a la indiscriminada matanza. El caso fue conocido hasta el 12 de noviembre de1969, es decir, 18 meses más tarde, gracias a las declaraciones de dos testigos directos del hecho, el fotógrafo Ronald Haeberle, a quien se debe el espantoso testimonio gráfico de los centenares de víctimas destrozadas dentro de una zanja y el corresponsal de guerra Jay Roberts, quienes formaban parte de la patrulla del Teniente Calley, por cuyo conducto la noticia de semejante barbaridad llegó a conocimiento del periodista independiente Seymour Hersh, quien a su vez dio a conocer públicamente estos sucesos que causaron asombro en el mundo entero y estupor entre la opinión publica norteamericana que había idealizado siempre a sus soldados como guerreros honestos, valientes y generosos, paladines de la libertad y la democracia al servicio de los pueblos del mundo y por lo tanto ajenos a cualquier acción criminal o mal intencionada.

Las investigaciones de la justicia penal militar de los Estados Unidos llevaron al Teniente Calley y al Sargento David Mitchell ante una corte marcial en la cual, el 29 de marzo de 1971, Calley fue condenado a cadena perpetua, pena que tras sucesivas reducciones se convirtió finalmente en tres años de arresto domiciliario, es decir, tres días de confortable confinamiento por cada víctima civil. Cualquier parecido con situaciones locales conocidas, es mera coincidencia.

Este conflicto estuvo matizado con múltiples situaciones cuidadosamente  justificadas algunas veces, algunas desconocidas e ignoradas y otras suficientemente analizadas a posteriori que vale le pena conocer, por lo cual esperamos referirnos a algunas situaciones puntuales en un futuro cercano. Por ahora, considero valioso y aleccionador el conmovedor testimonio de uno de los principales protagonistas de esta tragedia vivida y padecida en Indochina, el Secretario de Defensa de las administraciones de Kennedy y Johnson, Robert S. McNamara, quien en el prefacio de su emotivo libro “In Retrospect, the Tragedy and Lessons of Vietnam”, a manera de “mea culpa”, confesó:

Nosotros, quienes colaboramos con las administraciones de Kennedy y Johnson y participamos en la toma de decisiones sobre Vietnam, actuamos de acuerdo con lo que pensamos eran los principios y tradiciones de esta nación. Tomamos nuestras decisiones a la luz de estos valores. Pero estábamos equivocados, terriblemente equivocados. Debemos una explicación a las futuras generaciones, de lo que sucedió.”