Fontur 2018
La cultura de las armas en Estados Unidos

albeiro valencia

Cada que hay una masacre en este civilizado país se prende el debate sobre la Segunda Enmienda de la Constitución, que permite el uso de las armas. La última matanza, ocurrida el Día de San Valentín, conmovió a un porcentaje alto de los estadounidenses por las particularidades del horrible acto. Eran las 2:25 de la tarde cuando sonó la alarma de incendios, por segunda vez ese día, en el colegio Marjory Stoneman Douglas de la ciudad de Parkland (Florida). El exalumno Nikolas Cruz, de 19 años, quien había sido expulsado de la institución, regresó con un rifle semiautomático (AR-15) y disparó contra sus antiguos compañeros, dejando un saldo trágico de 17 muertos y 15 heridos.

En la escuela lo recuerdan porque portaba armas, intimidaba a los compañeros, era retraído y rompió una ventana a patadas. La decisión fue expulsarlo. El pasado mes de septiembre había colgado un video en YouTube, donde mostraba sus intenciones: “Voy a ser un pistolero de escuelas, profesional”. El FBI recibió la alerta, pero no hizo la investigación. Más tarde, el 5 de enero, alguien avisó al FBI que el joven Nikolas Cruz podía llevar a cabo un tiroteo, porque poseía armas, había expresado deseos de matar, se comportaba de manera anormal y hacía publicaciones inquietantes en las redes sociales. Pero el organismo de seguridad no siguió los protocolos y no investigó el aviso de advertencia. Sobre este delicado tema el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, ordenó una revisión inmediata de los protocolos de actuación “para asegurar que alcanzamos el nivel más alto de respuesta efectiva y rápida a las señales que nos llegan de riesgo de violencia”.

La respuesta del presidente Trump es la misma de siempre: “Mis pensamientos y oraciones están con las víctimas”. Dijo que Cruz era enfermo mental, que sus compañeros lo sabían y que siempre hay que reportar estos casos a las autoridades; advirtió que lo que se debe hacer es mejorar la seguridad en los colegios.

La presión de los fabricantes de armas

Aunque parece mentiras el ambiente de discusión que genera cada acto de terror es aprovechado por la poderosa Asociación Nacional del Rifle (ANR) que asegura que “la mejor forma de detener a una persona mala, armada, es con una persona buena bien armada”. La ANR cuenta con cinco millones de afiliados que defienden el libre acceso a las armas y lo han conseguido bien. La Segunda Enmienda de la Constitución, redactada en 1791, es muy clara: “El derecho del pueblo a poseer y portar armas no será restringido”. De acuerdo con un informe del Servicio de Investigación del Congreso en 2009, nueve de cada diez estadounidenses tenían un arma en su hogar; y por esta razón en lo que va del año se han registrado 18 tiroteos en centros educativos de Estados Unidos, y en 10 de ellos se registraron muertos y heridos. Cada 60 horas se oyen disparos en algún colegio de este país; y entre los años 2011 y 2017 fueron asesinadas 200 mil personas.

Pero estas muertes ayudan a sostener uno de los pilares de la economía porque los monopolios que producen armas son un grupo con enorme poder económico y político. El negocio no tiene control por parte del Estado y alimenta los conflictos que van estallando en diferentes países y a las organizaciones criminales de Estados Unidos y de América Latina y surte también los hogares de clase media golpeados por la violencia cotidiana; estos ciudadanos no pueden vivir sin un arma, en un país donde impera la ley del más fuerte.

El presidente Trump afirma que el problema no son las armas sino la salud mental de las personas ¿Qué está pasando en esta sociedad donde son frecuentes estas masacres? A los líderes republicanos del Congreso no les interesa discutir soluciones políticas para el flagelo de la violencia armada, ni impulsar el debate de fondo; después de cada desgracia bloquean cualquier iniciativa dirigida a controlar el uso de armas. Desde el Congreso amenazan con quitar la financiación a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, si intentan estudiar la violencia armada. La causa está en los aportes que hace la ANR a las campañas políticas; en el año 2016 fue de 52.6 millones de dólares; Mc Connel, de las mayorías republicanas del Senado recibió 1.3 millones. Donald Trump también logró el apoyo de la Asociación y como compensación se comprometió a derogar los decretos firmados por Obama para regular el acceso a las armas de fuego.

Cada vez que ocurre una masacre la gente sensata pregunta si debería haber controles más estrictos, pero inmediatamente llega la ANR y cierra la discusión. Además, alegan un tema de principios: muchos no quieren al gobierno que limita los derechos. Por último, el fusil más utilizado en los tiroteos es el AR-15; es el arma que ha protagonizado las masacres más sangrientas en Estados Unidos, porque tiene capacidad para disparar más cantidad de proyectiles sin necesidad de recargar. Pero su popularidad se debe también a que se puede personalizar y modificar la longitud de la carabina, los cañones y el sistema óptico. Para comprar un fusil como este solo se necesita ser mayor de edad y no tener antecedentes penales. Según datos de la ANR es una de las armas semiautomáticas más cotizadas en el país; en 2016 sus ventas significaron el 61% del total de armas de este tipo. De acuerdo con los expertos cada que hay una masacre aumentan las ventas del AR-15, ante el temor de una posible prohibición. Además, su precio es más asequible para alguien de clase media, pues se consiguen entre 600 y 1.100 dólares.

Pasará el tiempo y como siempre, después de algunas semanas, la matanza de San Valentín quedará en el olvido; pero mientras tanto los estadounidenses normales se quedarán esperando la siguiente masacre.