Fontur 2018
Guias turísticos, el olvido que serán

Óscar Domínguez Giraldo

Como los guías turísticos – wikipedias que caminan- se han vuelto necesarios como el pan y la poesía, y ya que en Bogotá estamos de mucha vitrina de ANATO 2018, no sobra repetir el elogio de este gremio encargado de mejorarle su bagaje cultural al caminante que va de prisa por la vida.
Generalmente, su carné de identidad es una sonrisa de oreja a oreja. Mientras están devengando con el sudor de la lengua, los guías tienen prohibido cansarse, aburrirse, llorar, dormir.
Por el mismo sueldo son papás, mamás, médicos, actores, adivinos, narradores, siquiatras, poetas, gourmet-gourmands, historiadores, reporteros, sociólogos, banqueros, proxenetas.
Su desgastador oficio les exige un físico de atleta del decatlón. Hablan ex cátedra, como los papas. Cuando ignoran un dato se lo imaginan para no defraudar. Mejor no crear desconfianza.
Tienen la palabra, el verbo, por cárcel perpetua. Es su herramienta de trabajo. ¿Preguntas?, gritan de pronto para hacer pellizcar al pequeño mundo que los siguen.
Su memoria es de elefante enrazado en ajedrecista: se graban rápido nombre, grupo sanguíneo y aberraciones de cada uno de los miembros de su séquito.
Conocen la intimidad que se esconde debajo de una piedra. Saben que en aquella esquina estornudó, tropezó o murió uno que se creía imprescindible.
Como las gallinas con su culecada o las maestras de kinder con sus locos bajitos, se la pasan contando su fugaz tribu de nómadas. Hasta que no aparezca el último despistado no reinician la marcha. Ni la cháchara.
Como los ascensoristas de Nueva York están hechos para no oír, no ver, no nada. Por ejemplo, nunca contarán que menganito sufrió un sorpresivo ataque de sonambulismo que lo llevó a pernoctar en la habitación de la bella valkiria del 417. La discreción está en el A-Z de su destino.
Cargan botiquín con menjurjes para curar un dolor de cabeza, embolatar una tusa de amor, pulverizar un olvido, mimar una muela coca. Sin guía uno queda como vecino de ninguna parte.
Viajeros hay que no soportan excursiones en patota. Prefieren el azar del turismo a palo seco, perderse, salirse del libreto. Ir adonde no se atreven los profesionales turísticos.
Nunca sobra preguntarles a los guías por ese tour íntimo que hacen para ellos solitos, lejos del manual. Suelen deparar sorpresas insólitas. Todos tenemos nuestro íntimo tour del lugar donde vivimos.
Cada guía tiene su marca de fábrica. Una frágil uruguaya, Silvia, detectó al primer vistazo que “mi gente”, como nos bautizó, tenía los ojos en la trastienda. Para despabilarnos interpretó el tango “Malena”. Como su tocaya de la canción, tenía voz de alondra. La frágil uruguayyyya nos regañó porque primero estuvimos en Buenos Aires.
En Escocia, al lado de la estatua de Sir Arthur Conan Doyle, la señora Helen, sería como un crimen no resuelto, nos desatrasó de los libros que no habíamos leído del famoso Watson. Que no falte el: “¡Elemental, queridos”.
“Fueeeera de programa”, como dice una canción de Les Luthiers, Lucas, guía argentino, consideró pertinente aclarar que los “porteños” son los de Buenos Aires y que él, “por supuesto”, no es porteño, sino de provincia.
En algunos recreos, Rudy Netzelmann, alemán de Berlin, leía compartivamente en español y en alemán algunos textos de García Márquez. Paralelo al programa oficial, nos hizo su tour íntimo berlinés.
En Londres, Elizabeth, una flemática colega de la emblemática Natalie, informó a su coro de perplejos: “Aquí los maridos compran en Harrods para sus amantes y en Mark & Spencer para sus esposas. Soy todo oídos”. Sentada esa jurisprudencia nos dejó libres una tarde. Nos ahorró un té a las cinco en punto de la tarde.
A otra colega suyade Munich la bautizamos “Herr Ruth”. De disciplina prusiana, al que llegara tarde a algo lo electrocutaba con una malacara.
Esneider, guía de un grafitur en la Comuna Trece, del colectivo Casa Kolacho (foto odg) tiene la técnica de Sherazada: siempre termina sus historias en puntos suspensivos…
Los guías saben que sus fugaces interlocutores los volverán olvido cuando regresen a sus monotonías. Conocen las reglas de juego. Estos personajes necesarios como el agua o la luz pagarán con idéntica moneda. Y que venga el nuevo contingente de andariegos.