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La Feria de Manizales. Tradición y cultura

albeiro valencia

Nació hace 63 años para “rescatar” a la ciudad que atravesaba una profunda crisis económica y social, que la llevó a extraviar el rumbo y el pasado glorioso. Manizales siguió adelante y la Feria echó raíces y se convirtió en un acontecimiento con reconocimiento en el país y en el exterior; después llegó la Ley 1025 de 2006 que declaró la Feria de Manizales, y la Temporada Taurina, como patrimonio cultural de la nación y “se le reconoce la especificidad de cultura tradicional popular, a la vez que se le brinda protección a sus diversas expresiones de tradición y cultura”.

Aprovechando las adversidades

Dos hechos motivaron la Feria: las desgracias y el centenario de la fundación de Manizales. Todo empezó a raíz de los incendios de 1922, 1925 y 1926, que borraron el centro histórico y por lo tanto los edificios emblemáticos, la sede administrativa, la catedral, el comercio, las entidades bancarias, la vida económica, social y cultural. La clase dirigente aprovechó las conflagraciones para aplanar y extender el perímetro urbano y, a partir de la ayuda del gobierno nacional, de las indemnizaciones y de la economía cafetera, se ampliaron las calles y surgieron edificios nuevos, que conformaron el centro urbano más moderno del país. Pero también se utilizó la coyuntura para modernizar sectores sensibles como el barrio Los Agustinos, el Parque del observatorio, el barrio Chipre y la Plaza de Occidente (Parque Olaya Herrera).

Hasta aquí todo iba bien. Sin embargo parece que el terremoto del 4 de febrero de 1938 asustó de verdad a los habitantes por los destrozos producidos en casi todos los edificios; pero, además, entre 1939 y 1943, fueron muriendo destacados hombres cívicos e intelectuales: Guillermo Gutiérrez  Vélez, Jaime Robledo Uribe, Pedro José Mejía, Pompilio Gutiérrez, Aquilino Villegas y Hernando de la Calle. Mientras esto sucedía se producía la rápida decadencia de los cables aéreos y del ferrocarril, empujados por la competencia de las carreteras; y, como consecuencia, entraron en crisis los sectores de la construcción, el comercio, la banca y la industria. En este ambiente de postración numerosas familias emigraron, con sus capitales, a Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, buscando nuevas áreas de inversión y universidades para sus hijos, pues Manizales se había convertido en una ciudad pequeña, con gobernador y con una inmensa catedral, pero anclada en la cordillera.

Afortunadamente hubo un cambio generacional y se aprovechó el ambiente creado por la Segunda Guerra Mundial; surgieron dos grupos de nuevos empresarios: Los Azucenos y los hermanos Gómez Arrubla. Al mismo tiempo otros dirigentes, entre empresarios y líderes cívicos, pensaron en aprovechar el Centenario de Manizales, a celebrarse el 12 de octubre de 1949, para despertar la ciudad de su letargo e impulsar el desarrollo económico. El nuevo momento empezó con la llegada a la alcaldía del joven visionario Guillermo Ocampo Avendaño, quien apoyado en los parlamentarios y en el protagonismo de los caldenses en Bogotá, logró que la nación se asociara a las obras del Centenario, con un auxilio de un millón de pesos pagaderos en cuotas anuales de doscientos mil pesos.

Esta fue la cuota inicial para el Plan Maestro de Obras Públicas que comprendía más de 30 proyectos de importancia para el municipio: varias avenidas, el Palacio Municipal, la Escuela de Bellas Artes, la Plaza de Toros, el aeropuerto de Santágueda, el Hotel Termales de El Ruiz, y algunos planes de vivienda. Para su realización se comprometieron nueve alcaldes, pero las fiestas del Centenario se aplazaron porque no todas las obras estaban concluidas y por la violencia política desatada en el país después de 1946, y agudizada por el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

Por último, la celebración se inició el 20 de diciembre de 1951, durante la alcaldía del doctor Fernando Londoño Londoño, con la presencia del Presidente de la República, doctor Roberto Urdaneta Arbeláez, acompañado de siete ministros. En este evento se inauguró la Plaza de Toros y se creó el ambiente taurino. El Centenario dio nacimiento a la Feria de Manizales.

Y nació la Feria

Los promotores de la Feria fueron Óscar Hoyos Botero y Roberto Cardona Arias, quienes después de la temporada taurina del Centenario viajaron a España y se entusiasmaron con la Feria de Abril, de Sevilla, “copiaron” el modelo y vendieron la idea a los sectores dirigentes de Manizales; como respuesta el alcalde, Mario Vélez Escobar, promulgó el decreto que creó la Feria Anual, el 14 de julio de 1954. Se escogió la última semana de enero para realizar el evento, después de un cuidadoso estudio de calendarios durante los últimos 50 años, con el fin de determinar cuál era la semana menos lluviosa. Sobre esta base la primera feria se realizó los días 21 – 30 de enero de 1955.

Y con la Feria nació su pasodoble, escrito por el poeta Guillermo González Ospina, como un canto a Manizales, que él esperaba arreglar con música de bambuco, pero cuando lo conoció Óscar Hoyos Botero pensó en un pasodoble que se convirtiera en el himno del evento ferial; por lo tanto viajó a México en busca del compositor Agustín Lara pero no logró entusiasmarlo y, de regreso a Manizales, pudo concretar  al maestro español Juan Mari Asins, de la Banda del Empastre, quien asumió el reto. El pasodoble se interpretó en la Plaza de Toros, por primera vez, el 26 de enero de 1956.

El alma de la Feria era la temporada taurina y por esta razón, desde las primeras justas, invitaron a los mejores toreros como César Girón, Ángel Peralta, Paco Méndez, Curro Girón, Pepe Cáceres, Diego Puerta, Vásquez II, Luis Miguel Dominguín y Curro Romero. Lo mismo sucedía con las ganaderías: “Venecia”, de la señora Clara Sierra; “Mondoñedo”, de don Fermín Sánz de Santamaría; Ernesto González Piedrahíta; “Achury Viejo”, de Benjamín Rocha Gómez; “Dosgutiérrez”, de Hernán y Ernesto Gutiérrez Arango,  y “Veragua”, de don Juan Pedro de Domecq y Díez.

La Feria tenía un ambiente muy español y por esta razón se fueron imponiendo la Cabalgata Andaluza, las Carretas del Rocío y el desfile de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena. Pero para las personas que no disfrutaban de las corridas de toros había una gran cantidad de eventos y espectáculos: Campeonato Nacional de Sky en el Nevado de El Ruiz, campeonato de esgrima, boxeo, lucha libre, exposiciones de arte, circuito de motos, temporada internacional de football, exposición industrial, concurso folclórico nacional, espectáculo de ciclismo con figuras del país y del exterior, clásico hípico en el Hipódromo de la ciudad, y el reinado internacional del café. Hubo un hecho que  contribuyó a divulgar el evento ferial en todo el país y fue la elección de Luz Marina Zuluaga como Miss Universo; la Feria de 1959 atrajo a miles de turistas que llegaron a Manizales para conocer a la bella Luz Marina.

Han pasado muchos años y hoy celebramos la Feria de Manizales No. 62, evento arraigado en la tradición regional, parte del Paisaje Cultural Cafetero.