Jose Luis Cámara 2018-2022
El culo del libertador

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

El 20 de julio de 1846 el Congreso de la Nueva Granada dispuso instalar una estatua de Simón Bolívar en el centro de la Plaza frente al Capitolio, que por esa razón empezó a llamarse Plaza de Bolívar. La elaboración y fundición de la estatua de bronce había sigo encargada por José Ignacio Paris al escultor genovés Pietro Tenerani, para ser  instalada en el patio de la Quinta de Bolívar, residencia que el Libertador dejó a su gran amigo don José Ignacio luego de su partida de Santafé de Bogotá rumbo a San Pedro Alejandrino. Una vez llegada la escultura de bronce con su pedestal original y sus bajo relieves también de bronce, el señor París resolvió donar el conjunto escultórico al Estado neogranadino, por lo cual el Congreso aceptó la donación en su nombre y determinó instalarla dando la cara al norte, como saliendo del Capitolio Nacional.

Luego, en 1876, mediante una de esas iniciativas que conmueven a la opinión y luego de intensos debates en pro y en contra, que seguramente ocuparon considerable tiempo del calendario parlamentario, se resolvió girar la estatua y poner a Bolívar a mirar hacia la Catedral, probablemente con la esperanza que esta nueva visión atraería algunas indulgencias y bendiciones a nuestro novel sistema democrático. Pocos años después, en 1888 se dispone un nuevo giro del pobre Libertador a quien muchos de sus soldados llamaban “Culo de Hierro” debido a la resistencia demostrada durante las prolongadas cabalgatas que tuvo que superar durante sus campañas libertarias y esta vez se resolvió ponerlo a mirar hacia el Capitolio y de espaldas al costado norte de la plaza, ocupado en la actualidad por el nuevo  Palacio de Justicia.

Se anticipa que de la siguiente anécdota existen variadas versiones sobre la verdadera identidad de los dos protagonistas de la historia, pero considero que para el disfrute de la misma, tales discrepancias son irrelevantes pues cualquiera de ellas resulta aceptable ya que ni le quitan ni le agregan sabrosura al asunto. Resulta que sobre ese costado norte de la Plaza de Bolívar existían en 1888 establecimientos comerciales de diversa índole como tiendas de ropa, herrerías, graneros, sombrererías, tenderetes y cantinas de mala muerte, entre ellas una chichería de propiedad de un tal Facundo Martínez Prieto un sujeto sanguíneo, malgeniado, peleonero, peligroso y muy mala pécora, apodado el “Indio”, entre cuyos fieles clientes figuraban, funcionarios gubernamentales, congresistas, políticos, escritores y periodistas, uno de los cuales era el reconocido poeta Clímaco Soto Borda, célebre por su afición a las bebidas fermentadas, así se tratara de chicha o aguardientes “palito” o “tapetusa” y a la mamadera de gallo, quien entre quincena y quincena disponía y gozaba de amplio crédito con su antiguo amigo y proveedor,  el chichero Martínez Prieto.

El mamagallista del Soto Borda, colaborador de un semanario satírico llamado “La Barra” que aparecía todos los sábados, al observar la cuadrilla de obreros que adelantaba el trabajo del cambio de frente de la escultura, salió corriendo a su oficina del periódico y escribió un simple versito para la siguiente edición del semanario, que decía simplemente:

Bolívar con disimulo

Y sin faltarle al respeto

Resolvió voltearle el culo

Al “Indio”  Martínez Prieto

El sábado siguiente, cuando el chichero leyó en el semanario el versito de marras, montó en cólera, reclamó la necesidad y urgencia de lavar con sangre la imperdonable afrenta y amenazó con cerrar con cadenas y candados la sede del semanario y meterle candela con Soto Borda y todas las directivas y responsables adentro, por la incalificable falta de consideración y respeto, no con él, que quede claro, sino con la sagrada memoria del Libertador, según precisó el ofendido e iracundo “bartender” criollo.

Además, huelga aclararlo, ordenó suspender de inmediato el crédito del que disfrutaba el “mala paga” y borrachín del Soto Borda y exigió la redención inmediata de las considerables y veteranas obligaciones contraídas por el descarado periodista con el establecimiento. Solamente lograron aplacarle su sed de sangre con la promesa de que en la edición del siguiente sábado se publicaría una adecuada rectificación con el mismo despliegue de la ofensiva versión original, por lo cual el ofendido “Indio”, defensor a ultranza del honor y la sagrada memoria del Libertador Simón Bolívar, resolvió apaciguar su indignación, moderar sus sentimientos y darle largas a sus intenciones homicidas. Efectivamente, el semanario cumplió lo prometido y en la misma página y con igual despliegue de la edición del sábado siguiente, apareció la esperada rectificación, del siguiente tenor:

Bolívar con disipeto,

Y sin faltarle al resmulo,

Resolvió voltearle el Prieto

Al “Indio” Martínez culo.

Se ignora si el afectado Martínez Cu… corrijo, Martínez Prieto, logró hacer arrimar a su negocio al irreverente y deslenguado Soto Borda, al menos para recoger la voluminosa colección de vales irredentos y sanear su cartera con la ahora prestigiosa y muy nombrada chichería. Eso nunca lo sabremos. Lo que sí se sabe con certeza es que Soto Borda jamás fue visto nuevamente en la misma chichería ya que tuvo urgente necesidad de cancelar su membresía y volverse cliente habitual de otro establecimiento con oferta de servicios similares pero situado en el lejano barrio de las Cruces.

AL BAGAZO POCO CASO…

En días pasados un prestigioso colaborador de EJE21 mencionó en este medio

un aforismo popular que yo desconocía, que coincide en su sentido con el título de este breve aparte. Se trata del dicho que se aplica a los necios cuando mascullan bestialidades, indignas de ser tenidas en cuenta, tales como las diarias intervenciones del incompetente mandatario bolivariano cuando intenta disimular sus desaciertos y distraer la opinión de su propio y maltratado pueblo, llevado en pocos años desde el Rolex en la muñeca de cualquier vendedora de mostrador, el consumo generalizado de whisky de 18 o más años, bautizado con  chorritos de agua Perrier, importada de Francia; la capacidad y costumbre de muchas familias venezolanas de clase media de volar los viernes por la noche para pasar el fin de semana en Miami, exclusivamente para comprar electrodomésticos, zapatos italianos, carteras Prada o Gucci, ropa de marca y hasta el mercado semanal de consumo regular, incluidos víveres y elementos de aseo, para regresar, siempre con exceso de equipaje, en los últimos vuelos de los domingos por la noche.

Patético tránsito desde el otrora optimista y venezolanísimo dicho “…’ta barato, dame dos…” con el que se conocía en los mercados y centros comerciales al desprevenido comprador venezolano con buenos ”bolos” en el bolsillo, al lamentable e injusto estado de mendicidad, desnutrición y miseria al que ha sido sometida la entrañable y querida patria del Libertador.  En este caso se trata del aforismo que reza: “A la boñiga, dejar que diga…” aplicable, como anillo al dedo, a los rebuznos del sátrapa ignorante y encima recontra bruto gobernante, cuando dirige sus injustificadas imprecaciones contra nuestro país y su gobierno, cuyo pecado es haber tratado insistentemente y sin éxito, de apoyar con sentido y propósito humanitario sus carencias en comida, medicamentos y demás elementos de primera necesidad. Por mi parte, ratifico el  acertado sentido del enunciado que refleja la actitud que es necesario asumir ante los reiterados ataques y embestidas del gañán de allende la frontera,

Al bagazo, poco caso y al mojón, poca atención…”

DIOS BENDIGA A LOS PAYASOS

Los payasos son, para mi gusto y desde la primera vez que logré que mis padres me llevaran a ver una función desde las gradas de “galería”, como premio por haber pasado un año sin tener que habilitar materias, los reyes del circo, los personajes más importantes de sus carpas y sus pistas de viruta y arena. Por extensión, siempre admiré a los comediantes del cine en blanco y negro, esos entretenidos actores cómicos con sus chistes livianos y sus cuentos  truculentos pero ingenuos y sanos, sin mala intención, vulgaridad ni doble sentido. De esos que ahora lucen desteñidos y fuera de tiempo pero que hacían reír con risa fresca y espontánea a niños y viejos por igual.

Por el contrario, hoy, cuando se atraviesa en la televisión o la radio algún programa de “humor”, hay que estar preparado para taparle los oídos a los niños presentes o cambiar pronto de canal ante la avalancha de vulgaridad, ordinariez y ramplonería con las que sazonan sus gracejos los nuevos comediantes, quienes parecen incapaces de escapar del chiste obvio, del humor fácil, carente de ingenio, creatividad e inteligencia. Por ello comparto la opinión de un colaborador de EJE21 que criticaba muy juiciosamente el programa de Caracol “La Vuelta al Mundo en 80 Risas”, especialmente refiriéndose al personaje llamado “Don Jediondo”, cuyo punto fuerte y especialidad parecen ser el comportamiento ordinario de un peón, las reflexiones procaces, el chiste vulgar y la frase de doble sentido. Cómo se extraña a un Charlot, o a un Montecristo con sus carantoñas, gestos e imitaciones, a un Jaime Garzón o a un Hebert Castro, el uruguayo genial del humor llano, simple y sin dobleces o al también uruguayo Juan Verdaguer, dueño y señor del parlamento gracioso e inteligente. Esos si eran comediantes con sazón y contenido. Dios bendiga a los payasos. Especialmente a ese tipo de payasos.

LOS  GESTOS  DE  FRANCISCO

Definitivamente el Papa Francisco se las sabe todas y en todas este amable pastor gana más y más puntos en el corazón de los millones de integrantes de su rebaño. Para la muestra un par de botones que resultaron durante su reciente visita a Chile, cuando durante el vuelo se enteró de los planes matrimoniales de un par de auxiliares de la aerolínea chilena en la que se transportaba y sin más ceremonia ni condiciones se ofreció a oficiar personalmente en la improvisada ceremonia de unión de la pareja.

En efecto, durante el vuelo de Santiago de Chile a Iquique el auxiliar de vuelo Carlos Ciuffardi tuvo ocasión de comentarle al Papa que era casado por lo civil  con una de las azafatas del mismo vuelo llamada Paula Podest y que sus planes de casarse por la Iglesia se habían frustrado por el derrumbe del campanario de la Iglesia durante el reciente sismo ocurrido en esa nación. El Sumo Pontífice ofreció casarlos si esa era la intención de la pareja, así que se llamó a un testigo y se formalizó el enlace a 33 mil pies de altura, con acta de matrimonio escrita a mano y firmada personalmente por el Papa Francisco.

Ya en la ciudad de Iquique, mientras el papamóvil se desplazaba por una de las avenidas de la ciudad, uno de los caballos de la escolta policial montada se encabritó y derribó de su montura a una mujer policía del Cuerpo de Carabineros de Chile llamada Ana Belén Aguilera Casas que quedó tendida en el pavimento. El Papa ordenó detener la caravana, descendió del vehículo y acudió a acompañar a la mujer policía accidentada y se mantuvo a su lado hasta que llegó una ambulancia a rescatar a la lesionada. Inolvidables detallazos de un Papa de nuevo cuño. De un Papa modelo 2018.