¡Tráeme la peinilla!

Por Carlos Alberto Ospina M. 

Las noches eran perpetuas tras el repetitivo e incesante gotear de la desvencijada llave de agua. La secuencia iba y venía sin modificaciones sustanciales. El zaguán largo y oscuro enmarcaba intocables paredes que no terminaban de cerrarse a pesar de los inquietos pasos de la nieta. La joven no conocía la lluvia de flores que acompañó a José Arcadio Buendía la fecha de su fallecimiento. Sabía, sí, que la abuela amaba las florecillas amarillas al igual que Gabo, Gabriel García Márquez, las ataba a las solapas de sus trajes. Martha Lila, no vivió Cien años de soledad, tuvo el tiempo suficiente para flotar como mariposa sobre la cabeza de Marcela, la nieta, y así enseñarle el símbolo de calidez que representa el color oro de su jardín preferido.

Siete y once sílabas, un verso ordenado, un espectro luminoso y un espacio indefinido con el mismo argumento durante largas noches de delirio. En ese entonces, la consentida mujer, no entendía el significado del porqué de la opresión de pecho. Esta sensación se propagaba a raíz de las imágenes polivalentes del redundante sueño. Antes de amanecer, la mayoría de elementos se tornaban pálidos e inmóviles, menos las refulgentes plantas de Lila.

La muerte es cobarde. Se mete primero en los ojos y luego intenta salir a través de la mirada débil e incolora, cambiando el tono del iris y el centro de la pupila como si el adiós no tuviera discordia. Hay despedidas tan largas que ayudan apaciguar el dolor del enfermo y la testarudez de los afectos renuentes. “Tráeme la peinilla y el pintalabios rojo. Vamos a salir muy buenas en la foto”, parodiando el refrán popular de “primero muerta que desarreglada”, dispuso, Martha, una semana antes de su partida. En seguida sonrío, sin dubitación le dijo a Marcela, “Mija, déjese crecer el pelo, se vería más bonita”.

La diabetes complica todo. Los riñones, la visión, el corazón, los nervios y aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular. La anciana perdió una extremidad a causa de ese padecimiento; sin embargo, conservó la integridad de su sobredosis de dulzura. Varios meses estuvo postrada en una cama repartiendo abrazos y esparciendo sonrisas a cada uno de sus seres queridos. Martha Lila, poseía una gama inagotable de malva fresca y abundante generosidad. Una especie de alimento espiritual, valiente y lúcida.

Como la flama de una vela abatida por el aliento tenue de la oscuridad, dejó caer sus mechoncitos, cerró los ojos y el carmesí de los labios se desvaneció para siempre. El día del autorretrato, Marce, sofocó las manos de la abuela sin hacerle daño, a modo de yedra y follaje, con la intención de meterse en su agónica alma para poder tatuar en la piel los días felices del ayer.

Las múltiples tareas en la compañía de financiamiento comercial, la dejaron exhausta. A la puesta del sol, Marcela, tomó la decisión de aislarse del mundo. El teléfono celular lo puso en modo ‘no molestar’, apagó las luces de la habitación y durmió con la tranquilidad de quien está en paz, cuando deja ir lo inevitable. Durante el trance no alucinó ingresando al zaguán ni vio las flores amarillas que tanto le gustaban a la abuela, simplemente, reposó con la mente en blanco y negro. Horas después sonó el despertador. No estaba triste ni le pesaban los hombros. Bebió un poco de café oscuro para sumergirse en la pantalla colmada de llamadas perdidas. No fue preciso descifrar el motivo de semejante insistencia. Martha Lila, la alegría de la vida, decidió volar como mariposa dorada hacia un lugar sin sufrimiento.

Víctima del paro de pilotos de Avianca, Marcela, adquirió un tiquete Medellín-Bogotá-Medellín, 170% más caro; es decir, por 990 mil pesos. La especulación con los precios, la falta de control estatal y la posición dominante de la aerolínea de Efromovich, le importó un bledo. Similar a la situación de miles de colombianos, la disimulada extorsión, no fue obstáculo para llegar a tiempo al funeral. Sin pensarlo, tenía varios ciclos por cerrar. Al retirar las cintas que reposaban sobre el féretro, Marce, sintió que ya no podía atar el alma su abuela y rompió en llanto hasta ahogar el afligido corazón. Más tarde, el perdón se hizo presente por medio de la expresión de los ojos. A veces la muerte se cruza de brazos y observa impasible, mientras doblega el orgullo y termina con las rencillas entre familiares. Marce y su hermano, dieron fin a la discordia.  Solo entonces, la abuela Martha Lila, volvió a reclamar la peinilla y el pintalabios para lucir esplendida a los pies de Dios.

Enfoque crítico – pie de página.  En el marco del plan de acción y la estrategia mundial sobre el régimen alimentario, actividad física y salud de la OMS, Colombia registra deficientes políticas de vigilancia en relación con las normas, los protocolos y las directrices basadas en datos de prevención de la diabetes. El país carece de una encuesta nacional de factores de riesgo, medición de glucemia, registro de la enfermedad y la respectiva derivación de los pacientes desde la atención primaria a un nivel superior.

En el horizonte de atención básica, el sector de la salud pública, adolece de técnicas, tales como la fotocoagulación retiniana, oftalmoscopia con dilatación, pruebas de percepción de la vibración del pie con diapasón y Doppler para determinar el estado vascular del pie; entre otros procedimientos especializados, según las recomendaciones presentadas en el estudio de Perfiles de los países para la diabetes 2016 realizado por la Organización Mundial de la Salud.

  • Miryam Ospina Macías

    Que hermoso poema