El  MÁGICO  MUNDO  de  los  Relojes

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

En mis primeros años en la Policía Nacional conocí a un oficial, varios años más antiguo, notable por su caballerosidad, elegancia e impecable presentación personal, quien lucía a toda hora su uniforme correctamente llevado, con insignias, botones y calzado siempre relucientes.  Así recuerdo al Capitán Francisco Cárdenas Guzmán, (QEPD), conocido entre sus ccompañeros con el afectuoso apelativo del “Loco Cárdenas”, quien mostró siempre una especial devoción por los finos relojes de pulso de las más prestigiosas marcas suizas, en una época en que solo conocíamos algunas de las marcas más populares como Bulova, Cyma, Lanco, Invicta y Mido Multifort, tope de la calidad relojera a nuestro modesto alcance en esa época.

En esos tiempos me resultaba original y simpático el interés de “Mi Capitán” Cárdenas por los finos relojes de pulso y no lograba desentrañar el sentido de su saludo habitual a sus amigos y subalternos, “-Hola chino, ¿Qué reloj tienes?”-, saludo que en mi caso contesté alguna vez con ingenuidad, “Un Lanco, mi Capitán…” mostrándole la muñeca donde exhibía un modesto relojito suizo de cuerda manual de esa marca, comprado a plazos. Años después comprendí sus motivaciones, cuando, en mi condición de profano interesado en la materia, paulatinamente descubrí en revistas y libros especializados el fascinante mundo de los relojes de pulso armados exclusivamente a mano, maravillas del arte relojero suizo, auténticos milagros de la miniaturización mecánica por lo cual, en torno a esa artesanía se forjó el legendario paradigma de la “precisión suiza”.

Es bien sabido que la etiqueta y las buenas maneras prescriben el principio de que a un caballero que se precie de serlo, solamente le está permitido lucir en su atuendo diario dos únicas joyas para considerarse sobriamente elegante y bien plantado: la argolla matrimonial, cuando tal sea el caso y un buen reloj de pulso a cuerda manual o automática. De este entorno están desterradas las baratijas plásticas de cuarzo y cualquier otro tipo de joyas como anillos con cabeza de indio o enormes piedras que más parecen manoplas que adornos, cadenas, cadenitas y cadenotas, pulseras, pulseritas y dientes de oro, gallitos muy populares entre los caballeros de algunos gremios y grupos sociales de nuestro medio.

El conocido joyero francés Louis-Françoise Cartier fundó su famosa joyería en 1847 y en 1898 empezó a desarrollar una lïnea relojera. Luego, en 1906, Louis-François y su hijo Louis-Joseph Cartier, se juntaron con Edmond Jaeger y crearon el primer reloj de pulsera con el único propósito de que su amigo, el piloto brasileño Alberto-Santos Dumont, pudiera mirar fácilmente la hora sin desatender los controles del rudimentario aeroplano en el cual realizó sus demostraciones aéreas sobre Paris. Así comenzó la historia del reloj de pulso, que rápidamente desplazó del gusto masculino al reloj de bolsillo sostenido con lujosas leontinas. Ese también es el origen del modelo “Santos” uno de los más antiguos, conocidos y perdurables de esa casa relojera. Más tarde, en 1919, Cartier, inspirado en los carros de combate surgidos en la primera guerra mundial, lanzó el “Tank”, modelo icónico de la marca que con el “Santos” siguen siendo actualmente favoritos entre los aficionados a los buenos y finos relojes de pulso en todo el mundo.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando de relojes finos se trata? La respuesta a esa inquietud está razonablemente atendida en Colombia con una amplia oferta de excelentes relojes de casas prestigiosas, por parte de establecimientos locales de reconocida solvencia con opciones como Rolex, Cartier, Panerai, Patek Philippe, IWC, Bulgari, Audemars Piguet, Breitling, Chopard o Hublot, para citar algunas de las más conocidas, con modelos de funcionamiento mecánico a cuerda manual o automática, preferiblemente en acero inoxidable y ojala sin piedra preciosa alguna, a precios básicos que oscilan entre los 8.000 a los 100.000 dólares. También se encuentran piezas suizas muy finas y de impecable calidad y desempeño como Longines, Rado, Omega, Tag Heuer o Tissot, de calidades probadas y diseños sobrios y elegantes y precios un poco más terrenales.

En términos generales los coleccionistas y fanáticos de los buenos relojes, usan como referencia relojes de acero inoxidable, por lo cual su valor se mide exclusivamente por la calidad de sus “calibres” o “movimientos”1, la precisión del funcionamiento y el número de complicaciones2 que ofrezca. Tal el caso del Rolex Cosmograph Daytona en acero inoxidable, el “Santo Grial” de los relojes de pulso, uno de los relojes más famosos, apetecidos y perseguidos por los coleccionistas del mundo, reloj que tiene la singular característica que su cotización en el mercado del usado, en ocasiones suele ser mayor en acero inoxidable que las versiones similares en oro o combinaciones de oro-acero. Ello se debe a que para adquirir una de estas piezas, en muchos países y ocasiones suele ser necesario esperar hasta cinco años para recibirla, luego de formalizar el pedido, tal la popularidad, reconocimiento y prestigio de este reloj irrepetible.

Precisamente, en dias pasados apareció en los diarios del mundo la noticia de que en una subasta realizada el pasado 26 de octubre de 2017 en Nueva York, un comprador anónimo adquirió el reloj de pulso Rolex Cosmograph Daytona de acero inoxidable del fallecido actor norteamericano Paul Newman en 17.8 millones de dólares, cifra que convertida a pesos colombianos, alcanzaría para apoyar el programa de alimentación escolar y adquirir una respetable cantidad de pechugas de pollo de las que por estos lares se consiguen a solo 40 mil pesitos la unidad. Hay que apresurarse antes de que suban de precio. Me refiero a las pechugas, que por su cotización deben ser pechugas de roc, grifo, ave Fénix o de alguna otra ave mitológica de rara y muy difícil crianza o cacería.

Los auténticos “gomosos” de los relojes, con generosas chequeras a su disposición, luego de someterse a rigurosos turnos en alguna tienda de prestigio, pueden adquirir piezas extraordinariamente finas y asombrosamente costosas tales como las referencias citadas en la siguiente relación aleatoria, señalados del más baratico al de mayor costo, con sus precios de lista entre paréntesis, tasados en dólares americanos y sin impuestos. Si usted, amigo lector, en estas navidades planea mejorar la cajita de pomada que ahora porta en su muñeca y piensa invertir lo de la prima de navidad en algo más decente, apresúrese que ya quedan muy pocas unidades disponibles en el mercado especializado, de la oferta descrita en la siguiente relación de buenos y deseables relojes de pulso:

  1. Ebel modelo Villa Turque, (US$191.500).
  1. Parmigiani Fleurier Minute Repeater Piece Unique (US$247.000).
  1. Jules Audemar Tourbillon Minute Repeater, (US$335.700)
  1. Jaeger-Le Coultre Reverso Grande Complication a Tryptique Edición limitada a 75 piezas. (US$375.000).
  1. Lange & Söhne modelo Turbograph Pour le Mérite, fabricado en Alemania. (US$460.000).
  1. Girard-Perregaux Opera Three de caja musical mecánica con melodías de Mozart y Tchaikosky, (US$475.000),
  1. Roger Dubuis, modelo Excalibur 9 Place Vendome. Unicamente se fabricaron 16 unidades. (US$543.400).
  1. Girard-Perregaux Jackpot Tourbillon (US$563.750).
  1. Graham modelo King George, del cual solamente se produjeron 10 piezas. (US$695.000). Hecho en Inglaterra. 
  1. Patek Philippe Grand Complication modelo Sky Moon Tourbillon, compuesto de 686 partes, cuyo armado a mano toma 18 meses a un relojero especializado. (Entre US$1.000.000 y US$1,500.000). 
  1. Vacheron Constantin Tour de L’Ile cuyo calibre consta de 834 partes y presenta 16 complicaciones, que se ofrece en cantidades limitadas pues solamente se fabricaron siete piezas conmemorativas del 250 aniversario de la firma, fundada en 1755, lo que explica su precio de lista de millón y medio de dólares la unidad. (US$1.500.000). Esta empresa, despuès de años de planeación, en 2015 presentó el prototipo del modelo mecánico de bolsillo 57260, con 57 complicaciones, considerado una de las mayores proezas mecánicas de la humanidad hasta nuestros días. Infortunadamente la fábrica no le ha fijado precio alguno ni ha considerado comercializarlo, así que, por ahora debemos borrarlo de nuestra lista de regalos navideños para este año.

Pero si estos ejemplares no lucen suficientemente atractivos por sus precios, puede elegirse un relojito japonés como el Seiko Spring Drive, de acero inoxidable, con calibre híbrido mecánico y eléctrico, cotizado entre 4 a 6 mil dólares la unidad. Conociendo el costo de semejantes tesoros de la alta relojería, actualmente resulta posible y hasta razonable escuchar al hijo de algún dictador de un país del tercer mundo o a algún exitoso futbolista, destacado y presuntuoso, decirle con estricto apego a la realidad, a un camarada,   “-Amigo, mi relojito de pulso vale diez veces más de lo que cuesta tu nuevo Ferrari…

En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que no es aconsejable comprar un reloj fino por Internet ni en ofertas callejeras. Ningún fabricante de marcas prestigiosas ofrece directamente sus productos por esta vía. Y ni se le ocurra comprar réplicas o imitaciones “Made in Hong Kong” y si lo hace, creyendo hacer un buen negocio, absténgase de llevarlo cuando visite Suiza, ya que puede surgirle un problema incómodo pues allí, lo menos que le puede pasar, es que pierda los diez o veinte dólares que vale el relojito “Rolex” fusilado en China, ya que, como sucede cuando se paga con un billete falso, le espera la guillotina al reloj y un probable lio judicial al portador. Las leyes suizas contra la piratería, son muy estrictas y consideran que portar un reloj “chiviado”  de cualquier marca de esa nacionalidad, constituye una violación de los derechos de propiedad industrial del fabricante y por ello, un delito perseguible penalmente.

  1. Calibre o movimiento” . Así se llama a la maquinaria de un reloj, que es el corazón que lo hace funcionar con precisión que cobra vida cuando se le da cuerda o con los movimientos naturales de quien lo porta, cuando es de funcionamiento mecánico y automático.
  1. Llámase “Complicación” a cada una de las funciones adicionales de un reloj aparte de las básicas de señalar hora, minutos y segundos. Son complicaciones, entre otras, “Fechador”, “Calendario Anual”, “Calendario Perpetuo”, “Cronómetro”, “Despertador”, “Fases de la Luna”, “Taquímetro”, “Cronógrafo”, “Indicador de Reserva de Marcha”, “Grande Sonnerie”, que señala horas y cuartos de hora con campanadas y el “Tourbillon”, (Torbellino), la más sofisticada de las complicaciones conocidas, mecanismo inventado en 1801 por Abraham-Louis Breguet, que compensa los efectos de la gravedad de la tierra, que alteran imperceptiblemente la precisión de un reloj mecánico en posición vertical, como cuando se porta en la muñeca. Naturalmente, entre más complicaciones tenga un reloj, mayor será el valor que deberá pagarse. Así que, rompa la alcancía y anímese…