Si quieres ver a un actor feliz, deséale que unte de mierda

Por Guillermo Romero Salamanca 

guillermo romeroFanny Mickey, la dama del teatro en Colombia, nunca permitía que el escenario se quedara a oscuras, siempre había que dejar al menos una luz encendida. Antes de comenzar una obra, la argentina también hablaba a solas con el escenario y las tablas. Se le veía conversar al lado de las cortinas o las escaleras.

Fanny decía que había fantasmas y a los cuales habría que pedirles permiso.

Los actores tienen una serie de costumbres que algunas rayan en la locura, pero que tienen también sus historias.

El gran Edgardo Román, quien interpretó magistralmente a Jorge Eliécer Gaitán, tiene como costumbre no silbar en el escenario y no usar en su vestimenta algo que tenga colores amarillos. Nada de camisas, sacos, bufandas, pañuelos o siquiera un sello de ese color. También le causa escozor que algún espectador esté vestido con tonos áureos.

Son costumbres de siglos. A un actor no se le puede desear buena suerte cuando esté a minutos antes de un estreno. Eso sería fatal, porque algo malo podría ocurrir: se puede caer un telón, se pueden olvidar algunas líneas o de pronto, el público esté escaso.

Lo mejor que se les puede decir es “ojalá te untes bastante de mierda” o “te quiebres una pata”. Estas expresiones tienen más de 200 años y se refiere a los años cuando la gente iba a caballo o en coches tirados por bestias y entonces el teatro quedaba inundado de olor a estiércol. Entre más oliera, más éxito tendría.

Lo  de la pierna hacía alusión a los tiempos de actuación del siglo XIX cuando después de una buena presentación, los asistentes arrojaban monedas al escenario y los artistas se debían arrodillar para recogerlas.

Es común llevarles flores a los camerinos a los artistas, especialmente a las actrices. Puede ser rosas, magnolias, agapantos, o hasta crisantemos, pero nunca claveles. La tradición señala que antes, cuando renovaban un contrato, los empresarios se presentaban con un buen ramo de coloridas rosas y cuando aparecían con claveles, indicaba que ya no habría más presentaciones.

Para los actores es de buen augurio que la primera persona que compre una boleta sea un adulto mayor. Esto quiere decir que habrá bastante concurrencia.

Mientras ensayan, como hay bastante tiempo, es común ver a los actores leer el periódico o un libro y a las actrices juegan cartas, pero nunca podrán llevar lana para hilar. Esto puede ocasionar muchos disgustos entre sus compañeros.

En los escenarios nunca se podrá poner un espejo, porque significan siete años de mala suerte. Además, por las luces, los distrae y les hace olvidar las líneas de los libretos. Tampoco habrá plumas de pavo real, ya que sus colores y sus puntos negros significarían un “mal de ojo”.

Otra costumbre actoral consiste en que el último ensayo debe tener errores como olvidos del libretos, interrupción del parlamento y el actor que tenga el último diálogo no lo pronuncia. Si sale todo perfecto, será un augurio de mala suerte en las presentaciones.

Los actores tienen obras teatrales que sencillamente no las mencionan y no les gusta interpretar. Por ejemplo, hay una de Shakespeare, que sencillamente la llaman como la obra escocesa.

Es común también ver a los actores en los descansos dormir con los libretos debajo de su almohada. Aseguran que así tendrán buena memoria.