Papel de Oficio

cesar montoya

Hermosamente impresa por el Grupo Editorial Manigraf se ha  relanzado  la edición 23 de la Revista “Papel de Oficio”. Entra al mercado de los lectores bajo la dirección de Elizabeth López Rios y Fabio Vélez Correa. Es impecable. La sustentan calificados colaboradores y es pródiga  en óleos de fuerte colorido.

Tiene un  subfondo reflexivo este acontecimiento. La cultura integra, acerca afinidades electivas, prolonga la estirpe de los que sueñan y realizan. Cómo no hacer mención  a los Centros Literarios de los planteles educativos, integrados por seres  humanos de ambición lejana, con marcado apetito por la trascendencia.

De Daniel Echeverri es este corto e inmortal poema : “Elegía a la Muerte de una Abeja:

“Se le ha muerto a la escala musical un sonido,

un galán a la rosa, una gota al panal,

Al telar de la brisa se le ha perdido un  hilo,

Su rubia lanzadera de miel no vuela más.

Cuando la abeja reina esté llamando a lista

habrá un  breve silencio en su cortejo real,

pero los fieles cirios, memorando sus alas,

tibias gotas de cera por ella llorarán”.

Un lírida de esa dimensión era el Director del Centro Literario Eusebio Robledo en el Colegio Pio XII de Salamina. Qué aprendimos en ese pequeño areópago ? A desatar la lengua. Los frenillos mentales desaparecieron, derrumbamos las talanqueras del miedo y nos volvimos atrevidos. La tribuna es una hembra llena de ambrosía, remilgona y caprichosa, sometible a los impulsos de la palabra, acariciable  y finalmente dócil  a los himeneos estéticos. También iniciamos el ejercicio de barruntar prosas. Enarbolar  el sustantivo con señorío pleno, ubicar con  exactitud matemática el verbo rector, y darle  fulgor al estilo  con el arco iris del adjetivo. Finalmente esas proezas eran decantadas en la Revista “Delta” como testimonio de las hazañas de moceriles  lunáticos.

“Papel de Oficio” tiene un irreemplazable padre espiritual : Jaime Ramirez Rojas, muy posiblemente el mejor orador de Caldas, que no es poca cosa. Lo ensalzo como el sonoro  turpial de nuestros balcones. La Casa de la Cultura de Anserma lleva su nombre. Su vida ha sido prolífica.  Líder liberal en este departamento, viste camisa de agresivo color  rojo, cerebro imantado por luciferinos demagogos bermejos, y ¡quién creyera! jefe  conservador en Herveo (Tolima). ¡Vaya hermafroditismo ideológico! En las últimas elecciones visitó todas sus veredas de ese municipio para predicar el idearium de las derechas colombianas,  calentó el ambiente con repetidas homilías y su lista para el Concejo  Municipal sacó…!..19 votos..!

Jaime es un  soñador. Comparte almohada con Elizabeth López que, además del soporífero de su belleza deslumbrante,  cohabita con Zeus en el parnaso de los dioses.

La noche del lanzamiento de la revista  tuvo embriaguez de liturgias  verbales.  Enrique Quintero Valencia, Fabio Vélez y Angel  María Ocampo hicieron parrandas con el idioma e hipnotizaron la enajenada audiencia.Ramirez Rojas,como siempre, enmieló el ágape con inolvidables  figurines retóricos.

Jaime,  Elizabeth y quien escribe, nos escapamos para el apartamento de Gloria Marulanda. Grata noche de lujuria poética. El vate, entre arrullos y balbuceos llorosos,  el dijo a su amada :

“La miel más dulce y el aroma más denso

los aprendí en tu boca y en tu piel de canela:

esa playa sutil que es tu cálido cuerpo

y esos labios de amor de agua tranquila y fresca”.

Además el generoso mentor de la revista nos inundó con alcoholes exquisitos,pasabocas deliciosos y contrató tipleros expertos en Los Cuyos. En las calenturas de las copas  hubo mucho “yo-te-estimo”. Cantamos “Las Mañanitas” en  coro tan  estridente que  casi hace trizas el ventanal de vidrio. Afloraron lágrimas. Se escucharon tangos y rancheras mejicanas. Elizabeth bailó,  recitó y cantó. Le arrebató notas de amor al imponente piano que adorna el clasudo apartamento de Gloria.  La pareja  matrimonial, encaramelada,  danzó con  cercanía incitante. Jaime hizo florituras con  su verbo de duende fiestero. Navegando en extravíos románticos,nos sorprendieron  los picotazos de la  aurora.  Aproveché la sobredosis báquica, para  empaquetarles  mi discurso de despedida.

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