¡No hay por quién votar!

Comunidad y Desarrollo

uriel ortiz

El anunciado fracaso de la reforma política, es un campanazo de alerta para motivar a los   colombianos, nos abstengamos de votar por quienes durante el presente período que termina,- con algunas excepciones-, han sido inferiores a sus obligaciones como legisladores; el no haberla aprobado dan a entender que quieren seguir siendo los mismos rufianes de siempre, engañando a sus electores y al pueblo colombiano en general.

De la reforma política inicialmente presentada, no queda ni la sombra, los señores congresistas pretenden aprobar en estos días un engendro, para satisfacer sus intereses personales y apetitos políticos, con miras a asegurar su reelección, como el transfuguismo, que les permitirá trasladarse de un partido a otro, sin que medie circunstancia de modo tiempo y lugar.

Lo que tantas veces hemos dicho por esta columna, se está cumpliendo al pie de la letra: el congreso es un incapaz moral para hacer la reforma política, siempre hemos dicho que hay que agotar otras instancias, vinculando a todos los sectores de la vida nacional.

Si me preguntaran por quién voy a votar para congreso en las próximas elecciones, respondería: como ciudadano que anhela con su voto contribuir al engrandecimiento de la democracia y progreso de los pueblos: no tengo en la actualidad ningún candidato que llene esas expectativas.

Si hacemos un examen sobre el actual congreso de la república, podemos decir que son varios los factores que lo califican de ineficiente e incapaz; varios  en las cárceles y otros a punto de ingresar, con total pérdida de credibilidad para que aspiren a repetir curul.

En honor a la verdad, los actuales congresistas han perdido el año, los escándalos por corrupción,  ausentismo y el patrocinio de micos y orangutanes, para acomodar las leyes a su conveniencia, son factores que impiden moral y políticamente, que el ciudadano del común los honre nuevamente con su voto.

A menos de cinco meses de las elecciones para congreso de la república y  elegir nuevo presidente, el panorama político del País, no es nada halagador, sobre los horizontes de nuestra patria hay serios nubarrones que anuncian tempestades políticas, si es que el panorama en los pocos meses que faltan, no cambia.

Pretender desarrollar elecciones en un País convaleciente de una guerra que nos tuvo atrapados por más de 50 años,  que si bien se logró aplacarse mediante el acuerdo de paz firmado hace un año entre el grupo guerrillero de las Farc y el gobierno, es todo un adefesio, aún faltan muchos pasos para dar y lograr que se implemente, situación que no se logra de la noche a la mañana.

Debemos tener en cuenta que los directivos de las Farc, desde su fase negociadora, han insistido en que se celebre una Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de abrir un debate claro y abierto, para que los diferentes sectores de  opinión expongan sus inquietudes, sobre los aspectos que son de urgencia reformar.

Otro factor que entorpece y obnubila las elecciones del 2018, es el de la corrupción, todos los días aparecen nuevos episodios con hechos vergonzosos en los diferentes estamentos de la vida nacional, razón por la cual no hay ninguna seguridad para que el ciudadano votante concurra a las urnas, cuando los caminos de nuestra democracia se encuentran totalmente minados de: contratos ilícitos, saqueos y peculados por doquier, donde aparecen comprometidos particulares y agentes del alto gobierno.

Los tres poderes públicos que regulan nuestro Estado de Derecho: ejecutivo, legislativo y judicial, se encuentran tan corrompidos que no merecen el más mínimo respeto, la verdad sea dicha de paso, el ciudadano del común es el que está llevando las de perder, puesto que todos los días recibe latigazos implacables de corrupción, cuando en honor a la verdad es el que menos tiene que ver con semejantes embrollos.

Si nos vamos a la parte legislativa, partiendo desde ediles hasta senadores de la república, son un completo descalabro en la prestación de servicios y desempeño de sus funciones legislativas, para las cuales fueron elegidos por los ciudadano de bien, que depositan el voto confiados en que lo están haciendo para el progreso de sus municipios, departamentos, veredas y corregimientos.

Es importante que los colombianos en los meses que faltan  para las elecciones del 2018, hagamos a conciencia seguimiento a los candidatos de nuestras simpatías, preferiblemente que no sean los mismos con las mismas, que – con algunas excepciones-, llevan años, y años, durmiendo en las curules, toreando micos y robándose la plata de los contribuyentes.

En conclusión, votemos por figuras nuevas, que lleven en su posible valija legislativa, planes y programas de desarrollo, concertados con los ciudadanos de las regiones que pretenden representar, que les permita identificarse en un futuro, sin que existan temores de trampas y discordias.

 

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