Los profetas de la tierra plana

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Desde que el hombre abandonó las cavernas, su andar por el mundo ha estado sembrado de curiosidad, fracasos, hallazgos y conquistas, que han puesto sal y pimienta al progreso de la humanidad. Saltos en el tiempo y el espacio han llevado al hombre hasta los estadios actuales de desarrollo. Pero los logros no han sido fáciles para los emprendedores y curiosos, que se han abierto paso a codazos en medio de la desconfianza y envidia de sus contemporáneos. En sus tiempos, no fueron escuchados y en algunos casos, fueron objeto de vilipendio por los “profetas de la tierra plana”, adalides de los preconceptos y las ideas rígidas. Ese rasgo tan universalmente humano aparece pintado de bulto en un aparte de la obra de Jacques Barzun, “Del Amanecer a la Decadencia”, en el que el autor hace un compendio del desarrollo cultural de la humanidad en los últimos 500 años. Allí se narra, por ejemplo, el caso de un numeroso grupo de artistas y escritores franceses que firmaron un manifiesto oponiéndose a la decisión de conservar la Torre Eiffel al término de la Feria Exposición de 1889,  argumentando que “El horroroso disparate de Eiffel es una mancha para la belleza de la ciudad”.

La presencia de tales “profetas” comenzó a ser evidente con la aparición de los cavernícolas que se mofaron del loco que empezó a labrar la primera rueda. “-Este imbécil está perdiendo el tiempo…” “Debería dedicarse a tareas útiles…” susurraban a su paso los corrosivos críticos. No obstante, el terco, acicateado por la curiosidad continuó labrando su piedra, encontrándosele, mucho tiempo más tarde, un uso inteligente a semejante artefacto. Cuando se habla de ciencia, acude a la memoria el calvario de Copérnico, quien desestimó las verdades inmutables en relación con la tierra y los demás cuerpos celestes y defendió con ardor el heliocentrismo, sin importarle que tal osadía supusiera contradecir dogmas científicos y creencias de la época, según los cuales, la tierra era el centro del universo.

Sus teorías fueron calificadas de heréticas y su obra fue proscrita. Lutero y Calvino lo condenaron aduciendo que según el texto sagrado, Josué había mandado a detener el sol y no la tierra. Por fortuna, su teoría fue confirmada en el siglo XVII por su discípulo Galileo Galilei, quien con un rudimentario telescopio, confirmó los cálculos de su maestro. Desde luego, la Inquisición no compartió su entusiasmo y se propuso “salvar al mundo” de semejante herejía y demostrar la enormidad de tales  “errores”. Se le obligó a abjurar de su doctrina, hincado de rodillas. Cuenta la leyenda que al levantarse, golpeó con el pie el suelo y gritó:  “Y sin embargo se mueve…” ¿Y Cristóbal Colón? Acorde con las “verdades” de la época, el genovés debió caer con sus tres carabelas en los precipicios del límite de la “tierra plana”, sostenida según la ciencia de la época por cuatro enormes elefantes flotando en el espacio. Sin embargo, se aventuró en lo desconocido y con su aventura confirmó la esfericidad de la tierra, contradiciendo a los arrogantes “dueños de la verdad”. Veamos algunas pocas perlas en la senda del desarrollo científico de todos los tiempos.

El Automóvil

En 1678, el holandés Cristian Huygens, describió la primera máquina de combustión interna en la que la presión por la explosión de una mezcla gaseosa en un cilindro, “provocará el desplazamiento de un pistón que cierre el otro extremo…”.  En 1850 los italianos Bersante y Mateucci patentaron una máquina que producía fuerza motriz aprovechando la explosión del gas. Muertos los italianos, el proyecto cayó en el olvido. En 1859 Etienne Lenoir patentó un motor de combustión con gas de carbón. Uno de estos motores se usó en un vehículo de ruedas en 1862 que recorrió varias veces los 20 kilómetros entre Paris y Joinville–le–Pont.

El rumor sobre este éxito llegó a los Estados Unidos, donde en 1875 se escribe en los anales del Congreso, a propósito del motor de combustión: “La gasolina, en manos de personas que solamente piensan en su beneficio, constituye riesgo enorme de incendios y explosiones. Carruajes sin caballos, movidos por motores de gasolina, podrían alcanzar velocidades de 14 a 20 millas por hora. El desarrollo de este tipo de vehículos podría desplazar el caballo, lo que traería la quiebra de nuestra agricultura. El hallazgo con el cual tenemos que vérnosla, contiene fuerzas muy peligrosas para que se adapten a  los conceptos conocidos”. Más tarde, el alemán Gotlieb Daimler, construyó una motocicleta con motor de explosión que ensayó por las calles de su pueblo. El periódico local, se refirió al vehículo como “Un repugnante y diabólico artefacto, peligroso para la vida y el bienestar de los ciudadanos”. Simultáneamente, Karl Benz construyó un triciclo con motor de cuatro tiempos a gasolina. La prensa fue hostil a Benz y califico su carruaje como “Inútil, ridículo e indecente…”

La luz Eléctrica

En un artículo del New York Times del 6 de enero de 1880 se probaba “sin lugar a dudas” que la luz eléctrica de Edison jamás podría reemplazar la luz de gas. Se decía que si para prender 8 bombillas era necesario un generador, se necesitarían 250.000 generadores para alumbrar a Nueva York. A 3 mil dólares la unidad, se necesitarían 750 millones, lo cual era inaplicable. La revista científica “Scientific American” adoptó la misma posición. Diez días después, en un artículo de primera página, el mismo periódico afirmaba que un electricista famoso, luego de profundos estudios, había concluido que “…después de algunos destellos más, se oirá muy poco del señor Edison y de su bombilla eléctrica”.

Los Rayos X

En 1895 Lord Kelvin, presidente de la Sociedad Real de Londres dijo, refiriéndose al hallazgo de su colega Wilhelm Conrad Roentgen:  “Los rayos X demostrarán ser un fraude…” Años más tarde, el mismo Kelvin, el miope, declaró: “El radio no tiene futuro…”

El Aeroplano

En 1902, el astrónomo Simon Newcomb, asesor científico del gobierno de Estados Unidos demostró matemáticamente la imposibilidad de volar de cualquier aparato más pesado que el aire. “El vuelo de máquinas más pesadas que el aire, es impráctico e imposible…”. Luego del fracaso de uno de los vuelos experimentales de Samuel Langley, el mismo New York Times en el editorial del 10 de diciembre de 1903, comentaba sobre el tema:  “Esperamos que el profesor Langley no exponga su prestigio científico y no pierda tiempo y dinero en experimentos aéreos…”

Siete días más tarde, los hermanos Wright, conocidos de Langley, realizaron su vuelo tripulado en Kitty Hawk. El New York Times no mencionó la noticia. No obstante, el 26 de diciembre este periódico informó con ironía:  “Los inventores de una cometa mecánica  en Carolina del Norte pretenden que el gobierno les compre su invento…” A pesar del alto promedio de vuelos exitosos, con numerosos testigos, la prensa ignoró el hecho hasta 1908, cuando el ejército firmó contrato con los Wright. A pesar de estar bien informado sobre los éxitos de los Wright, Lord Haldane, secretario inglés de guerra manifestó públicamente en 1907 que el aeroplano nunca volaría. En otras latitudes también había manifestaciones del mismo tenor. Tal el caso del alemán Ferdinand von Zeppelin quien propuso la construcción de globos dirigidos. “¡Desgraciado! Acaso ignora que hay tres temas imposibles sobre los cuales la Academia de Ciencia no admite discusión? Estos son la cuadratura del círculo, la posibiidad de construir un túnel bajo el Canal de la Mancha y los globos dirigidos…” Por su parte, el alemán Herman Gaswindt propuso máquinas voladoras más pesadas que el aire. El ministro de guerra del Kaiser Guillermo II, luego de consultar con sus asesores, escribió sobre uno de los manuscritos con la propuesta, recibidos en su despacho: “¿Cuándo reventará de una vez ese pájaro de mal agüero?”  Es preciso agregar que al profesor Langley se le desacreditó y expulsó del Instituto Smithsoniano de Washington por sus locos proyectos de máquinas voladoras.

El Vuelo Trasatlántico

En 1910 el astrónomo William Pickering escribió, refiriéndose al aeroplano. “La imaginación popular a menudo representa a gigantescas máquinas voladoras surcando el aire sobre el Atlántico llevando innumerables pasajeros como los modernos buques de vapor. Vale la pena decir que tales ideas son totalmente fantásticas…”

Los Viajes Espaciales

Robert Goddard padre de la cohetería moderna pensó en viajes espaciales a pesar que tardó años intentando que uno de sus cohetes alcanzara 100 metros de altura. El New York Times ridiculizó a Goddard y sus experimentos en el editorial del 13 de junio de 1920.  “Después de que el cohete abandone la atmósfera y empiece su largo viaje, su vuelo no se acelerará ni mantendrá por la explosión de las cargas. Ese profesor Goddard no conoce la relación entre acción y reacción ni la necesidad de disponer de algo mejor que el vacío contra lo cual reaccionar. Afirmar tal cosa es absurdo. Desde luego a él solo parece faltarle el conocimiento que hoy se enseña en nuestros colegios de bachillerato.” Para rematar, el astrónomo británico Sir Richard Wolley  afirmó en 1966: “El viaje espacial es un completo disparate”. Un año después los rusos colocaron el primer Sputnik en órbita y tres años más tarde el hombre dejó su huella sobre la superficie de la luna.

La Energía Nuclear

El físico Robert Millikan, premio Nobel de Física en 1923 aseguró: “No existe posibilidad que el hombre pueda extraer energía del átomo. La débil suposición de usar energía atómica cuando el carbón se haya terminado es solamente un sueño utópico no científico, un fantasma  pueril…” El neozelandés Ernest Rutherford, premio Nóbel de Química en 1908, expresó: “La energía de la fisión del átomo es de muy pobre calidad. El que busque obtener energía en la transformación del átomo, está diciendo disparates…” Por la misma época, el húngaro Leo Szilard, concibió antes que nadie la teoría de la fisión del átomo, elemento fundamental para la fabricación de la bomba atómica. Con su hallazgo visitó a Rutherford, director del laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge para participarle su inquietud científica. “Prácticamente fui expulsado a empujones de la oficina de Rutherford”, comentó más tarde Szilard, refiriéndose a la infortunada visita a su colega neozelandés.

La Bomba Atómica

Una de las pifias más célebres de la historia ocurrió en 1945, en vísperas del estallido de la primera bomba atómica en Hiroshima. El formidable “oso” corrió a cargo de William Daniel Leahy, Almirante de cinco estrellas, asesor naval del presidente Franklin Delano Roosvelt, Jefe del Estado Mayor Conjunto y como tal, el oficial de más alto rango en el escalafön militar de los Estados Unidos, quien al ser preguntado sobre la posibilidad de éxito del arma atómica, respondió “Es la cosa más tonta que hemos hecho. La bomba atómica nunca funcionará. Y le estoy hablando como experto en explosivos…” Sucedió que el proyecto atómico fue desarrollado en tal secreto, que en Washington solo conocían de su desarrollo, progreso y próximo uso militar el presidente y el secretario de guerra. El mundo solo se enteró de esta realidad el 6 de agosto de 1945 cuando estallaron sobre Hiroshima los trece kilotones de la primera arma atómica usada con propósitos militares en la historia de la humanidad.

La ciencia está llena de críticos encargados de ridiculizaar y satanizan a los autores de tantas  “locas” propuestas científicas. Que vivan por siempre tales orates, enfrentando a codazos y empujones a tantos pesimistas cuya visión del mundo está limitada por los estrechos confines de su estupidez y su soberbia. Infortunadamente, persisten en el mundo burócratas que piensan como el genial Jefe de la Oficina de Patentes de los Estados Unidos, quien en 1875, hastiado por la falta de actividad de su despacho, se quejó de su cargo pronunciando esta frase lapidaria: “Esta oficina no tiene sentido, pues ya no queda nada que inventar…” 

Por cierto, la dichosa oficina de patentes de los Estados Unidos es la misma ante la cual deben registrarse todos los inventos presentados por los creadores de máquinas, instrumentos técnicos, herramientas y elementos de uso científico o de utilidad común que luego se comercializan en el mundo entero, desde las cuchillas de afeitar hasta complejos procesos utilizados por la moderna tecnología de la actualidad. Por ello, en muchas de esas creaciones aparece un grabado con la sigla “REG.U.S.PAT.OFF”, abreviatura de la anotación “Registered with United States Patent Office”, (Registrado en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos). El mismo letrerito al que se refirió cierto asesor de algún gobierno socialista de nuestra vecindad, quien olímpicamente aseguró que la mayoria de inventos disponibles en el mundo eran obra de un inventor ruso muy creativo, el ilustre camarada Reguspatoff. ¡Háganme el favor..!