El corazón de camilo

Por Jorge Eliécer Castellanos M.

Durante más de tres décadas el presbítero boyacense Fabio Estupiñan Muñoz, ha venido ejerciendo una memorable y silenciosa labor social, ajena a reconocimientos, aplausos, vanidades y excentricidades de este mundo.

El sacerdote se ha impuesto adelantar una plausible tarea de atender las necesidades básicas de miles de niños desamparados a lo largo y ancho del país. El propósito ha llegado inclusive hasta el vecino país del Ecuador.

Desde joven Estupiñan Muñoz, en Tunja, atendió muchachos desadaptados y harapientos y comenzó a dar los primeros pasos en pro de la resocialización de jóvenes.

Ha sufrido varios atentados pues literalmente “le quita” a grupos subversivos y a bandas criminales a niños profesionales en la comisión de homicidios.

Los preadolescentes delincuentes se incorporan a la criminalidad matando hasta sus propios padres. En algunos casos se ha comprobado que  beben sangre de sus ascendientes y que hacen pactos satánicos que les otorgan un “blindaje” diabólico que impide, incluso, que las autoridades de policía los maten porque les rebotan, increíblemente, las balas.

Son los denominados hijos de la guerra o niños “cruzados”. Son los horrores de la guerra que nos acompaña cruel y despiadadamente desde hace más de 50 años.

La comunidad de padres Somascos a la cual pertenece Fabio Estupiñan, labora en diferentes frentes en Colombia desde hace más de 50 años. Cumple edificantes esfuerzos en este sentido, en San Gil, Santander; Tunja, Boyacá; Rionegro, Antioquia y especialmente en diferentes rancherías del Departamento de la Guajira y en sectores deprimidos de la capital de la Republica.

En Bogotá consolida finalidades en el Norte, en el sector de Rionegro y en Ciudad Bolívar.

Recientemente se creó la Fundación Jerónimo Emiliani, en memoria de este santo que entregó su vida en favor de los pobres y leprosos en Italia, la cual es presidida por el extraordinario estratega social, Fabio Estupiñan.

Esta institución vela por el bienestar de la niñez Guajira y promueve obras de excepcional trascendencia social en Bogotá. Se alimenta de donaciones y apoyos de gente generosa que, sin ningún miramiento, más que el de ser solidario, confía en que cada niño resocializado es una banda de delincuentes menos que vendrá a atracar a la sociedad colombiana. Así también se hace patria.

Duele mucho que en Colombia aquellos que tienen demasiado, en demasiados casos, no aporten nada a quienes nada tienen.

En una charla con el humorista Camilo Cifuentes, el sacerdote Estupiñan, le comentó sobre su denodado trabajo y de inmediato, el extraordinario imitador se sumó a prestar decididamente su concurso. Ha donado dos shows que le han dejado buenos réditos a la fundación.

Camilo Cifuentes, el 1 de noviembre último, donó un espectáculo de dos horas con toda la magnitud de su generosidad. El evento se llevó a cabo en el Teatro Galería Bellas Artes de Cafam regentado por el exdirector de Inravision, Fernando Barrero Chaves quien también apoyó la realización del certamen.

Vale destacar el respaldo para el buen suceso de estas actividades, del director de esta Caja de Compensación Familiar, Luis Gonzalo Giraldo Marín.

Cifuentes, quien estaba enfermo el primer miércoles de noviembre, sacó fuerzas inverosímiles y se fajó durante más de dos horas una función musical y artística de la más alta envergadura. Imitó cantantes españoles e iberoamericanos de todos los tiempos y cantautores colombianos, entre ellos, Diomedes Díaz y Carlos Vives. Se vivieron  145 minutos de alegría y risa, inconmensurables.

Celebramos que el talento nacional, en esta época del postconflicto, con su tenacidad y espíritu desprendido apoye estas causas.

Gracias Camilo por su exceso de bondad, fue con el sonoro y prolongado aplauso, la expresión de reconocimiento de los mil asistentes que abarrotaron el Teatro de Cafam y de los directivos de la Fundación Jerónimo Emiliani.

Que gran corazón el de Cifuentes y que ejemplo para todos los talentosos artistas nacionales que quieren hacer patria y ayudar eficazmente a la joven población colombiana que necesita de un vaso de agua y de un pan diario porque sus costillas se asoman sobre la débil epidermis, particularmente, en la Guajira. Gracias, gracias y mil gracias, querido Camilo…

 

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