Donde-en donde, a pie-de a pie, excusas

Quisquillas de alguna importancia

efraim osorio

En resumen, la locución ‘en donde’, aparentemente pleonástica, es castiza.

El señor Fernando Botero Henao quiere salir de una duda. Dice así: “Hace muchos días estoy por aclarar esta duda: cuando dicen por ejemplo: “en donde se encontraba…” yo creo que hay una redundancia” (22/10/2017). Y no está del todo descarrilado. Sin embargo, don Andrés Bello enumera las preposiciones que acompañan el adverbio de lugar ‘donde’, a saber, ‘a, hacia, hasta, de, EN, para, por’, e, incluso, menciona también los adverbios compuestos ‘adonde, endonde, dedonde, pordonde’, desusados los tres últimos, y que se escriben siempre con sus elementos separados. Y el gramático Emilio M. Martínez Amador enseña: “De las preposiciones que lo acompañan, únicamente ‘a’ y ‘en’ pueden suprimirse sin quitar valor al adverbio” (Mega gramatical), afirmación en la que claramente admite el empleo de la preposición ‘en’, particularmente en interrogaciones que indican reposo, por ejemplo, ¿en dónde estamos?, pregunta de la cual se puede suprimir la preposición sin desvirtuar su significado, aunque le reste vigor. Cuando el adverbio tiene carácter de ‘relativo’, es aconsejable la preposición ‘en’ –que se puede omitir–, verbigracia, “los caminantes llegaron al lugar en donde pasarían la noche”, oración en la que ‘en donde’ equivale a ‘en el cual’ o ‘en el que’. En resumen, la locución ‘en donde’, aparentemente pleonástica, es castiza. ***

La locución ‘de a pie’ se usó primero aplicada a los soldados de infantería; luego, a quienes, por cualquier circunstancia, caminamos las calles y las trochas de ciudades, pueblos y veredas (los afortunados peatones), y, por último, figuradamente, a la personas comunes y corrientes, significado con el que es más usada actualmente. En la “Voz del lector”, el corresponsal Héctor Jaime Pinilla Ortiz la empleó erradamente en esta frase: “…de otra hermosa ciudad a la que se llegaba de a pie como en los primeros tiempos…” (LA PATRIA, 23/10/2017). “…a la que se llegaba a pie…” o, coloquial y familiarmente, “a pura pata”. Recuerde, señor Pinilla, lo que todos decimos, por ejemplo,  un lunes por la mañana: “Fuimos a la finca a caballo, pero tuvimos que regresar a pie”. ***

Preguntado sobre la impresión que le dejó la carta de la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, acerca de puntos relacionados con la JEP que pueden engendrar impunidad, el congresista Roy Barreras disparó lo siguiente: “Entiendo que su tarea es hacer justicia, porque no le corresponde a ella hacer la paz…”. “Así que vamos a probar la JEP para garantizarles a las víctimas su derecho…” (El Tiempo, 23/10/2017). Imprecisiones, una tras otra: como fiscal, ella no ‘imparte justicia’, pues su oficio es acusar ante los jueces, que son los encargados de juzgar y sentenciar, a los que cometieron delitos contra los derechos humanos, especialmente los de lesa humanidad; ella tampoco ‘hace la paz’, pues ésta se ‘logra’ mediante acuerdos entre individuos, grupos o países. Finalmente, ‘probar’ no es el verbo adecuado en ese contexto, porque no se trata de un ‘ensayo’, sino de la ‘utilización’ de ese organismo para juzgar, condenar y ‘castigar’ (como dicen, ‘es un decir’) a quienes cometieron delitos durante la lucha del Estado contra los grupos de facinerosos, armados ilegalmente. Y lo de ‘garantizarles a las víctimas su derecho’ es también ‘un decir’. Aun improvisando, se impone la precisión conceptual en el uso de las palabras. ***.

Un corresponsal de LA PATRIA escribió: “…pienso que las excusas se deben pedir en forma personal…” (Voz del lector, 29/9/2017). Las ‘excusas’ no se piden, se ‘presentan’ o se ‘dan’, porque son “la justificación que se alega por haber hecho u omitido determinada cosa”. El ‘perdón’ sí se pide.

[email protected]