Desprendiéndonos

Por: Ricardo Tribin Acosta

Dejar ir es quizás una de las cosas más difíciles y a su vez más manejables que le pueden acontecer a un ser humano. Esto de desprenderse de algo tiene mucho que ver con los apegos, los cuales son claras señas de un ego aferrado. Miremos por ejemplo a un niño. Este cuando tiene en la mano un juguete, difícil resulta que lo ceda o se lo preste a un amiguito, ya que a esa edad su egoísmo, producto de la gran atención que recibe, no le facilita para nada la generosidad.

Este egocentrismo debería disminuirse con el tiempo cuando la madurez en la persona le lleva a ser más desprendido. Sin embargo, y como nadie es perfecto, es posible que se sea generoso para unas cosas y súper egoísta para otras. Dejar ir a una persona bien importante en nuestras vidas, es algo que no resulta nada grato que digamos. Cuando una relacion afectiva se acaba, el más afectado indudablemente es aquel que es abandonado, quien con frecuencia entra en fuertes etapas de depresión, aferrándose a algo que fue, pero que ya no lo es. Lo mismo sucede frente a la partida de un ser querido hacia la vida eterna, al cual en cierta forma resentimos pues nos ha dejado solos.

De otra parte, está en el proceso de olvidar, sobretodo una injuria, ya que el resentimiento cada vez que aparece vuelve a revolvernos todo. Y con esto también se sufre, pues sin quererlo cargamos a la otra persona en nuestros hombros. Decimos que lo perdonamos, pero cuando nos acordamos de ese ser o nos encontramos con él, la ira regresa, así como los deseos de revancha.

La solución es sencilla pero requiere acción y cambio en nuestras mentes. Hay que dejar ir y dejar a Dios actuar y eso lo logramos con dos cosas bien simples: la sincera oración y la decisión de que la partida sea efectiva en nuestras mentes. Ah! Y no es que perdonemos, pero no olvidemos. No, esto no es así, porque si de esta forma procedemos continuaremos sufriendo. El desprendimiento tiene que ser total, y al proceso le ayudarán mucho el compartir con alguien lo que nos ha sucedido, el meditar con frecuencia para detener el remolino de pensamientos que esto nos ocasiona, y aceptar la situación y la vida tal y como son y no como con frecuencia, y en forma equivocada,  nuestros egos la pretenden manipular.