Cataluña sigue en la encrucijada

albeiro valencia

Después del referéndum del 1 de octubre los políticos precipitaron la crisis de Cataluña, porque se agudizaron las tensiones cuando el Parlamento regional declaró la independencia y el Ejecutivo español destituyó al gobierno catalán y asumió el control de su administración. Entre 1931 y 1936 hubo tres intentos de independencia, muy breves y frustrados, pero que confirman la antigüedad y persistencia del conflicto político. El dictador Francisco Franco reprimió e invisibilizó el sentimiento independentista por medio del nacionalismo, del centralismo y del catolicismo, pero la situación cambió después de 1978, cuando en un nuevo clima político y democrático tomó fuerza el Estado de las Autonomías.

En 1981 los principales partidos políticos acordaron dividir el país en 19 regiones autónomas, pero especificaron que no habría más soberanía que la de la nación española. Cada región autónoma tiene su propio parlamento y sus legisladores eligen el gobierno de la región. A su vez las regiones controlan los servicios más importantes como la salud y la educación; Cataluña y el País Vasco tienen más autonomía y cuentan con su propia policía. Pasaron los años y cuando España fue arropada por la crisis económica de 2008 se disparó el nacionalismo y creció la lucha para separar a Cataluña del “imperialismo español”. Aunque esta región goza de cierta autonomía y de un gobierno propio, un alto porcentaje de la población desea la independencia; muchos de sus habitantes no ven cuáles son los beneficios de pertenecer a España y desean disponer de sus fondos, porque esta es una de las regiones más ricas del país. Este descontento ha sido promovido y alimentado por los líderes políticos.

Carles Puigdemont

Nació en Amer, un pequeño pueblo de la provincia de Girona; desde muy joven se proclamó antifranquista y cuanto tenía 20 años ayudó a fundar la Juventud Nacionalista de Cataluña, se vinculó a varios medios de comunicación y conoció el poder de la palabra. Incursionó en la política y, en 2006, fue elegido diputado por el Partido Convergencia. En 2011 lo eligieron alcalde de Girona porque supo manejar los medios y las redes sociales. Su carrera siguió en ascenso hasta que llegó a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, gracias a una serie de maniobras y de acuerdos políticos; fue reconocido por su fanatismo y lo necesitaban para que despertara pasiones, exacerbara el nacionalismo, produjera la crisis política y llevara a cabo el referéndum independentista. Todo esto se logró gracias a la divulgación masiva de sus ideas en redes sociales y en la televisión; en un año posicionó su nombre y logró que un porcentaje alto de la población apoyara el proyecto de una Cataluña libre.

Pero todo se le complicó con la declaración efectiva de la independencia por el Parlamento; en el Parque de la Ciudadela miles de personas gritaban de felicidad, corrían y se abrazaban. La multitud coreaba las consignas: “Somos independientes”, “Fuera las autoridades españolas”, “Aquí comienza nuestra independencia”, “Bajen la bandera española”. Mientras tanto el presidente del Gobierno Central, Mariano Rajoy, puso orden en Cataluña y el Congreso aprobó la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que permite destituir a los funcionarios independentistas, asumir la administración y el control de los recursos públicos de Cataluña, disolver el parlamento regional y convocar a elecciones para volverlo a conformar.

Después de la destitución del gobierno y del parlamento regional asumió la vicepresidenta española, Soraya Sáenz de Santamaría, como delegada del gobierno español para enfrentar las labores administrativas de Cataluña. El presidente catalán, Carles Puigdemont fue destituido, pero pidió a sus seguidores continuar con la lucha: “No nos desviemos, sigamos perseverando”. El Parlamento fue disuelto hasta las elecciones del 21 de diciembre, convocadas por Rajoy; además fueron cesados más de 150 altos cargos, cerraron las embajadas catalanas y relevaron la cúpula de la policía regional, los Mossos d’Esquadra, por orden del Ministerio del Interior.

La manifestación por la unidad

El 29 de octubre, dos días después de la declaración de independencia hecha por el parlamento catalán, marcharon cientos de miles de personas en Barcelona rechazando la secesión. Las consignas más coreadas fueron: “No nos engañan, Cataluña es España”, “Todos somos Cataluña”, “Puigdemont a prisión”. En esta región, con 7,5 millones de habitantes, con idioma propio, pero con una gran población del resto de España, la sociedad está dividida por el tema de la independencia. No están enfrentadas dos comunidades étnicas, sino que hay un conflicto de élites políticas; la presente crisis se debe al desgaste sufrido por el sistema político creado con la transición a la democracia en 1978 y a la crisis económica que arrancó en 2008. En este caldo de cultivo el nacionalismo político logró despertar pasiones y crear expectativas. Mientras tanto el gobierno de Rajoy no fue capaz de prever los alcances del nacionalismo y solo se dedicó a defender la legalidad constitucional.